El Comercio

Fallece Pilar Fernández-Peña, impulsora de la Asociación de Mujeres Separadas y Divorciadas de Asturias

Pilar Fernández-Peña.
Pilar Fernández-Peña. / Joaquín Pañeda.
  • Murió esta noche en su casa, tras batallar un año contra el cáncer. La despedida tendrá lugar este lunes en el tanatorio de Cabueñes

"No pongas que soy la fundadora, porque antes de que yo llegara, ya había otras". Nunca quiso protagonismo Pilar Fernández-Peña Molleda (Gijón-1938), pero su trabajo al frente de la Asociación de Mujeres Separadas y Divorciadas de Asturias hizo que esta mujer menuda, con una sonrisa más grande aún que su personalidad, fuera siempre la cara visible de una entidad por la que han pasado miles de mujeres asturianas desde 1986. Ella misma llegó ese año, el de la fundación, para pedir ayuda en su duro proceso de divorcio. En seis meses era nombrada presidenta. Estuvo en el cargo hasta 2011. "Pero yo no soy importante", repetía siempre.

Un rechazo al protagonismo que ha impuesto hasta el final. Su muerte llegó esta noche, mientras dormía en su casa, en la que llevaba un año batallando contra un cáncer que la privó del habla. En marzo, cuando parecía que había llegado la recuperación, PIlar Fernández-Peña Molleda participó en la asamblea que eligió a Jessica Castaño nueva presidenta de la asociación, tras la renuncia de quien fuera sustituta y mano derecha de Pilar, Ana Isabel Ruiz. Allí se mostró entusiasmada tanto por el trabajo de su amiga Ana como por el equipo formado por la nueva presidenta. "Son magníficas", dijo. Volvía aquellos días a practicar con el habla y se confesaba volcada en una exposición de pintura que, como integrante del Colectivo Teselas, realizaría en los locales de la Fundación Alvargonzález.

Ha sido una marcha discreta para una mujer que se convirtió en uno de los puntales de la lucha por los derechos de las mujeres. En 2011, en una entrevista a EL COMERCIO reconocía que "las mujeres que quieren divorciarse tienen hoy los mismos problemas y el mismo miedo que tenía yo en 1986". Contraria a la custodia compartida y defensora feroz de la inexistencia de denuncias falsas de malos tratos -"decir eso es ignorar la realidad", apuntaba-, su máxima lucha fue para convertir en delito que un padre no pague la pensión de alimentos de su hijos.

Lo logró en 1989, pero ella misma reconocía que "muchos jueces todavía piensan que cómo van a mandar a la cárcel a un padre por no pagar la pensión de alimentos de sus hijos". Esa fue la principal batalla que mantuvo contra su exmarido, que la dejó sola con cuatro hijos a su cargo y sin medios "porque, en aquel momento, no se veía bien que la mujer trabajara fuera de casa".

Pero ella salió a trabajar. Y no dejó de hacerlo hasta poco antes de que le detectaran la enfermedad, para poder disfrutar de una pensión. Con los 70 cumplidos, seguía acudiendo cada día a un comedor escolar con el fin de lograr la cotización suficiente necesaria para jubilarse.

En su lucha por los derechos de las mujeres, Pilar Fernández-Peña siempre decía que todos sus logros llegaron por el apoyo de su familia "mis padres, que aunque nunca habían podía creer que su hija se tuviera que divorciar, estuvieron a mi lado. Incluso mi primo, Senén Guillermo Molleda Valdés, que tiene una ideología muy diferente a la mía, siempre me dio su apoyo".

Aunque, el más importante fue el de sus hijos. Roberto, Pastorela, Martín y Liliana. Algo que ellos dejaron patente en 2011, cuando el programa de este periódico Luces de la Ciudad entregó a su madre el 'Pegoyu Asturianu'. Roberto, el único hijo que, por problemas burocráticos, no ha cambiado sus apellidos, como sí han hecho sus hermanos, recordó que «eran tiempos duros, cuando oír la llave en la puerta era sinónimo de peleas, violencia y miedo». Dijo que su madre decidió no tolerar esa situación «por nosotros», pese a «que le costó la salud» y que algunos familiares «nos decían que no todo era blanco y negro». Frente a ellos, su hijo apostilló: «Nos enseñaste que hay matices. Gracias, mamá, por darnos criterio».

Un criterio que les ha llevado a que una de sus nietas, Llara, lleve en primer lugar los apellidos de su abuela. "Mi hija y su marido decidieron que fuera así. Mis hijos son maravillosos". Unos que la lloran ya y la despedirán este lunes, a las siete de la tarde, en el tanatorio de Cabueñes. Unos que nunca olvidarán a la madre que les dio criterio.

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