El Comercio

«No se hunden los patos»

Zona del carrusel del Central Park, a primera hora de la tarde.
Zona del carrusel del Central Park, a primera hora de la tarde. / FOTOS: LUIS MANSO
  • Central Park llega a su último día con notable éxito de público. Los asistentes destacan la oferta diversa y la ausencia de ruido

«Pues al final ni hay ruido ni los animales están estresados ni esto está nada mal. Es más, está cojonudamente». Ignacio, gijonés y cuarentón, resumía gráficamente ayer sus impresiones de Central Park tras pasar dos o tres horas en la calle central de Isabel la Católica. La polémica política y la controversia ecológica había llegado a algunos de los asistentes a la primera edición de este festival que combina gastronomía, ocio infantil, música y cine al aire libre. E incluso hubo quien ironizó con ella sobre el escenario: «Un aplauso para los patos que están navegando pese al ruido que hacemos. ¡No se hundió ninguno!», anotaba a primera hora de la tarde un animador en la carpa de 'música', junto al gran estanque de Isabel la Católica.

Hasta aquí las alusiones a la polémica. Otros usuarios permanecían ajenos a ella y se centraban directamente en la oferta. Aida y Cris, dos adolescentes de Gijón y Oviedo, disfrutaron ayer con el concierto matinal de Mbolados -«estuvo muy bien»-, más tarde tomaron algo relajadamente y preveían volver por la noche «para verlo todo iluminado» e incluso, si se terciaba, asistir a la proyección al aire libre de la película 'La historia interminable'. Aida ya había asistido a la cita de las 'gastronetas', que le gustó especialmente, y Central Park volvía a reunir a estas dos amigas, que no apreciaban un exceso de ruido por ninguna parte.

En una mesa vecina, Ángel Palacios y su hija Aitana daban cuenta a las cinco de la tarde de un perrito, él, y unos 'nuggets', ella. «Aquí se come cuando quiere la niña», ironizaba el padre. El plan era pasar el día en Isabel la Católica. Ir al minigolf, al jumping clay y a los demás juegos de la zona del carrusel de Coca-cola. «No creo que moleste a los animales utilizar una zona del parque», anotaba Ángel. Quizá el 'sector crítico' estuviera alejado de Isabel la Católica, pero el ambiente que se respiraba en Central Park ayer por la tarde era animado y escasamente sonoro, con especial atención a la limpieza y presencia de personal de seguridad.

Una bruja, Madame Vãduva, tenía una oferta irrenunciable para los niños. «Leo las manos, concedo deseos y hago hechizos», destacaba a preguntas de EL COMERCIO. Sin embargo, reconocía, la escenificación algo telúrica de su puesto achantaba a veces a los más pequeños. Central Park llega hoy a su fin. Con ruido o sin él, pero con un clamoroso éxito de público.