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Por la izquierda, Mariel Díaz (Triditive), David Muñoz, profesor del Conservatorio de Música -David Tuba-, y José Antonio Fernández (Triditive). En primer término, las boquillas impresas en 3D. / DANIEL MORA

El diseño 3D llega a la música

  • El profesor del Conservatorio de Música David Muñoz ha testado varios prototipos hasta alcanzar un modelo personalizado

  • La empresa Triditive desarrolla boquillas para tubas en impresión tridimensional

«La música necesita nutrirse de las nuevas tecnologías». Así de convencido se mostró ayer David Muñoz, profesor del Conservatorio de Música de Gijón, quien no ha dudado en pasar de la teoría a la práctica. Conocido como 'David Tuba' por su docencia en este instrumento, este gijonés conoció a la emprendedora Mariel Díaz, fundadora de la empresa Triditive -la primera asturiana en impresión 3D- durante un encuentro TEDx y fue allí donde surgió la pregunta: ¿Sería posible diseñar una boquilla de una tuba con una impresora 3D? Un reto que esta ingeniera industrial colombiana, afincada en Asturias, hizo suyo.

Conseguir un prototipo de boquilla viable costó entre seis y siete meses de trabajo, dejando tras de sí un reguero de pruebas. El modelo de partida fue una boquilla profesional Helleberg 120S y el material el denominado 'PLA', un «polímero biodegradable proveniente del almidón de maíz». Durante todo el proceso se llevaron a cabo «varios diseños 3D paramétricos mediante ingeniería inversa». ¿En qué se traduce? En la posibilidad de adaptación del producto a cada persona.

«Esa es la gran virtud, la personalización. Que puede adaptarse a cada músico según las necesidades físicas propias. Además, por supuesto, de poder 'tunearla' según los gustos», explica David Muñoz.

Muchas aplicaciones

La duda que se plantea en este trabajo es si se resiente la calidad del sonido que emite el instrumento. Pero el músico gijonés lo tiene claro: «No hay ninguna diferencia. Un profesional no se daría cuenta. Hay que tener en cuenta que lo que influye en el sonido no es el material, sino la forma, y en este caso se ha ido testando hasta su perfecta adaptación».

La creación de este prototipo, al que, por cierto, han denominado 'David Tuba', abre un amplio camino porque «las aplicaciones de la impresión 3D en la música es casi infinita». Y enumera ejemplos. Para empezar, la posibilidad de usar estas boquillas de nueva creación en las actuaciones al aire libre en condiciones meteorológicas adversas. «Cuando hay que tocar en la calle el frío puede hacer mella. Puede afectar a tu rendimiento como músico», señala el profesor de tuba, «y con estos materiales se solventaría ese problema. Sea por frío o por calor».

Pero el de solventar los problemas del clima es la única aplicación útil. También sería una buena opción para «motivar» a los chavales a iniciar los estudios musicales en este instrumento. «Son boquillas más resistentes, que no se abollan, no pesan y que además se pueden personalizar en cuanto a colores, lo que puede resultar atractivo para ellos», afirma. Añade, asimismo, la posibilidad de creación de piezas de repuesto de diferentes instrumentos creadas por impresión 3D: guías para pistones en trompetas, bombardinos o las propias tubas. El coste sería también una de las grandes ventajas porque, apunta David Muñoz, si una boquilla normal a nivel profesional «cuesta unos 100 euros, el coste de ésta en 3D se rebaja a los 30 euros. Es, por tanto, mucho más accesible para todo el mundo».

Discapacidad

Mariel Díaz también quiere remarcar otro tipo de posibilidades que ofrece la transferencia de la tecnología a la sociedad. «Se pueden diseñar piezas para facilitar el acceso a la música a personas con discapacidad. Adaptar el instrumento a sus necesidades. Creo que eso es especialmente interesante», añade. La CEO de Triditive -que trabaja en colaboración con el grupo de investigación IdeasCad de la Escuela Politécnica de Ingeniería de Gijón- señala que su empresa, compuesta por cuatro personas, seguirá con la investigación con nuevos materiales llegando, incluso, a la impresión en metal. Y mientras avanzan en las utilidades y futuros usos de los materiales surgidos de las impresoras tridimensionales, Díaz y su equipo transmiten sus conocimientos en estas tecnologías a los más pequeños con talleres en diferentes centros escolares que ya llegan a unos 1.700 niños.

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