El Comercio

Pedro Marino Tamargo

  • Un sabio patrón de pesca que no necesitaba radar

La llegada de septiembre es una buena oportunidad para recalar de nuevo en el barrio de Pescadores, sin duda alguna génesis de esta sección. La tradicional celebración de las fiestas de Nuestra Señora de los Remedios y la Soledad nos traen gratos recuerdos del mundo que se nos fue con la imparable expansión de la Villa y Puerto de Gijón, a lo que fue ajeno el cambio de ubicación del puerto pesquero y su correspondiente lonja, donde se rula el pescado, a lo que siempre se opuso nuestro inolvidable personaje de hoy.

Pedro Marino Tamargo, descendiente de familia marinera y pescadora por los cuatro costados, nació en la plaza de La Corrada el 7 de septiembre de 1916, por lo que se celebra ahora su centenario, que daría para un interesante libro de vivencias llenas de anécdotas del tiempo que desapareció con él, y con sus otros compañeros como Manolo 'Maneja', Falo 'El Panteru', Paco 'El Pavu', Saturno 'Telto', Rufo 'Sinmiedo', Pepe 'El Matarranes', Alfredo 'Pradero', Chani 'El de La Caraches', Benigno 'El Pistoleru', Ramón 'De la Gemela' y Ángel 'Lete', entre otros, como Octavio de la Riera y Enrique Tamargo, quienes a bordo de la 'Saturnina nº 5' acompañaron a la nueva imagen de la Virgen de La Soledad, obra del valenciano Ballester Vilaseca, desde el puerto de El Musel al muelle local, e1 27 de septiembre de 1942.

Pedro Marino, como buen playu fue al colegio de San Eutiquio, regentado por los Hermanos de La Salle. A los 16 años ya estaba embarcado en la 'Saturnina II', más conocida como la lancha de Máximo, debido a que la fama de buen patrón de su padre, Máximo Marino -que da nombre a una calle al final de la subida al cerro de Santa Catalina-, ya había traspasado todas las fronteras de tierra y mar. Pese a su condición de playos incuestionables, Pedro Marino Tamargo recordaba con gran pesar cómo allá por los años treinta del pasado siglo toda la familia tuvo que trasladarse a vivir a Lastres, por los problemas que originaban las constantes huelgas y la Revolución de Octubre del 34.

Huelga decir que Pedro Marino aprendió todas las artes de la pesca de su padre, que había sido patrón mayor de la Cofradía de Pescadores, lo mismo que su tío Rufo Marino Fernández, cargo altruista que el propio Pedro desempañaría años más tarde, cuando también fue candidato a concejal del Ayuntamiento de Gijón, al que renunció por considerar que su lugar estaba en la mar y con los marineros. Ello no fue obstáculo para que colaborase en todo lo concerniente al barrio de Cimavilla y, por eso, fue directivo tanto del club de fútbol como del equipo de natación, que estaba a cargo del famoso entrenador Fernando Rodríguez 'Panchano'.

Suscripción popular

Como las gentes del barrio alto están 'calentando motores' para la celebración de sus fiestas, también es bueno recordar el énfasis de la familia de los 'Marinos y Tamargos' para la restauración de la capilla de La Soledad, cuando en 1938 se abrió una suscripción popular que fue un éxito de colaboración ciudadana, pese a las dificultades del momento que les tocó vivir durante la postguerra, donde también se contó con la colaboración del Ayuntamiento de Gijón, de la Comandancia Militar de Marina y varias empresas relacionadas con el mundo de la mar.

Pedro Marino Tamargo se retiró de la mar a los 65 años, pero siguió de subastador en la rula, siendo testigo de numerosos homenajes de reconocimiento a su labor en beneficio de los pescadores, aunque siempre destacó los méritos de otros muchos patronos de pesca por los que sentía verdadera admiración. Fue el caso de Jerónimo 'Cheroni', Bernardo 'Nani el futbolista', Crisanto Morán 'Peraldillo', Emilio 'Pachiníu', Ángel 'Chiboles', Yayo Batalla, Abelardo 'El Pinguita', José Requejo 'El Pepo', Delfín Artime, Antón 'El Remolón', o Ignacio 'El Piguachu' entre otros.

Defendía asimismo el dragado del muelle local y la ampliación de la rula para que no se perdiera la tradición marinera y pescadora de Cimavilla y, en una reunión en las altas esferas del ministerio en Madrid donde se trataba de poner un impuesto a la pesca y luego repartir parte de lo recaudado entre los pescadores, Pedro Marino soltó la profética frase de que: «La sardina que lleva el gatu, bien jodida va...», con lo que el pretendido impuesto se vino abajo. Y es que Pedro Marino ya veía los peces venir antes de que hubiese radar. Falleció el 14 de julio de 2008 y sus restos descansan en una cripta de la iglesia de San Pedro junto a los de su esposa. No podía ser de otra manera.