El Comercio

Gonzalo Casado, en su despacho de la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía.
Gonzalo Casado, en su despacho de la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía. / AURELIO FLÓREZ

«Nunca olvidaré a aquel asesino que pillamos al ir al funeral de sus tres víctimas»

  • «En torno al crimen de Rambal se creó una leyenda, pero para nosotros el caso estaba resuelto con dos hermanos de Cimadevilla»

  • Gonzalo Casado Inspector jefe del Cuerpo Nacional de Policía

Gonzalo Casado cambia el paso después de 44 años como Policía. No dejará de serlo -«eso se lleva toda la vida», dice-, pero se jubila después de cuatro décadas en la Comisaría de Gijón, donde pasó por la Policía Judicial, Delincuencia Económica, Seguridad Ciudadana y en su última etapa, desempeñando funciones como secretario de la Comisaría.

¿Hay ganas ya de retirarse?

La verdad que estoy muy a gusto en el trabajo y soy un enamorado de mi profesión en todas las facetas en las que he estado, así que si no llega a ser porque cumplo los 65 años no pensaría en jubilarme.

¿Se ha arrepentido en algún momento de su elección de ser Policía?

Nunca, nunca. Haciendo un balance de todo lo vivido, me voy muy satisfecho.

¿Cómo deja la Comisaría?

Tenemos una déficit de personal importante y la prevención en la seguridad es indispensable... Se necesita gente que esté en la calle y que acuda lo antes posible cuando haya un problema. Gijón es una ciudad segura, pero lo es sobre todo porque hemos trabajado mucho en ese aspecto y le hemos insistido a los 'malos' que si tienen intención de hacer algo ilegal les puede salir caro. Para conseguir eso hace falta un mínimo de personal.

Ha tocado casi todos los palos. ¿Con cuál se queda?

Los años que estuve al frente del grupo de Delincuencia Económica fueron muy intensos, pero también muy enriquecedores. Llevábamos indistintamente los homicidios y delitos violentos y los fraudes, hasta que en el 90 se separaron los dos grupos y me quedé al frente de Delincuencia Económica. Trabajamos mucho y con pocos recursos, pero conseguimos sacar adelante investigaciones muy potentes.

¿Como cuáles?

Empezamos por todo lo alto con la investigación en 1992 del fraude del IVA que se llevó por delante al entonces ministro Julián García Valverde por la venta de unos terrenos en San Sebastián de los Reyes en su etapa anterior como presidente de Renfe. Los trabajos partieron de una denuncia de una mujer de Gijón a la que le usurparon sus datos fiscales para hacer facturas falsas. Dimos trabajo a trece provincias y salpicó a empresas de mucho renombre en el país. También hicimos parte de la investigación de la estafa del Banco Exterior con la creación de una banca paralela.

¿Cómo eran los medios con los que trabajaban?

Mínimos, tanto durante esos años como en mi posterior etapa en Seguridad Ciudadana. Era una época en la que al pedir más efectivos al jefe superior nos contestaba que utilizásemos la imaginación. Un día le contesté que el día que fuese capaz de disfrazar la imaginación con un uniforme le podría solucionar la papeleta a la Comisaría de Gijón y al resto del país...

Participó en la investigación del crimen de Rambal, toda un capítulo de la crónica negra gijonesa.

Tuvimos unos cuantos crímenes relevantes, con la suerte de que el trabajo nos permitió identificar a los autores. Hubo alguno, como el caso de Rambal que no se pudo demostrar. Rambal es famoso por el personaje que era, pero el homicidio en sí fue uno más. Para nosotros el caso estaba resuelto con dos hermanos de Cimadevilla como presuntos autores, pero no probar ante el juez.

En Cimavilla hay una cierta incredulidad por esa versión dada a conocer por EL COMERCIO hace escasos meses, 40 años después del crimen. Los vecinos siempre creyeron que el crimen estaba sin resolver.

En torno a ese caso se creó una especie de leyenda, pero no es distinto, por ejemplo, a otro que tuvimos en fechas próximas en El Llano. A la víctima la mataron por la noche en la calle, teníamos incluso a un testigo que había visto al autor del crimen, pero no hubo manera de que declarase y colaborase. Ese caso también quedó impune, pero policialmente estaba esclarecido. Con Rambal pasó lo mismo.

Tres falsos suicidios

¿Algún caso resuelto que haya sido especialmente satisfactorio?

Recuerdo un caso que nos trajo de cabeza: tres cadáveres que aparecieron en el entorno de Marqués de San Esteban en un intervalo de una semana. Estaban colocados simulando ser un suicidio, pero no lo eran. Después de mucho trabajo y muchas indagaciones dimos como el asesino: había acudido a los tres funerales y en los tres aparecía en las fotos que habíamos hecho de las misas. Se corroboró porque la huella de su zapato había quedado marcada en un excremento de perro justo al lado de donde apareció uno de los cadáveres. Nunca olvidaré ese caso.

¿El asesino siempre vuelve al lugar del crimen?

En este caso sí, volvió a los tres funerales.

Y usted, ¿cómo afronta no volver como a la Comisaría como ha hecho los últimos 44 años?

(Ríe) Me dedicaré a cuidar de mi familia, a descansar, a caminar, a leer y la pintura, una de mis pasiones.

¿Los avances de las pruebas biológicas habrían contribuido a resolver esos casos?

Sin duda, ahora la tecnología ayuda mucho en una investigación. Antes lo teníamos bastante más complicado.

¿Alguna espina clavada?

Me voy muy satisfecho en todos los aspectos y muy agradecido tanto a los jefes, como a los mandos intermedios y la escala básica.