El Comercio

«El miedo a volar es irracional y se puede superar con una buena actitud»

Isabel Moro, Juan Quirós (presentador del conferenciante) y Luis Rubio, entre la audiencia.
Isabel Moro, Juan Quirós (presentador del conferenciante) y Luis Rubio, entre la audiencia. / DANIEL MORA
  • El exdirector del aeropuerto de Asturias Luis Rubio expone en el Ateneo Jovellanos su experiencia sobre el pánico a viajar en avión

Reconoce que no es ningún especialista en psicología, ni en patologías psiquiátricas ni en tratamiento de fobias, pero su amplia experiencia en el mundo de la aeronáutica, desde piloto hasta gestor aeroportuario, permitió ayer a Luis Rubio Bardón defender en una conferencia del Ateneo Jovellanos la idea de que «el miedo a volar es irracional y se puede superar con una buena actitud».

La estadística fue un arma, ya que «en el aeropuerto de Asturias, por ejemplo, nunca hubo un accidente» y «mueren más personas en España por picadura de avispas que por siniestros aéreos», pero también es consciente de que el pánico a viajar en avión tiene componentes ajenos a la expectativa de sufrir un accidente. «Si el miedo fuera a que el avión caiga, el afectado trataría de impedir que vuelen sus hijos y otros familiares o amigos queridos, pero no suele ser así. Ni siquiera aparece el problema exclusivamente durante el viaje. Yo tengo un amigo que llega a vomitar tan sólo por saber que tendrá que subir a un avión, mucho antes de despegar».

Otra circunstancia, «la alta capacidad de análisis del usuario habitual de las líneas aéreas», es decir, su capacidad intelectual, hace concluir a Luis Rubio que se trata siempre «de un miedo irracional», aunque admite que hay ocasiones que pueden provocar una sensación desagradable porque «en un autobús, por ejemplo, puedes ver una curva aproximarse y sabes que vas a girar, mientras que en un avión eso no ocurre.

La información fue el antídoto propuesto. «Seguramente si quien siente pánico a volar pudiera viajar en la cabina, el miedo desaparecería. Y si se vieran las pruebas de flexibilidad a las que se ven sometidas las alas sin que rompan, no aparecerían temores en cuanto se muevan un poco», manifestó Luis Rubio a EL COMERCIO.

Tampoco faltaron las anécdotas. «Yo no fui testigo -dijo Rubio-, pero me lo contaron amigos y no tengo motivos para dudarlo. Parece ser que Quini tiene miedo a volar y que en una ocasión, cuando se podía, porque ahora está totalmente prohibido por razones de seguridad, fue invitado a viajar en la cabina. Para gastarle una broma, el piloto se levantó y dijo que iba a orinar. A continuación, el copiloto puso el automático y también se levantó, con la misma disculpa, pero Quini lo sujetó fuertemente y le impidió moverse. Hay que aclarar que un avión puede volar perfectamente con el automático, pero obviamente nunca se ausentan los dos pilotos a la vez. Se trataba, simplemente, de un amago, pero la reacción de Quini, según me contaron, fue contundente e inmediata».