El Comercio

Eugenio Gómez posa con su maillot de ganador.
Eugenio Gómez posa con su maillot de ganador. / JOAQUÍN PAÑEDA

24 horas sobre el sillín que valen un campeonato

  • Eugenio Gómez, recorrió 709 kilómetros para vencer en su categoría en Cheste

  • El trabajador de EMTUSA, habitual de este tipo de pruebas de larga distancia, recorrió en 2013 la ruta Madrid-Gijón-Madrid en poco más de 56 horas

Eugenio Gómez habla de su deporte con la naturalidad del futbolista que afirma dar patadas al balón por vocación innata: «A veces las cabezadas que echo durante las pruebas las doy con el casco puesto, ni me entero que estoy con él». Y lo cierto es que desde hace once años, la bicicleta y la carretera son el hábitat natural de este gijonés que, en sus tiempos libres, recorre sobre las dos ruedas más de 1.000 kilómetros en menos de 60 horas, una pasión que combina con su puesto de trabajo en EMTUSA.

«Siempre me gustó hacer deporte, aunque no fue hasta hace una década cuando empecé a darle a la bicicleta, algo que mi padre me había recomendado toda la vida ya que él es un gran aficionado», rememora Gómez. Entre sus inicios y la actualidad se encuentran multitud de pruebas, unos cuantos accidentes y, sobre todo, una línea ascendente que culminó este año con su victoria en la categoría de 50 a 60 años en el 24h Cyclo Circuit de Cheste. En la prueba, los competidores debían sumar los máximos kilómetros posibles en 24 horas de carrera continua, con la posibilidad de descansar sabiendo que tus competidores sumaban metros. «Salí el último y muy acelerado, por lo que a las cuatro horas estaba tirado en una silla totalmente desencajado, sin sales y medio muerto», explica.

Tras una hora de parón, tomó la decisión de volver a la pista con la idea de amortizar la inscripción. «Salí, fui encontrándome bien e hice las 19 horas restantes con el mismo descanso que en esa primera parada de una hora. Me incorporé desde el último puesto de la general y fui recuperando hasta acabar sexto y liderando mi categoría con 709 kilómetros a las espaldas», relata, antes de apuntillar entre risas: «Si me dicen que la cosa continúa, después de 24 horas pedaleando yo habría seguido».

Una cuestión de genética

Uno de los secretos de Gómez, entrenamiento diario aparte, reside en su corazón, todo un motor diesel adaptado a las grandes distancias. «Yo tengo el ritmo cardíaco muy bajo, y eso para el largo recorrido va perfecto. Necesito tres o cuatro horas sobre la bicicleta para ponerme a 130 pulsaciones, y de normal rondo las 38», sostiene. Esta capacidad ya le ha costado varios comentarios de algún que otro atónito médico: «A ti durmiendo el corazón se te queda parado».

Pese a comenzar con la rutina ciclista hace diez años, la vena competitiva surgió en 2013 con una clásica del ciclismo de ultra fondo: la Madrid-Gijón-Madrid. «Mi reto era hacer el primer tramo entre ciudades de una tirada, dormir y dar la vuelta para allá en dos o tres tandas, como pudiese», explica. Lo cierto es que el primer tramó lo cubrió en 22 horas y, con la emoción de la familia jaleándole, decidió emprender la vuelta a la capital sobre la marcha. «Paré en Cangas de Onís a dormir tres o cuatro horas. Cuando me levanté, me enganché a otro competidor y volvimos a Madrid. Nunca había hecho más de 600 kilómetros y acabé los 1.250 encontrándome genial. Estaba pletórico del todo», explica.

A por un récord del mundo

Desde 2013, momento en el que decidió empezar a participar en estas pruebas de larga distancia, el gijonés ha acumulado una media de 20.000 kilómetros anuales, participando en pruebas como la Barcelona-Perpignyà-Barcelona, Paris-Brest-París, una ruta de 600 kilómetros por Asturias o un tour por Andalucía de más de 2.000 kilómetros. Con el «gusanillo de la competición» todavía candente, su próximo objetivo se perfila en casa. «Para el año que viene tengo la intención de batir el récord mundial de 24 horas en velódromo abierto, y me gustaría hacerlo en Las Mestas», explica. La marca, que actualmente se encuentra en manos de un competidor valenciano con 667 kilómetros. Su reciente marca en Cheste, sensiblemente superior, hacen que Gómez sea optimista con el reto. Para ello, tendrá que ponerse en contacto con la institución estadounidense que coordina las marcas, la UMCA, y solo una vez que le validen el circuito se pondrá a pedalear. «Hasta que el cuerpo aguante», asegura.