El Comercio

Ana Alonso Lada revive a través de sus lienzos

Los hermanos Ana y Fernando Martín, con el hijo de él, Daniel, posan junto al cuadro de su madre 'La playa del Silencio'
Los hermanos Ana y Fernando Martín, con el hijo de él, Daniel, posan junto al cuadro de su madre 'La playa del Silencio' / P. Citoula
  • Los hijos de la pintora fallecida en 2014 organizan una retrospectiva de su obra en la cafetería Snap

  • Los viajes familiares sirvieron a la mierense para cultivar el paisaje, un género al que dedicó una producción basada en el entorno asturiano

Empezó como afición y terminó como oficio. Sin clases prácticas ni formación académica, Ana Alonso Lada cogió el pincel casi sin querer, debido a la insistencia de su marido y de Gonzalo Mieres, gran amigo de la pareja. «Empezó con 40 años a pintar como hobby, ya que siempre fue un mundo que le había interesado. No fue hasta que le regaló a la hija de Gonzalo una de sus obras cuando éste le hizo ver que valía para seguir con ello», narran Fernando y Ana Martín, hijos de la artista fallecida hace dos años. Así empezó una carrera que con el tiempo adquiriría fondo y forma y que durante este mes de septiembre se revive en la cafetería Snap, en la plaza del Seis de Agosto.

El motivo de la retrospectiva, según recuerdan Ana y Fernando, pasa por una promesa que le hicieron a su padre, quien propuso organizar una exposición retrospectiva una vez que ambos falleciesen. «Él tuvo la desgracia de morir joven, con 54 años, mientras que ella nos dejó en enero de 2014 tras arrastrar una enfermedad», explican. Con las palabras de Eliseo en el recuerdo y la emoción de volver a contemplar algunos de los cuadros con los que se criaron, el trabajo de Ana vuelve a lucir como antaño.

La muestra, compuesta por cerca de una veintena de piezas, contiene alguna de las primeras composiciones de la artista, «inéditas hasta ahora, ya que decidió no exponerlas en sus primeros años». En esa época, a finales de los 80, tuvo lugar el primer pase de Ana, incitado por el empeño de Gonzalo Mieres. «Fue un éxito, ya que se vendieron más de la mitad de los cuadros y le dio impulso para dedicarse a ello de manera semi-profesional», apunta su hijo.

Tampa, Zaragoza, Hendaya...

A partir de ahí, su crecimiento fue «exponencial», llegando a exponer en varios puntos de España e incluso en el extranjero. Suyas fueron tres obras de una muestra colectiva que se dio cita en Tampa, Florida, en la década de los 90, mientras que en la península tuvo presencia en numerosas ciudades, como Zaragoza, Salamanca, Alcalá de Henares o Benidorm, entre otros.

Después de una vida como ama de casa, su pasión por la pintura invadió el entorno familiar rápida e intensamente. «Nuestro padre, que trabajaba en Ensidesa, tenía descansos largos en la que nos llevaba a distintos entornos de Asturias para que ella pintara. Siempre le fascinaron los distintos paisajes de la región», añaden mientras muestran algunas de sus pinturas favoritas, como 'La playa del Silencio' o 'Falla nevada', concebidas en estas escapadas familiares. De hecho, no era extraño verla levantada a las cinco de la madrugada, cuando algún miembro de la familia iba al baño y se la encontraba en su estudio «presa de la inspiración nocturna».

Un final abrupto

Su trabajo, según muestran en distintos recortes de prensa, dio paso a algunas apariciones en prensa, en las que demostró su carácter crítico con el sector del arte: «Las galerías no apoyan al que empieza», se tituló en estas páginas. Su carrera, sin embargo, se cortaría en seco con el fallecimiento de su marido hace 15 años. «Estaban muy unidos. Con la muerte prematura de Eliseo dejó de pintar. Le afectó mucho», explica su hija. Para entonces, parte de su historia juntos descansaba ya en sus lienzos.

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