El Comercio

Desde prótesis mamarias a cenizas

La agente Iglesias, junto a cientos de sobres que contienen carteras. Arriba, documentos extraviados y un bolso.
La agente Iglesias, junto a cientos de sobres que contienen carteras. Arriba, documentos extraviados y un bolso. / FOTOS: DAMIÁN ARIENZA
  • La oficina de la Jefatura de Policía Local custodia sobre todo carteras y muchas personas intentan hacerse con móviles y gafas que no son suyos

  • En lo que va de año los gijoneses han perdido más de 1.200 objetos de todo tipo

Una prótesis mamaria, con su funda y todo, lleva casi dos años esperando a que su dueña vaya a buscarla. Si nadie la reclama pronto, será destruida junto a cientos de carteras, bolsos, mochilas, paraguas y demás enseres que ya agotaron los dos años de margen que dan en la Oficina de Objetos Perdidos de la Jefatura de Policía Local. En lo que va de año, locales y visitantes perdieron en las calles y transportes urbanos de Gijón más de 1.200 objetos personales. Hay todo tipo de cosas, aunque la palma se la llevan, sin duda, las carteras. En la actualidad, hay 431 aguardando a sus dueños, aunque la experiencia les dice a los agentes Sandra Iglesias y José Fernández, responsables de la oficina, que si no lo hicieron ya, nadie tratará de recuperarlas, como sucede con casi todos los enseres que llevan meses almacenados en cajas, sobres y vitrinas.

La mayoría de las carteras que llegan a Objetos Perdidos proceden de hurtos y, por tanto, solo contienen documentos de identidad y tarjetas bancarias, el dinero ha 'desaparecido'. La agente Iglesias muestra cajas llenas de carteras, algunas de las cuales les llegaron hace ya algunos años -la falta de personal obliga, en ocasiones, a retrasar la destrucción de los objetos que nadie reclama-. Muchas de ellas se encuentran metidas en sobres. «Son las que nos llegan desde Correos. La mayoría proceden de los buzones ubicados en el entorno de la ruta de los autobuses urbanos que van a Cabueñes, pues existe una banda de carteristas que suele actuar en ellos, aprovechando que siempre van llenos, y luego se deshace de las carteras en los buzones de Correos», explican los agentes.

Además de Correos y todos los servicios municipales, son muchas las entidades públicas y privadas que les hacen llegar los objetos que encuentran, como ALSA, Carrefour y el Hospital de Jove, entre otros. En verano, reconocen Iglesias y Fernández, el trabajo se multiplica debido al aumento de población y actividad turística. «Los lunes suele haber cola a la puerta de la oficina, pues la gente viene a recoger los objetos que perdieron a lo largo del fin de semana», explican. Cuando se trata de documentos, agregan, es muy sencillo comprobar la identidad del propietario, pero la cosa se complica a la hora de reclamar, por ejemplo, teléfonos móviles. «Deben presentar la factura, facilitarnos el código IMEI o, en su defecto, darnos datos fiables como los contactos que hay en la agenda y fotos, el PIN...», explica la agente Iglesias. Las gafas de sol son otro cantar, pues es prácticamente imposible determinar si quien las reclama es su legítimo dueño. «Vienen personas diciendo que son suyas una gafas de las que tenemos en la vitrina y después de probárselas, como no les convencían, piden otras totalmente diferentes», relata.

Desde la oficina de Gijón siempre se hace todo lo posible por hallar a los dueños y son muchos los objetos que fueron enviados a otras localidades al ser turistas sus propietarios. En estos momentos, los agentes custodian la bolsa de un marino danés que pronto la podrá recuperar gracias a sus gestiones con el consulado. También les costó lo suyo dar con el nieto del propietario de un título universitario con varias décadas de antigüedad, pero lo consiguieron. Y si la prótesis mamaria y el título llaman la atención, otros objetos como un pijama procedente del Hospital de Jove, una urna repleta de cenizas e incluso una pierna ortopédica no se quedan atrás. En la oficina cuentan, incluso, con 'clientes habituales'. «Hay gente que cada poco viene a recuperar algo que perdió y otros que encuentran cosas, sobre todo dinero, y no las quieren entregar pero llaman cada poco para saber si alguien las reclamó. Se les olvida que están hablando con la Policía y que entregar lo que encuentras es una obligación», explican, entre risas.