El Comercio

Una colección digna del portaaviones 'Príncipe de Asturias'

José Antonio de la Huerta muestra uno de sus álbumes con su colección detrás.
José Antonio de la Huerta muestra uno de sus álbumes con su colección detrás. / P. CITOULA
  • José Antonio de la Huerta ofrece su colección fotográfica de aviones y buques a la mítica nave española

Con más de 60 álbumes repletos de fotografías a sus espaldas -«estoy haciendo inventario, ni siquiera sé cuántos tengo»-, José Antonio de la Huerta no duda al imaginar un futuro para su colección. «Si traen a Gijón el portaaviones 'Príncipe', donaría todo el trabajo que he hecho estos años para que lo expongan allí», apunta ilusionado. Entre las páginas de plástico, cientos de instantáneas ilustran distintos buques, aviones y viajes que han marcado la vida de este trotamundos. El gran buque español, ya retirado, supondría a ojos del gijonés un reclamo turístico interesante, además de una forma de conservar un fragmento de la historia del país.

«Ya desde pequeño me gustó el mundo del mar y del aire -rememora-, y siempre me dije que en algún momento de mi vida volaría». Sus primeros años transcurrieron en La Habana, hijo de una pareja de emigrantes asturianos que se ganaban la vida llevando una pequeña empresa de transportes. De allí se iría pronto, dos años después de que Fidel Castro ascendiera al poder, aunque el recuerdo del Centro Asturiano de la ciudad, con «escaleras de mármol blanco, lámparas de Bohemia y un servicio exquisito al emigrante», le marcaría profundamente.

Posteriormente vivió en Chicago, donde estudió tres años. En esa época comenzó el grueso de su colección, alternando viajes al extranjero con su asentamiento definitivo en España. En Gijón estuvo empleado en El Musel, actuando como intérprete y traductor de toda documentación y tripulantes ingleses que llegaban a puerto.

De viaje por San Agustín

Sin embargo, no sería hasta su etapa catalana -pasaría allí un total de 35 años- cuando culminó por primera vez su sueño infantil. A medio camino entre Reus y Barcelona, donde trabajó en exportación y aduanas, De la Huerta comenzó a dar clases de vuelo, a bordo de distintas avionetas y forjando una gran amistad con su instructor. «En Cataluña hice algunos de mis mejores amigos, aprendí a hablar catalán y desde esa época puedo hablar tres idiomas», explica.

El género de viajes, entonces, pasó a ser parte importante de su colección fotográfica. Las diez cámaras que exhibe en su casa, de distintas épocas, diseños y prestaciones, han congelado fragmentos de historia en Escocia, Israel, Miami, Roma o Arabia Saudí, donde trabajó durante 18 días actuando de intérprete. «La sociedad de allí me resultó un tanto hipócrita. Juntan el dinero, religión y política sin ningún tapujo», expone. Uno de los viajes que más le marcó fue a la ciudad de San Agustín (Florida), la primera fundada por europeos y con un marcado carácter asturiano. Según explica a través de las fotografías, la casa más antigua del país lleva una seña autóctona: 'González-Álvarez House', se puede leer en el cartel. La vía principal, a su vez, es la calle de Avilés.

Después de tanto viaje, De la Huerta sigue pensando que sus mejores instantáneas son de aquí, de su hogar. «Pese a todo este movimiento me considero asturiano y, después, asturiano», sentencia.