El Comercio

Batalla acústica entre pájaros y ciudades

Tres pavos reales se alimentan junto al estanque central del parque de Isabel la Católica.
Tres pavos reales se alimentan junto al estanque central del parque de Isabel la Católica. / JOAQUÍN BILBAO
  • Los expertos aconsejan no superar los 50 decibelios para poder mantener una riqueza media de especies en parques y jardines

  • Las aves urbanas gastan más energía al tener que cantar más alto para hacer frente al fuerte ruido ambiental

Irse con el trino a otra parte. Es lo que terminarán haciendo la mayoría de las aves que conviven con nosotros en las ciudades si no logramos controlar la contaminación acústica. Es la conclusión que se desprende de la tesis doctoral 'Relación entre el ruido ambiental e influencia de su componente frecuencial con la diversidad de avifauna en parques y jardines' del ecólogo extremeño Francisco Romero Gallardo, dirigida por el doctor Daniel Patón Domínguez, del departamento de Biología Vegetal, Ecología y Ciencias de la Tierra de la Universidad de Extremadura. El autor analizó durante todo un año el comportamiento de más de 90 especies de aves de 29 parques y jardines urbanos ubicados en localidades españolas y portuguesas más o menos ruidosas para conocer cómo los decibelios influyen en la diversidad de la avifauna. Tras varios años de trabajo, dedujo que las aves urbanas son más sensibles al ruido ambiental que a ningún otro factor.

El ecólogo va más allá e incluso establece una serie de límites sonoros a la hora de disfrutar de una amplia variedad de aves en nuestros pulmones verdes. Así, indica que si queremos mantener una riqueza media de especies se debería evitar que el ruido ambiental superara de media los 50 decibelios. Una cifra que se reduce a 35 si a lo que aspiramos es a tener una «gran riqueza» de especies. El ecólogo llega a proponer medidas como la instalación de apantallamientos acústicos o la reducción de la velocidad del tráfico circundante para atenuar el ruido y favorecer así la diversidad de la avifauna.

Estas recomendaciones fueron una de las razones esgrimidas por IU para oponerse a la celebración, hace unas semanas, del festival Gijón Central Park en Isabel la Católica. «Por motivos como éste, hay actividades que son incompatibles con la preservación de la fauna en un lugar tan especial como el parque, y no lo digo yo, lo dicen los expertos», aseveró Aurelio Martín, quien instó al Ayuntamiento a «dar ejemplo» en la protección de uno de los pulmones verdes de la ciudad.

Si el excesivo ruido es molesto para las personas -según la Organización Mundial de la Salud, es la segunda causa de enfermedades por motivos medioambientales- para el resto de la fauna urbana, en concreto para las aves, puede significar la diferencia entre su viabilidad o su desaparición. Estudios como los llevados a cabo por los biólogos norteamericanos Katti Madhusudan y Paige Warren demostraron que algunas especies que habitan áreas especialmente ruidosas abandonan dichos lugares debido a que no permiten una comunicación fluida con otros individuos.

Es precisamente ahí donde radica la clave de la fuerte influencia que tiene el ruido ambiental en la supervivencia de las aves urbanas. Estos animales utilizan sus llamadas para ahuyentar a machos rivales, llamar la atención de las hembras y alertar a los congéneres.

Aunque el principal sentido de las aves urbanas suele ser la vista, cuando éstas habitan parques y jardines muy frondosos el sonido se convierte en una herramienta sumamente práctica para la comunicación y reconocimiento entre individuos. Sin embargo, el elevado ruido ambiental obliga a estos animales a subir el volumen de su canto para que sus semejantes lo puedan percibir en medio de tanto bullicio, lo que supone un mayor gasto de energía respecto a otros individuos de la misma especie que vivan en entornos rurales. Eso, suponiendo que realmente el pájaro pueda hacer frente a la contaminación acústica reinante, pues son muchas las especies que no lo consiguen y, consecuentemente, no pueden colonizar espacios urbanos.

Animales sensibles en Gijón

Solo una de las aves que el estudio califica como muy sensible al ruido ambiental, el martín pescador, se puede encontrar en Isabel la Católica. Sin embargo, muchas de las especies -26 en concreto- que el documento califica como de tolerancia media al ruido, aquellas que sí soportan niveles medios superiores a los 35 decibelios pero que tienen dificultades cuando se alcanzan los 56 decibelios, sí que tienen su hogar en dicho parque. Son, entre otras, el ruiseñor bastardo, el zorzal común, la golondrina común, la garceta común, el carbonero, el colirrojo tizón, la gaviota reidora, el herrerillo común, el petirrojo europeo, el colirrojo real, el pinzón vulgar, el mirlo común y una de las más simbólicas: el pavo real.

El de Isabel la Católica es uno de los lugares, ornitológicamente hablando, más ricos del concejo. Una meca de la observación de aves que podría tener los días contados si se tiene en cuenta el estudio de Romero y se compara con el mapa de ruido del Ayuntamiento, pues éste sitúa el nivel medio de ruido ambiental en el parque por encima de los 55 decibelios durante el día. Una cifra que aumenta a los 65-70 a medida que nos aproximamos a los límites del espacio verde. El volumen del ruido ambiental se reduce durante la noche hasta no superar en ningún punto los 60 decibelios.

Una correcta conservación de la diversidad de avifauna en parques y jardines urbanos, advierte el ecólogo, podría repercutir en beneficios millonarios para las ciudades que los albergan en forma de turismo natural, educación ambiental, gastos para comida para las aves y entretenimiento para mayores y niños, entre otros.