El Comercio

Refuerzo policial en el barrio de Laviada

Vecinos del barrio de Laviada, indignados por los continuos problemas protagonizados por indigentes en el entorno del parque de Teodoro Cuesta.
Vecinos del barrio de Laviada, indignados por los continuos problemas protagonizados por indigentes en el entorno del parque de Teodoro Cuesta. / DAMIÁN ARIENZA
  • Los últimos incidentes protagonizados por transeúntes obligan a redoblar la vigilancia en la zona

  • Los vecinos urgen medidas contundentes tras el robo en más de 50 vehículos, la quema de un turismo y las continuas trifulcas y amenazas

«No es capricho de los vecinos, es que esta zona cada vez es más peligrosa, nos da hasta miedo salir a la calle. Sabemos que la solución es difícil, pero hay que hacer algo antes de que haya una desgracia». El sentir del vecindario del entorno del parque de Teodoro Cuesta, en Laviada, es unánime: «Urge tomar medidas». Los incidentes protagonizados por transeúntes cada vez son más frecuentes y de mayor alcance. «No hay día en el que no pase algo y no tengamos que llamar a la Policía», lamentan.

Desde la Comisaría ya han anunciado que se reforzará la vigilancia en la zona e intensificarán las identificaciones a los usuarios de los centros asistenciales que a diario se reúnen en el parque, provocando «continúas molestias al resto de ciudadanos». «Llevo 24 años viviendo aquí al lado y siempre fue una zona muy tranquila pese a tener cerca el Albergue Covadonga, nunca dieron ni un problema», comenta Gracia Cosmea, habitual de la zona de columpios del parque. Acude casi todas las tardes con su hija de corta edad, pese a que «la situación se ha vuelto insostenible, pero lo que no podemos es dejar que se apropien del parque», considera.

Al incendio provocado el jueves por la noche en un coche aparcado en la calle del Diario El Comercio, se suman la quema de varios contenedores semanas atrás, la continuas trifulcas entre los indigentes, las amenazas a los vecinos y comerciantes y los más de 50 robos en vehículos estacionados en el entorno del centro Calor y Café. «No nos podemos asomar a la ventana porque nos empiezan a increpar si nos ven», asegura la vecina de un edificio en cuyo bajo hay un local ocupado por transeúntes. «Funciona como una pensión. Los que lo ocuparon por primera vez cobran al resto por dormir allí, tienen llaves y un control de quién entra y quién sale, todo un negocio», explica otro vecino. Con ese mismo régimen funcionan en las naves que tienen ocupadas en las calles Luarca y Diario El Comercio, aseguran los vecinos.

«Una noche estábamos en la cama y sobre la una de la mañana empezamos a escuchar hablar muy cerca de la ventana, cosa que nos extrañó porque es un primer piso y da para los techos de unas naves, pues cuando abrimos vimos a dos hombres encaramados allí, habían subido escalando y pretendían entrar por algún hueco porque habían puesto hasta cerraduras y habían dejado las llaves dentro. Tuvieron que bajarlos los bomberos», relatan Ángeles y Carlos, vecinos de la nave ocupada.

Excrementos y suciedad

A las molestias que causan con los continuos altercados que tienen entre ellos, y en los que muchas veces utilizan armas blancas -el jueves le requisaron a uno de ellos una pistola de fogueo-, se añaden «los excrementos que dejan por toda la zona».

«Defecan detrás de un matorral, en mitad de la acera o en las puertas de los portales, están todo el día ebrios y además de pelearse entre ellos, amenazan a los vecinos y a los que frecuentamos el parque», apunta un usuario de la zona verde que hace dos días encontró «una jeringuilla junto a los columpios de los niños».

Temas