El Comercio

Boda ibicenca en la escalera 14

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José Miguel Diego e Inmaculada Amandi, con sus invitados, durante la ceremonia ibicenca oficiada en la playa por Pedro García. / AURELIO FLÓREZ

  • Los novios gijoneses de 47 y 49 años cumplieron la ilusión de ella para darse el 'sí quiero' sobre la arena tras muchos trámites burocráticos

  • José Diego e Inma Amandi obtienen el permiso de Costas para casarse en la playa

«¿Qué vas facer Jose? ¿Vas casate? Piénsatelo bien», le gritó ayer un conocido desde la barandilla de la escalera 14 del Muro a José Miguel Diego, cocinero de profesión de 47 años, que esperaba hecho un flan la llegada de la novia, Inmaculada Amandi, de 49, en la arena de la playa. El contrayente quiso hacer realidad la ilusión de su pareja, divorciada como él, y celebrar la primera boda ibicenca de la historia en San Lorenzo.

  • Así fue la boda celebrada en la arena de la playa gijonesa

«No ha sido fácil. Llevamos un año viviendo juntos y esto lo hemos estado preparando desde antes de las navidades», explicaba el novio, vestido de lino blanco y chanclas, ante poco más de media docena de invitados entre los que se encontraban su padre Manolo, su exmujer y un hijo de 21 años. «Elegimos mal día por el partido contra el Barça, pero a la cena vendrá más gente», prometía él.

Estacas y pétalos blancos

«Le pregunté por Facebook a la alcaldesa qué tenía que hacer, pero no me contestó. Al final, tuve que conseguir el permiso de Costas, que te deja bajar muy contadas cosas a la playa. Te piden todo tipo de explicaciones sobre las sillas, la carpa que vas a utilizar... Son todo impedimentos. La licencia la tengo ahí sobre el altar», aseguraba ufano. Por ese motivo el atrezzo elegido para la boda fue, finalmente, de lo más sobrio y sencillo, según el cocinero. El referido altar blanco, unas estacas para marcar el camino y unos pétalos blancos no auténticos diseminados por la arena. La novia, como marca la tradición, llegó más tarde de la hora fijada para la boda, las ocho en punto de la tarde, con su indumentaria playera. «Y eso que vive ahí enfrente en Aquilino Hurlé. A ésta le ha entrado el miedo escénico al ver a tanta gente apostada en el Muro», anotaba divertido José Miguel, con barba y el pelo recogido en una pequeña coleta. Él trabaja en la sidrería El Llargu, en el barrio de La Arena.

El oficiante de la ceremonia fue Pedro García Rodríguez, maquinista de la EBHI y exluchador de grecorromana. Todo un personaje en el Tostaderu. «Macio es allí el gobernador y yo el concejal», comentaba con chispa el fornido amigo de Inma, que confesó antes de proceder a 'casar' que «nunca me sentí tan cura». El oficiante leyó en unos papeles manuscritos la fórmula que se suele emplear en las notarías para este tipo de enlaces. «Ésta es la celebración de un acto jurídico serio, que es un contrato matrimonial» o «marido y mujer son iguales en derechos y obligaciones», recitó.

Aliciente turístico

Con el 'sí quiero' y el beso que selló a unión la gente rompió en aplausos desde el Muro al grito de «¡vivan los novios!». La pareja, que formalizará mañana su enlace en el juzgado, se fue luego de sidras por La Arena y celebró el convite en el Faro del Piles. «Si esto pita en una playa tan guapa como la nuestra puede convertirse en un aliciente turístico para la ciudad», opinaban los recién casados.