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Laviada clama para recuperar su parque

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El vicepresidente vecinal de Laviada, José González, explica a los residentes concentrados en el parque de Teodoro Cuesta su reunión con el edil de Seguridad Ciudadana, Esteban Aparicio. / FOTOS: P. UCHA / DANIEL MORA

  • 150 vecinos se concentran en Teodoro Cuesta para reclamar medidas que pacifiquen la zona

  • Los residentes piden el derribo de las naves abandonadas, mayor control policial y la dispersión de servicios asistenciales

Los vecinos de Laviada dijeron ayer alto y claro «basta». Alrededor de 150 se concentraron ayer en el parque de Teodoro Cuesta para exigir al Ayuntamiento la recuperación de esta zona de esparcimiento y juegos infantiles para el vecindario.

«Los indigentes se han adueñado de la mayoría de los bancos del parque. Pueden llegar a juntarse 20 ó 30. Allí beben, se drogan, hacen sus necesidades fisiológicas y todo lo que les place. Los gritos, los insultos y las peleas continuas ahuyentan a cualquiera a venir aquí, sobre todo con niños pequeños, porque siempre hay algún lío». Quien describe esta cruda escena cotidiana es Julia Cerra, residente de la calle de El Comercio, que vive encima de los locales actualmente abandonados de Almacenes Delca. Ella y su marido, Francisco Martínez, son dos de los vecinos que más han elevado la voz para reclamar soluciones urgentes a un problema que en las últimas semanas ha ido 'in crescendo' con incidentes a diario con las personas sin hogar que pernoctan en las naves abandonadas de la zona y que pasan las horas muertas en el entorno del parque por ser usuarios de los dispositivos asistenciales del barrio.

«Trapichean con los vales. Son personas que no tienen nada que perder y que te amenazan si les llamas la atención desde la ventana por sus fechorías. Lo mismo te destrozan el portal que te pueden romper las lunas del coche», asegura Francisco. «Lo último, además de la alarma por el incendio de un coche, fue el manoseo e intimidación a chicas jóvenes del barrio. Una de ellas tuvo que picar desesperada a todos los pisos de mi bloque para que le abrieran la puerta», relata este vecino.

Gracias a la insistencia de este matrimonio y de otros residentes con viviendas próximas al parque de Teodoro Cuesta, la asociación de vecinos del barrio ha tomado ya cartas en el asunto. Su presidente, Florencio Martínez, y el vicepresidente, José Jiménez, estuvieron ayer en primera fila en la concentración de protesta para explicar la reunión que mantuvieron el lunes con el concejal de Seguridad Ciudadana, Esteban Aparicio. Los directivos vecinales explicaron que le han pedido al Ayuntamiento el derribo de todas las naves fabriles abandonadas que quedan en la antigua zona del Parrochu, donde los transeúntes han puesto cerraduras y están cobrando a otros por el alquiler de camas, lo que a veces se convierte en motivo de conflictos y disputas. Naves como la de Aluminios Martínez o Vulcanizados Trancho se han convertido en auténticos refugios 'okupas', al igual que un bajo que se encuentra entre la empresa de mensajería La Luna y el edificio de EL COMERCIO.

Si está prohibido el botellón...

«El problema de echar abajo estas viejas naves es que tienen dueños», expuso Florencio Martínez ayer a los concentrados. Esto es, que hay que contar con la opinión de los propietarios privados, que en su mayoría son promotores y constructores que compraron esos solares hace años para construir en el entorno del plan de vías en un ámbito afectado por la anulación del PGO.

Presidente y vicepresidente de la asociación de vecinos de Laviada desvelaron que también han reclamado al equipo de gobierno que aplique la ordenanza de convivencia ciudadana y prevención de actuaciones antisociales a los indigentes que se agrupan en el barrio. «Si está prohibido el botellón en Gijón por lo menos que la Policía Local les requise la mercancía que tienen», indicó el presidente vecinal de Laviada. Aparicio, asimismo, se comprometió con el colectivo vecinal a incrementar la presencia de la Policía Local en la zona y que intercedería para que la Policía Nacional también refuerce la vigilancia por su parte.

Muchos de los residentes que ayer salieron a la calle, como así se lo hicieron ver a Martínez y Jiménez, consideran que medidas como un mayor control policial o la demolición de las naves son necesarias pero insuficientes para atajar el problema. De hecho, vecinos como Julia Cerra están convencidos de que la convivencia en el barrio no volverá a pacificarse hasta que se produzca una dispersión de los dispositivos asistenciales. «El origen del problema es que aquí está concentrado Calor y Café, la Oficina del Transeúnte y el Albergue Covadonga, recientemente ampliado», enumera.

Pero los actuales dirigentes vecinales de Laviada discrepan. Para ellos es necesaria «una solución integral» que abarque a todo Gijón para este tema, «porque si echas a este gente de aquí el problema se trasladará enseguida a otro barrio de la ciudad».

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