El Comercio

«Esta situación va a acabar con nuestra salud»

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Raúl Hortal, propietario de la tienda iGijón, muestra la copiadora afectada por el agua. / JORGE PETEIRO

  • Comerciantes y vecinos de La Calzada reclaman «acciones en vez de promesas y buenas palabras»

Con el susto todavía en el cuerpo los habitantes de La Calzada trataban ayer de recuperar la normalidad después de ver cómo la conjugación del aguacero y las mareas vivas provocaba, por tercera vez en quince meses, inundaciones en la calle Brasil y sus adyacentes. En el portal 43 de Domingo Juliana, Roberto Meana seguía sacando agua del pozo del ascensor mediante una pequeña bomba que él y sus vecinos debieron comprar, pues «cada vez que venía la cuba tocaba 'apoquinar' 200 euros».

A pocos metros, Eva María Díaz y su madre, Mercedes Somoano, atendían a los clientes en su tienda de alimentación tratando de aguantar la impotencia de saber que, hasta que el pozo de tormentas del Arbeyal esté terminado, están a merced de la lluvia y las mareas. «Aquí tiene que haber una solución, y la tiene que haber ya. No queremos poner reclamaciones, queremos que arreglen esta situación, o va a acabar con nuestra salud», lamentaba Mercedes. Su hija, mientras tanto, se tragaba la rabia como podía al recordar cómo las inundaciones del pasado jueves le pillaron recuperándose todavía de las del 13 de junio de 2105. A los daños inmediatos, relataba, se sumaron otros que fueron apareciendo meses después, como los fallos en la instalación eléctrica originados por las humedades.

Algo que puede corroborar Ana Menéndez, del centro de estética Sol Brasil, a quien con el tiempo comenzaron a fallarle algunas de las máquinas de bronceado. «En esta ocasión, como en la otra, fue cosa de un minuto y es que nadie te da una solución. El anterior gerente de la Empresa Municipal de Aguas, Pablo Álvarez Cachero, llegó a decirnos que rezásemos para que no lloviese», recordaba.

«No pegamos ojo»

El agua también llegó a la tienda de electrónica y copistería iGijón que regenta Raúl Hortal, donde los daños eran todavía evidentes al mediodía de ayer. «Además de tener los zócalos, paredes, mostrador y suelo estropeados, al abrir nos dimos cuenta de que una de las copiadoras no funcionaba. Estamos intentando extraer la humedad», explicó el joven. A su lado, su pareja, Tamara Valle, reconocía que les había sido imposible dormir por la noche. «No pegamos ojo, cada vez que se ponía a llover temblábamos», explicó. Ambos recalcaron, igual que el resto de comerciantes, «la buena disposición y colaboración de todos los vecinos, que no solo avisaron de lo que estaba pasando, pues estábamos comiendo en casa, sino que nos ayudaron en todo lo que pudieron».

Otros establecimientos afectados fueron la tienda especializada en reformas Asturjimat y El Mundo del Pintor. En esta última, señalaba el encargado Alberto Gómez, los daños fueron mucho menores que en 2015. «La otra vez se nos estropearon máquinas y una de las lunas reventó. En esta ocasión pudimos poner a salvo la maquinaria y el material. El agua sí alcanzó a la tintométrica -máquina para fabricar colores-, pero al tener los motores en alto, no la estropeó», explicaba, aliviado.