El Comercio

Mataji Devi, durante su clase en el Antiguo Instituto.
Mataji Devi, durante su clase en el Antiguo Instituto. / PALOMA UCHA

Cuerpo sano, espíritu en paz

  • Mataja Devi impartió en el Antiguo Instituto una clase de yoga integral, que tiene como objetivo «aunar el bienestar físico con la meditación»

El yoga occidental comete en muchas ocasiones un pecado inocente, fruto del desconocimiento. Actualmente, la imagen que se proyecta es la de una disciplina que permite liberar tensión, arreglar los problemas de espalda y mejorar el estado físico. «Esto es algo correcto y bueno, ya que el yoga cuenta con esa parte física. Sin embargo, su misión tiene que ser la de ponernos en contacto con lo mejor que llevamos dentro de nosotros», subraya Mataji Devi, profesora y experta en el mundo 'yogui'.

Con ese objetivo, el de impulsar una «idea más amplia de la disciplina», se impartió ayer en el Antiguo Instituto la charla-taller 'Beneficios del yoga integral', una vuelta de tuerca a la idea clásica de esta práctica. Más que de forma teórica, con una charla llena de entelequias e imágenes abstractas, Devi apostó por interpelar directamente al público para que ellos mismos encontrasen las respuestas. «¿Habéis desarrollado todo vuestro potencial?», se preguntó la maestra. Ya que lo racional es pensar que no, el siguiente paso es «incluir el yoga en el día a día» para ver de qué forma puede ayudar a desarrollar dicho potencial, usándolo como herramienta y no como fin para encontrarse bien físicamente.

El yoga integral, como se denomina la disciplina que Devi imparte, tiene en la meditación uno de sus factores diferenciales. «La gente puede asociarlo a la religión, pero esta práctica es esencial para aprender a centrar nuestra atención, que en muchas ocasiones actúa como una niña pequeña que se mueve rápidamente por donde le entra en gana», explica.

Funcionar en paz, en definitiva, es el objetivo al que todo 'yogui' debería aspirar. Lo aprendido en las clases, según afirma la profesora, tiene que servir para exportarse a la vida cotidiana y, así, sentirse bien con uno mismo. «¿De qué sirve hacer yoga si mi mundo después sigue patas arriba?».