El Comercio

Luis Ortega, ayer, en el paseo de Begoña.
Luis Ortega, ayer, en el paseo de Begoña. / AURELIO FLÓREZ

La Filarmónica convoca a los socios para nombrar una junta gestora

  • Luis Ortega dejará la presidencia que asumió para evitar el fin de la entidad

  • «La música te eriza, pero tenemos un problema generacional. Ahora son pocos los que la aman y transmiten ese sentimiento a sus hijos»

Tras menos de un mes como presidente de la Sociedad Filarmónica de Gijón, Luis Ortega confía en dejar a mediados del próximo mes de octubre el cargo que asumió «para evitar que desapareciera una entidad a la que quiero mucho porque llevo en ella desde que me hiciera socio mi padre. Tenía yo 16 años, y ahora tengo 89».

En una nueva asamblea cuya convocatoria ya está en marcha, Ortega prevé que algunas mujeres a las que considera ya más o menos comprometidas, acepten formar parte de una gestora que mantenga viva la entidad.

¿Por qué no se tomó ya esa decisión en la asamblea del pasado día 21, cuando Faustino González Alcalde presentó su dimisión irrevocable por problemas de salud? Luis Ortega explica que en aquel momento estaba previsto el recambio de José Quirico Cuervo, pero cuando tomó la palabra para exponer sus intenciones relató que la Filarmónica es económicamente inviable con los socios y las ayudas que actualmente tiene, y prefirió renunciar a encabezar un proyecto al que no concede más de dos años de vida. El caso es que el tiempo pasó y no dio tiempo a preparar la formación de una gestora, de forma que Luis Ortega se vio en la tesitura de aceptar el cargo, ya que era vicepresidente, o dar por muerta la entidad.

Las cosas han cambiado en el sentido de que Luis Ortega dispuso desde entonces de varios días para buscar una alternativa, ya que desde el principio parece haber tenido claro que, con 89 años, su protagonismo no podía ser duradero.

Ahora, «orgulloso de haberla salvado», el que podría pasar a la historia de la Filarmónica de Gijón como su presidente más efímero, se muestra confiado, aunque no seguro, en que «un grupo de mujeres con formación demostrada y tiempo suficiente» formen «una gestora o junta de gobierno» capaz de funcionar «durante el tiempo que deseen», especialmente si el grupo se completa con algún otro colaborador, «que sería ideal que fueran un economista y un abogado».

Quiere decirse que podría no ser una gestora al uso, creada con el único fin de convocar elecciones en un plazo preestablecido, sino un grupo de personas dispuestas a continuar al menos toda la temporada y, lo que es más importante, llevar a cabo una campaña de socios que proporcionen garantías de futuro. «Según Quirico -dijo ayer Luis Ortega a EL COMERCIO- hacen falta unos 350 socios, como mínimo, para que la Filarmónica tenga viabilidad».

En cualquier caso, el objetivo inmediato de Ortega es que la temporada comience con normalidad. Y eso parece asegurado. Con la convocatoria de la asamblea de octubre, los socios de la Filarmónica recibirán una invitación para recoger los carnés que darán acceso a la primera, un concierto del tenor Aquiles Machado y del pianista Mariano Rivas programado para el próximo siete de octubre en el Teatro Jovellanos. Sobre cómo incitar a los gijoneses a hacerse socios de la Filarmónica, Ortega da a entender que no es fácil porque «tenemos un problema generacional. Ver a miles de personas histéricas y como si sufrieran un ataque epiléptico escuchando una porquería de música en un estadio es para llorar. Ahora son pocos los que aman la música y transmiten ese sentimiento a sus hijos».

No obstante, da pie a la esperanza porque «la música es la más completa de las artes. Te eriza y puede hacerte llorar, sobre todo la barroca». Y es que «mi nieto entra en internet y me prepara un DVD que me proporciona 20 horas de música clásica, pero eso no es lo mismo que ver las manos del pianista tocando en un concierto o la batuta del director. Todo eso es maravilloso y ayuda mucho verlo. Es relajante y te llega al alma».