El año del deporte deja su sello

Uno de los pliegos de sellos.
Uno de los pliegos de sellos. / P. CITOULA
  • El Grupo Filatélico de Gijón crea 375 grabados para su colección y uso

Cualquier tema y motivo es susceptible de ser estudiado y coleccionado por un apasionado de la filatelia. Esto, al menos, es lo que se deduce tras pasear unos instantes por el patio del Antiguo Instituto, engalanado desde ayer por miles de sellos, postales y conmemoraciones gráficas de todo tipo y forma. Este año, ya con 24 ediciones a sus espaldas, las Jornadas Filatélicas y de Coleccionismo de Asturias aterrizaron en Gijón poniendo su foco en el mundo deportivo, una forma de homenajear la distinción que la ciudad ostenta como Ciudad Europea del Deporte en 2016.

Para dejar testimonio del acontecimiento, el Grupo Filatélico y Numismático de Gijón, organizador de las jornadas, ha confeccionado junto al Grupo Covadonga un sello especial que recoge el logo del año deportivo y que, por supuesto, puede utilizarse en el correo ordinario. «Hemos sacado una primera tirada de 375 sellos, que vendemos a dos euros a todo el mundo que se acerque a visitarnos», explica Roberto Fernández Infiesta, miembro de la directiva del colectivo. Estos grabados, según explican, son válidos para cualquier carta de la tarifa A, esto es, correspondencia interurbana de menos de 20 gramos y que actúa como un franqueo de 45 céntimos. Además, desde la organización también han encargado matasellos personalizados para la ocasión.

Entre las más de 20 colecciones privadas que se pueden contemplar durante las dos semanas de jornadas coleccionistas, destacan las referencias deportivas y las muestras invitadas desde Mieres o Villaviciosa. «Hemos traído selecciones de fútbol, deportes de invierno o de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, que comenzó a emitir las distinciones conmemorativas tres años antes de que diesen comienzo las pruebas», subraya Fernández mientras repasa los distintos paneles.

De las rosas a la censura

La pasión que mueve a los miembros del grupo filatélico gijonés queda patente al escuchar las historias y aventuras que envuelven cada una de sus adquisiciones. «Muchas de estas colecciones son fruto del trabajo de 20 o 30 años, que nacen de una idea concreta y se va desarrollando en función de los distintos sellos que adquieras, gastando tiempo y dinero», sintetiza.

Para el no versado en la filatelia, según relatan los expositores, puede resultar una afición extraña, pero «la recompensa de ver una pequeña idea coger forma» con el paso de los años no se puede describir. La cantidad de hilos conductores presentes en la muestra es infinita: desde más de un centenar de rosas recogidas en sellos y matasellos -provenientes de todos los rincones del mundo- a una revisión de la censura franquista en Asturias desde 1936 a 1946. El carácter viajante de la correspondencia hace que las piezas más preciadas puedan encontrarse en cualquier lugar del mundo, aunque «con Internet la búsqueda de sellos ha avanzado mucho», recuerda Fernández con nostalgia, antes de añadir: «Hace unos años era una auténtica búsqueda entre enciclopedias y libros. Los tiempos cambian».

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