El Comercio
Javier Bernabeu Ruiz, ayer, en el Codema.
Javier Bernabeu Ruiz, ayer, en el Codema. / Purificación Citoula

Cómo estudiar fracciones a partir de una albóndiga

  • Javier Bernabeu explica a profesores de Asturias la manera de enseñar matemáticas de una forma innovadora

  • «El libro ayuda en clase, pero la magia la ponemos nosotros», asegura este maestro que se pregunta si las pruebas PISA tienen sentido

Negoció con su hijo para que el pequeño se comiera la albóndiga que quedaba en el plato. Al menos la mitad. Y el pequeño se comió la mitad. Pero no la que su padre quería, sino la que él consideró. La mitad de la mitad. Es decir, un cuarto. Ahí están las fracciones. Y a partir de ahí, las equivalencias. En una albóndiga. Javier Bernabeu Ruiz dejó muy claro que su forma de enseñar no es la más común. Este maestro de Educación Primaria, licenciado en Ciencias Matemáticas, es un referente en España sobre pedagogía matemática. Lo suyo es innovar, especialmente en matemáticas manipulativas, para enseñar, pese a que los métodos que aplica «llevan en los libros 60 años pero no llegaron a calar». Ahora ha llegado el momento de «salir de la 'zona de confort', de dar un paso al frente y dejar de hacer las cosas como las hemos hecho siempre». ¿Enseñan los maestros a sumar igual que les enseñaron a ellos? Hay otras formas. «Pongamos nuestro granito de arena».

Le escuchaba todo el claustro del colegio Corazón de María, donde tuvo lugar la sesión, y maestros de otros centros de Asturias. La actividad se enmarca en el programa 'Acompaña' de la editorial SM. Bernabeu animó a los docentes a centrarse «en el cómo y no en el qué». Preocupados porque la LOMCE ha adelantado el estudio de ciertas cuestiones un curso, él cree que no hay problemas «si amueblamos adecuadamente la cabeza del niño». Si se consigue que comprendan el contenido y no solo que lo conozcan. Porque contar hasta veinte para jugar al escondite no significa que conozcan el valor de cada cifra.

Apuesta Bernabeu por «ver los números por dentro». Y así, «no hay ningún contenido de Primaria que no se pueda trabajar desde la descomposición». Uno de los 'secretos', buscar la albóndiga. O un folio. O un vaso de plástico. O el ábaco. O cualquier otra cosa concreta que ayude al niño a partir. A contar. A razonar, en última instancia, y no solo a mecanizar. Y, por encima de todas las cosas, hay que motivar. Del mismo modo que en el metro de Estocolmo consiguieron que los viajeros usaran más la escalera convencional que la mecánica convirtiendo los peldaños en teclas de un piano, de ese modo «hay que ayudar al niño a que se atreva a subir cada peldaño». Para hacerlo, «el libro ayuda, pero la magia la ponemos nosotros, los maestros». Una magia que debe servir, entre otras muchas cosas, para atender a las diferencias. «¿Tienen sentido las pruebas PISA?», se preguntaba. Él, que había defendido que un pez no puede subir a un árbol, pero sí apreciar la profundidad marina, admitió que «la realidad educativa internacional» es esa, olvidarse de los peces. Este maestro que presume de serlo dejó claro que «tenemos que hacernos valer» y que, por lo tanto, hay cuestiones que tienen que enseñar ellos y no las familias.