Álvaro González, ayer, en el Puerto Deportivo de Gijón.
Álvaro González, ayer, en el Puerto Deportivo de Gijón. / PALOMA UCHA

«La mar es mi gran afición, pero si sales por obligación, harta»

  • Álvaro González de Aledo Médico, escritor y capitán de yate

  • «Me gusta más la navegación costera que la de altura. Tras varios días sin ver más que agua, llegas a aburrirte»

El Puerto Deportivo de Gijón albergó ayer la presentación de dos libros de la editorial ExLibric que tienen como denominador común la autoría del médico, escritor y capitán de yate cántabro Álvaro González de Aledo. Uno de los volúmenes, 'La Vuelta a España del Corto Maltés', es la crónica de un viaje de tres meses que partió de Santander y concluyó en el mismo puerto tras circunnavegar la Península Ibérica, atravesando Francia por el Canal de Midi. El otro libro, 'La sonrisa de Mikel', es un poemario de homenaje a los niños con enfermedades oncológicas que son atendidos en el hospital de Valdecilla.

Además del autor, ¿hay algún otro nexo entre ambas publicaciones?

No, ni siquiera el estilo literario. Uno es la narración de una aventura náutica a vela y el otro es un poemario de homenaje a los niños que padecen leucemia u otros cánceres, conviven con la enfermedad y luchan para superarla. Tiene, además, una parte solidaria, ya que la editorial dona parte de la recaudación a la investigación contra el cáncer.

¿Es 'La Vuelta a España del Corto Maltés' una guía al uso de puertos y lugares o da prioridad a las emociones del viaje?

Tiene un poco de todo, pero lo más peculiar de este viaje de tres meses, que realicé en el verano de 2012 junto a Luis Espejo, fue que utilizamos un barco muy pequeño, de menos de siete metros de eslora, porque era imprescindible para atravesar Francia por el Canal de Midi, que tiene solo metro y medio de profundidad. En esas condiciones, pasar por la Costa da Morte o por el litoral portugués, donde suele haber vientos importantes, es una vivencia muy interesante. Por otra parte, no pudimos hacer una descripción muy pormenorizada de toda la costa porque las etapas fueron de 30 y 40 millas, pero no faltan las anécdotas.

Por ejemplo...

En lo positivo, la extraordinaria acogida que nos proporcionó una familia francesa que vive a bordo de una barca en la orilla del Canal de Midi. Amarramos al lado, les llamó la atención nuestro viaje y nos trataron estupendamente. En lo negativo, la persecución en toda regla de la que fuimos víctimas en varios puertos de Andalucía. Lo normal, cuando en un puerto no hay marina deportiva, es que te dejen pasar uno o dos días al lado de la flota pesquera. Pero en Andalucía no fue así y los servicios de seguridad actúan con una intolerancia absoluta.

¿Cómo solucionaron el problema?

Pues fondeando fuera, a veces no sin peligro, como en Bonanza, en la salida del Guadalquivir, donde tuvimos que echar el ancla en la orilla, apartados de los servicios que tiene un puerto.

Aunque nada exótico, ¿llegó a ser un viaje peligroso?

Yo diría que fue más arriesgado que si cruzas el Atlántico en otro tipo de barco, con balsa salvavidas, GPS de repuesto y, en definitiva, con más medios. En este caso, el peligro consiste en que vas en un barco de seis metros, pensado para navegar en una bahía y no salir mucho, y te pones a bordear Galicia o Portugal, con pocos puertos alternativos si surge un percance o sufres cualquier avería. Hay que tocar madera, pero, al final, como todo salió bien, fue el viaje de nuestra vida. Quedó demostrado que es posible navegar con medios modestos. A mí me gusta más la navegación costera que la de altura. Tras varios días sin ver más que agua, llegas a aburrirte.

Pocos medios, pero mucha experiencia...

Navego desde pequeño y tengo cincuenta y tantos. Empecé con vela ligera, pero llevo ya más de 20 con barcos tipo crucero. La mar es mi gran afición, pero si sales por obligación, harta. No me gustaría ser profesional.

¿'La sonrisa de Mikel' nace como resultado de Carpe Diem?

Carpe Diem es una actividad con la que un grupo de médicos y otro de capitanes o patrones de yate salimos desde hace doce años a la mar, durante los fines de semana del verano, con niños a tratamiento de enfermedades oncológicas en el hospital de Valdecilla. Es obvio que navegar no cura una leucemia, pero tenemos realizadas encuestas conforme a las cuales los padres notan una mejor disposición anímica de los niños. La mar es, sobre todo, relajante.