El Comercio

Cuatro meses de tareas educativas para dos menores por el suicidio de Carla

Montserrat Magnien, madre de Carla, posa junto a una pantalla de ordenador con la imagen de su hija Carla, a la que besa su hermana.
Montserrat Magnien, madre de Carla, posa junto a una pantalla de ordenador con la imagen de su hija Carla, a la que besa su hermana. / MARIO ROJAS
  • Asumieron la autoría de un delito contra integridad moral y deberán «aprender a empatizar y controlar sus impulsos»

«Acompáñame. Contigo no me van a hacer nada. No tienen cojones». El mensaje que Carla envió a su hermana mayor unas semanas antes de que decidiese a terminar con una vida que prácticamente acababa de empezar ha servido como prueba de cargo para condenar a las dos compañeras de pupitre que la sometieron de forma reiterada a un delito contra la integridad moral. Ayer asumieron su culpa, lo confesaron todo y firmaron el escrito de conformidad con la fiscalía de Menores por el cual se les condena a cuatro meses de tareas socioeducativas «orientadas a mejorar la empatía, el control de los impulsos y la asunción de las consecuencias de sus actos».

Las adolescentes expedientadas son dos, si bien la denuncia que la familia de la víctima presentó incluía también como responsable a una tercera menor, quien por no superar los 14 años está considerada inimputable. Precisamente esa edad tenía Carla cuando el 11 de abril de 2013 se arrojó a un acantilado desde el parque de San Lorenzo. Sobre la hierba quedaron sus pertenencias, la carpeta con la que salió de casa para supuestamente acudir al colegio Santo Ángel de la Guarda, que en los últimos meses de vida se convirtió en «su particular infierno».

Así consta en el escrito de conformidad: «A finales de 2012 comenzó a tener problemas en sus relaciones con sus compañeros de clase, principalmente porque algunas alumnas se burlaban de ella por un ligero defecto de estrabismo que padecía o porque se había divulgado en el centro que había tenido una relación con otra chica». No sólo recibía insultos de palabra, también a través de las redes sociales como Facebook, Ask.fm o Tuenti, donde las ahora expedientadas le decían cosas tales como: «Topacio, un ojo para aquí y otro mirando para el espacio» o compartían un dibujo bizco al que llamaban Carla.

«Los incidentes fueron en aumento en el primer trimestre de 2013, siendo varias las alumnas que, ante la indiferencia de la mayoría de los demás compañeros, aprovechaban los momentos de recreo para mofarse reiteradamente de ella, e incluso incitaban a otras alumnas a secundarlas», explica el fiscal de Menores, quien abunda en la complicada situación que sufrió la menor, a quien «cuando estaban ociosas o por simple diversión» se dirigían con términos como «bollera o virola». «En al menos dos ocasiones la siguieron hasta el baño, obligándola a encerrarse en el retrete para esconderse de ellas y le arrojaron agua por encima de la puerta, Carla empezó a sentirse atemorizada, temiendo ser agredida si encontraba a esas personas fuera del centro escolar, por lo que llegó a pedirle a su hermana que fuera a buscarla a la salida del colegio».

Reapertura del caso

Hasta llegar al acuerdo firmado ayer, fueron meses de investigaciones por parte del fiscal de Menores del Principado de Asturias, Jorge Fernández Caldevilla, después de haber archivado inicialmente la denuncia presentada por un supuesto delito de inducción al suicidio. La abogada Leticia de la Hoz se hizo cargo en esta segunda etapa de la acusación particular y consiguió no sólo que se reabriese el caso por un delito contra la integridad moral sino también que las compañeras que sometieron a Carla a un acoso escolar fuesen expedientadas.

El entorno de la menor no se da por satisfecho y quiere hacer extensible la condena a la dirección del centro escolar. «Está claro que el colegio no tomó medidas contra ellas ni tampoco les comunicó la situación a los padres», asegura la letrada, quien ya anuncia acciones por la vía civil contra el Santo Ángel.