El Comercio

Desahucian por error a una familia de Gijón

Jaime Fernández y Jessica Redondo, a la puerta de su casa, en la calle de La Mancha.
Jaime Fernández y Jessica Redondo, a la puerta de su casa, en la calle de La Mancha. / Jorge Peteiro
  • La comitiva judicial, el representante del banco y la Policía irrumpieron en una vivienda de 'las 1.500' al confundir el número del portal

Desahuciados por error. Una familia de la calle de La Mancha, en el barrio de Pumarín, no da crédito aún a lo vivido en el día de ayer. A las 12 de la mañana una comisión judicial, un cerrajero, el empleado de un banco y varios agentes de la Policía Local irrumpieron en su domicilio sin avisar. Cambiaron la cerradura y dieron por enajenado el piso.

En el interior no había nadie. Los propietarios, ajenos a todo lo que estaba ocurriendo, se encontraban en sus puestos de trabajo cuando una vecina de planta les telefoneó para avisarles de que «algo gordo estaba pasando». Lo «gordo» era que el cambio de numeración en los portales de la calle de 'las 1.500' llevado a cabo hace un año había motivado que se procediese al desahucio del piso que no era.

No solo sustituyeron la cerradura y los dejaron en la calle sino que, para colmo, levantaron acta y realizaron un inventario de todo el contenido, «las fotos de los niños, los álbumes familiares, los ordenadores...», relatan Jaime Fernández Mesejo y Jessica Redondo Martín, padres de un niño de 9 años y de una niña de 19 meses.

Cuando se quisieron personar en su casa, la comitiva ya no estaba. «No nos dejaron ni una notificación ni absolutamente nada, es más, se fueron sin conocer el error», lamentan. Lo primero que hicieron, ya que la Policía le dijo a la vecina que se trataba de un desahucio, fue llamar a su banco. «Se quedaron asombrados y nos dijeron que ellos no habían ordenado nada de eso, que teníamos todos los recibos de la hipoteca pagados y que no entendían nada», explica Jessica Redondo, que tuvo que cerrar durante todo el día su peluquería, «con el consiguiente perjuicio económico», para tratar de solucionar el entuerto.

No fue el único daño sufrido. «Mi padre tuvo que dejar de trabajar para ir a buscar a la niña a la guardería y tuvo que comprarle cosas para hacerle los potitos, pañales... Lo teníamos todo en casa y no podíamos entrar», explica la mujer.

Cinco horas en la calle

Después de cinco horas en el portal haciendo decenas de llamadas para saber por qué habían sido desalojados, lograron que el cerrajero les entregase las nuevas llaves. «Fue un periplo y todos se pasaban la pelota de unos a otros, nadie quería saber nada ni explicar cuál era el error», aseguran.

Los afectados consideran que «dentro de lo malo, tuvimos suerte porque si por cualquier cosa hoy no vamos a dormir a casa, mañana nos sacan todo lo que teníamos en el piso y cuando volvemos lo encontramos vacío».

A falta de conocer el motivo exacto de la garrafal equivocación, todo apunta al cambio de numeración en los bloques de 'las 1.500', donde se encuentra el piso 'desahuciado'. De hecho, en el portal aparece el número nuevo -el 24- y también el antiguo -el 32-. «Aún así, no nos lo explicamos porque si había un error en la dirección tendría que habernos llegado alguna carta que no era para nosotros o algo, y no hemos recibido absolutamente nada, ha sido una sorpresa total», relata Jaime Fernández Mesejo. La pareja acudió ya por la tarde -cuando ya tenía en su poder las nuevas llaves- a interponer una denuncia en el juzgado de guardia «por el desahucio ordenado por el juzgado de Primera Instancia número 10 de Gijón». «Nadie se explica cómo ha podido haber un error tan grave, esto no tiene precedente en Asturias», aseguran.

Tanto la Policía Local como el cerrajero contratado fueron requeridos por la comisión judicial y el representante de la entidad bancaria en el lugar en el que se iba a ejecutar la enajenación. Lo que desconocen estos perjudicados es quién es la persona a la que realmente iba dirigida la medida judicial. «Intentamos buscar por la calle el antiguo número 24, pero no lo encontramos porque ya no tiene la cifra en la puerta», dicen. A última hora de ayer tenían pensando volver a dormir a su casa y recuperar la normalidad. «Pero ya no estamos tranquilos después de esto...», sentencian.