El Comercio
Ismael Gómez.
Ismael Gómez. / PALOMA UCHA

«La cultura emprendedora de Asturias es la que es, pero podemos transformarla»

  • Ismael Gómez, Director de Programas de la Escuela de Organización Industrial de Madrid

  • «En España hay creatividad pero mal canalizada. Los cursos de iniciativa empresarial ayudan a cambiar»

Hace años que recorre las universidades españolas impartiendo a los estudiantes cursos de iniciativa empresarial como profesor y director de Programas de la Escuela de Organización Industrial de Madrid, dependiente del Ministerio de Industria, Energía y Turismo. Ahora Ismael Gómez, quien también es emprendedor, está en la Escuela Politécnica de Ingeniería intentando mostrar a los alumnos asturianos cómo, cuándo y por qué pueden convertirse en empresarios. «Se trata de enseñar al alumno a saber transformar una idea difuminada, o más concreta, en una realidad empresarial». Lo malo es que en Asturias tiene pocos alumnos. Muchos menos que en Barcelona, Alicante, Valencia, Madrid, País Vasco...

El curso, gratuito por cierto, va destinado a alumnos de grado y de máster. ¿No es un poco prematuro para los de grado? Apenas acaban de entrar en la Universidad.

El objetivo es que se vaya creando esa cultura. No se pretende que todo el mundo termine el curso y ya, automáticamente, constituya una empresa, ni muchísimo menos. Lo que queremos es que lo contemplen como alternativa en el corto, medio y largo plazo. La vida profesional de cada uno es larguísima. Yo he trabajado como ejecutivo en un par de multinacionales, ahora llevo siete años como emprendedor y quizás dentro de cuatro o cinco vuelva al mundo de la empresa... Ni tiene que ser para siempre ni algo que tengas que hacer de manera inmediata. Tampoco el emprendimiento es la solución al problema de este país ni la panacea de nada, pero el objetivo de los ministerios de Industria y Educación y el de la escuela es que se vaya fomentando esa cultura, con acciones que ayuden a desarrollar realidades empresariales.

¿Y se percibe caldo de cultivo?

Sí. Este es el segundo año que impartimos esta formación en todas las universidades públicas y privadas de España, y el año pasado se presentaron más de 350 proyectos. Y, francamente, en una gran mayoría, tienen un alto nivel de calidad. Yo siempre digo que en este país hay mucha creatividad, pero mal canalizada, y esto puede ser una herramienta para encauzar esa creatividad. Pero sí que se presentan iniciativas y sí que se han puesto en marcha proyectos. Incluso algunos se han transformado en realidades empresariales que están arrancando este año.

Un país con tantos chistes tiene que ser forzosamente creativo.

Efectivamente. No quería comentarlo, pero, viendo toda esa creatividad que hay para un montón de cosas, lo que tenemos que hacer es canalizarla bien. Lo que pasa es que los alumnos necesitan herramientas, ayuda, impulso. Desde la escuela, desde el Gobierno, dentro de la cultura paternal, de la sociedad... Son muchos factores los que hacen que un país pueda mejorar, desarrollarse en términos más allá de la construcción y del turismo. Lo que tenemos claro es que España no va a ser un país de mano de obra, vamos a tender a tener una actividad económica vinculada al intelecto y a empresas como Imaginarium.

¿Imaginarium?

Sí. Ellos se dedican al diseño de juguetes, su 'know how' está en España, pero la producción la tienen fuera. La producción no tiene gran complicación, lo que es complicado es tener una línea, una gama de juguetes innovadora, creativa y distinta que pueda venderse en España y fuera de España.

De la experiencia, ¿alguna diferencia entre las universidades españolas? ¿Entre grandes y pequeñas, norte y sur, las de macrourbes y las de provincias?

He de decir que sí que encuentro diferencias en el espíritu emprendedor. Universidades como la Politécnica de Cataluña, la de Barcelona, Valencia, Alicante... Estas zonas son muy emprendedoras, muchísimo. El número de alumnos que tenemos en esas universidades es altísimo. Hacemos muchas ediciones. Aquí en Asturias tenemos otra cultura, que es la que es, por desgracia, pero que podemos transformar ¿no? Simplemente tenemos que ir cambiando poco a poco. Si quieres ver cambiar el mundo, uno mismo tiene que ser el que cambie. Pero sí que existen diferencias, sin duda alguna. Madrid, Barcelona, Valencia, País Vasco... Con respecto al resto y, sobre todo, con respecto a Asturias.