El Comercio

La muerte de Corsino cierra un largo capítulo de la movida gijonesa

Corsino García-Rendueles, en la última entrevista concedida a EL COMERCIO hace un año.
Corsino García-Rendueles, en la última entrevista concedida a EL COMERCIO hace un año. / P. CITOULA
  • El copropietario de El Jardín murió a los 78 años, después de una vida dedicado al negocio que él y su hermano montaron en su propia casa

Corsino nació, creció y vivió en El Jardín. Y también por él. El que fuera copropietario de la popular discoteca de Somió falleció ayer a los 78 años. La misma edad en la que lo hizo en 2013 su socio y hermano, Fernando. Ambos hicieron bailar a generaciones y generaciones de gijoneses, convirtiendo el barrio de La Pipa en referente del ocio durante los 60 años que estuvieron al frente del negocio.

en contexto

  • La historia de la discoteca El Jardín, en imágenes

Decir que nació en la discoteca no es exageración. El terreno en el que hoy se levanta el establecimiento era la antigua casa familiar, la de los García-Rendueles. Corsino era nieto del que fuera alcalde de Gijón, Santiago Piñera Alvargonzález, y sobrino del fundador del Hospital de Jove. Tanto él como su hermano supieron desde bien jóvenes que lo suyo era manejarse con cintura en los negocios del ocio, los mismos con los que ellos disfrutaban tanto. En 1949 convirtieron el jardín de su casa en un merendero con una tienda de ultramarinos para dar comidas y bebidas a los bañistas que cruzaban Somió para dirigirse a las playas de Estaño y la Ñora. Fue el germen de El Jardín.

Para bautizar el negocio no se complicaron, pero consiguieron tocar en la tecla perfecta para que pronto se convirtiese en escenario de multitudinarios guateques con los más renombrados cantantes de cada época. Sobre todo a partir de 1957, cuando Fernando aprovechó su estancia de la mili en Canarias para comprar un microsurco. Aquel tocadiscos supuso el despegue definitivo. Pronto empezaron a desfilar por La Pipa Luis Mariano, el Dúo Dinámico, Mocedades, Miki Ríos, Víctor Manuel o Serrat. Recordaba el propio Corsino a la última entrevista concedida a EL COMERCIO hace justo un año que fue precisamente este último artista el de más alto caché que pasó por la sala.

También rememoró en aquella conversación -en la que ya le empezaba a fallar la salud pero no la memoria ni la sorna playa- la «tarde de 1963 en la que Rocío Durcal la emprendió a golpes con las fans que se acercaron a darle unos besos a Junior después de un concierto». «Y eso que de aquella no eran ni novios, ella llegó a Gijón teóricamente como novia de Juan Pardo... pero claro, ya debía de haber algo con el otro», comentaba con simpatía.

'El rayu', de California

Otro de los hitos de la historia de El Jardín lo marcó en 1982, cuando el propio Corsino compró el mítico rayo láser en Palo Alto, California. Ese aparato, por entonces completamente novedoso en España, hizo que en los ochenta la discoteca fuese conocida popularmente por muchos como 'el rayu'. Por el 'rayu' o El Jardín, o La Pipa, o la casa de Corsino, pasaron -y pasan- miles de personas. Porque si de algo pudieron presumir los hermanos García-Rendueles -aunque no lo hiciesen porque, como dicen sus familiares, siempre se caracterizaron por su humildad- fue saber evolucionar con los tiempos. Empezaron haciendo subir a la gente en tranvía hasta Villamanín y consiguieron que los hijos de esos primeros clientes lo hiciesen años más tarde en Vespa.

Por la izquierda, Javier Asenjo, Fofito, Antonio Mori, Miguel Escalada y Corsino, en 1986.

Por la izquierda, Javier Asenjo, Fofito, Antonio Mori, Miguel Escalada y Corsino, en 1986. / E. C.

«Los años de oro de El Jardín fueron los 60 y los 70. Era un referente a nivel nacional, todos los artistas potentes de aquella época querían actuar aquí, para ellos era un reconocimiento y un prestigio», asegura Miguel Escalada, músico, locutor y durante dos años gerente de la discoteca de La Pipa. «Cuando iba a Madrid a ver cómo estaba el panorama musical para hacer contrataciones tenía que decir que era de Mieres, porque como dijese que iba en representación de El Jardín no me quitaba de encima a los managers, me llenaban el coche de dossieres...», recuerda.

Como no podía ser de otra forma, Corsino conoció a su mujer, Carmen Iglesias, en la discoteca. Ella, que entonces tenía 17 años, le pidió una invitación para entrar. Él le echó el ojo de inmediato, y ante la posibilidad de verse rechazado por la diferencia de edad (tenía 32 años), mintió y dijo que tenía 25. Estuvieron toda una vida juntos, 41 años. Ayer ella y sus dos hijos -Fernando y Manuel Corsino, para seguir la saga familiar- recibieron incontables muestras de cariño y afecto en la sala del tanatorio de Cabueñes en la que quedó instalada la capilla ardiente.

«Vivió toda la vida por El Jardín, era un trabajador incansable, muy familiar, muy humilde y nunca presumió de nada, le gustaba mucho su trabajo y era con lo que disfrutaba», lo definen sus hijos, quienes continúan con el negocio familiar y ya tienen marcada la próxima fiesta en el calendario: el 30 de septiembre. La parroquia de San Julián de Somió acogerá hoy a las seis de la tarde el funeral de Corsino, ese chaval que puso a bailar a todo Gijón en su propia casa. Y eso no lo puede decir cualquiera.