El Comercio

La incertidumbre atraca en la EBHI

Maniobra de atraque de un granelero en el muelle de Marcelino León en el año récord de 2005. Las obras de ampliación apenas se habían iniciado.
Maniobra de atraque de un granelero en el muelle de Marcelino León en el año récord de 2005. Las obras de ampliación apenas se habían iniciado. / E. C.
  • Al abortado traslado al Muelle Norte de la ampliación sigue ahora una merma de la capacidad de descarga por pérdida de un pórtico

  • La terminal granelera de El Musel cumple 25 años con su carácter público en entredicho

La European Bulk Handling Installation (EBHI), terminal de graneles sólidos de El Musel, cumple este año su primer cuarto de siglo de vida con 320 millones de toneladas movidas, cifras de descarga diarias homologables con las mejores instalaciones especializadas del mundo y una viabilidad garantizada por las previsiones de su principal cliente, Arcelor Mittal. Pero dos decisiones políticas (la composición accionarial y los planes energéticos) y una técnica (la sustitución de un pórtico de descarga siniestrado por una grúa automóvil de menor capacidad, sitúan a la terminal que protagoniza más del 80% del tráfico marítimo de El Musel en la encrucijada y rodeada de incertidumbres. La contaminación complica, también, el desarrollo de la EBHI.

Las operaciones de descarga de las materias primas que utiliza la siderurgia asturiana se trasladaron hace ahora 25 años desde el llamado Muelle de los Pórticos, actual Alejandro Olano, al Muelle de Minerales, ahora de Marcelino León. El cambio, aparte de aumentar las posibilidades de calado y, por lo tanto, de recibir barcos mayores, agilizaba las descargas en función de la entrada en servicio de dos pórticos nuevos. Cuentan las crónicas que la nueva terminal no interesó a los inversores privados y que la EBHI empezó a ser gestionada con mayoría pública casi por inercia, ya que prácticamente todas las grúas del puerto pertenecían entonces al mismo. Lo mismo ocurrió, años después, con la terminal de contenedores, si bien ésta sería privatizada posteriormente y el segundo pórtico portacontenedores fue adquirido ya por la concesionaria Terminal de Contenedores de Gijón.

En 1991 (año de actividad no completa, ya que las descargas se iniciaron el 16 de abril) la EBHI movió 6,6 millones de tonelada y, con algunas excepciones, la progresión fue constante hasta quedar saturada a comienzos de siglo (14,3 millones de toneladas en el año 2000). Dicha saturación se reflejó en largas colas de barcos que hacían soportar importantes pérdidas a los fletadores.

La solución buscada fue construir el tercer pórtico, que entró en servicio en enero de 2002. La EBHI quedó entonces con capacidad para marcar en 2004 y 2005 dos récord consecutivos de actividad, con 16,4 y 16,5 millones de toneladas descargadas.

Aumentar la capacidad de la EBHI fue el primer objetivo declarado para poner en marcha las obras de ampliación. La terminal granelera habría de ser trasladada al nuevo Muelle Norte, pero con las obras en marcha se cruzó la crisis por el medio y desde el citado año récord de 2005, se produjeron cuatro descensos consecutivos que dejaron a 2009 con un tráfico de 9,8 millones de toneladas, el más bajo desde 1994, si bien cabe señalar que la EBHI nunca bajó de los 9 millones de toneladas en toda su historia, si exceptuamos el ejercicio del arranque, 1991, porque sólo funcionó ocho meses y medio.

Con la ampliación prácticamente terminada y el tráfico marítimo en horas bajas, un informe de la consultora Van Doorn fechado en abril de 2010 cifraba la inversión necesaria para el traslado en 228,3 millones de euros, demasiado dinero, aunque cabía rebajar ligeramente ese gasto por la existencia de algunas inversiones opcionales.

Cuarto descargador

El mismo informe señalaba que haría falta un cuarto descargador a partir de los 16 millones de toneladas anuales, dato significativo si se tiene en cuenta que esa circunstancia ya se produjo en dos ocasiones y que en 2015 la EBHI movió 15,3 millones de toneladas. En la actualidad, lejos de aumentar su capacidad de descarga, la terminal granelera de El Musel la pierde.

El accidente de uno de los tres pórticos operativos, el pasado seis de enero, dejó a la EBHI con sus posibilidades mermadas, si bien Laureano Lourido, presidente del puerto y de la terminal, señaló poco después que apenas se notaría, porque el acondicionamiento de las centrales térmicas a nuevas exigencias medioambientales (desnitrificación) reduciría temporalmente su consumo y, consiguientemente, las importaciones.

En efecto, en los ocho primeros meses del año la EBHI movió un millón de toneladas menos de carbón térmico que en el mismo periodo de 2015, pero la incertidumbre surge porque no hay planes de sustituir el pórtico siniestrado por otro, sino por una grúa cuya producción estiman los expertos un 40% inferior, aparte de un coste de funcionamiento superior porque la posición de trabajo obliga a ocupar a dos operarios y a dejar en manos de un pórtico algunas operaciones que simplemente la grúa no puede hacer.

Las decisiones parecen estar condicionadas por otra incertidumbre más antigua, que afecta a la composición accionarial de la terminal. Desde su constitución, la EBHI fue mayoritariamente pública, pero Puertos del Estado exige a la Autoridad Portuaria de Gijón que venda su parte para reducir su deuda.

Los responsables de El Musel no quieren, aunque el Consejo de Ministros lo aprobó, y, cuando menos, dan largas. El potencial económico de la terminal granelera (4,8 millones de beneficios en 2015 y 3 millones en 2014) ayudó históricamente a solucionar muchos problemas de El Musel y perder el control de esa herramienta asusta en Asturias.