El Comercio

Cristina Avella, en el patio del Albergue Covadonga.
Cristina Avella, en el patio del Albergue Covadonga. / D. ARIENZA

«Si se derriban las naves 'okupadas' la gente se trasladará a otro sitio»

  • Cristina Avella

  • Directora de la Fundación Albergue Covadonga

  • «El albergue no tiene la culpa y no creo que el problema se arregle con la dispersión de servicios. Hay que buscar una solución estructural»

En lo que va de año, el Albergue Covadonga atendió a 760 personas diferentes, veinte más que en el mismo periodo de 2015 y tras las obras de ampliación, finalizadas el pasado abril, la media de ocupación ronda en estos momentos las 75 personas diarias frente a las 40 de antes. Cristina Avella (Oviedo, 1973), llegó a la dirección de la fundación en un momento dulce, de ampliación de plazas y servicios, que se está viendo estos días empañado por culpa de los problemas de convivencia entre transeúntes y vecinos que culminaron en protestas tras los últimos incidentes acontecidos en el barrio.

-Seis meses ya al frente del albergue, ¿qué balance hace?

-Éste fue un año de expansión, de poder atender a más personas, que es nuestra función. Tras el aumento de las plazas del albergue, la apertura del centro nocturno de baja exigencia y la del apartamento de acogida de familias, puedo decir que el balance es positivo. Ahora toca una etapa de estabilización.

-Gracias a esas 33 nuevas plazas, el pasado julio fue uno de los primeros, en mucho tiempo, en los que no hubo saturación, ¿se mantuvo la tendencia todo el verano?

-En agosto, durante la Semana Grande, hubo días en los que solo quedaban dos o tres plazas libres, pero en esta ocasión pudimos hacer frente a toda la demanda. Gracias a la ampliación no hubo que hacer ninguna derivación hasta el momento.

-¿Cómo se presenta el invierno?

-Estamos un poco expectantes. El verano es una etapa de mucho movimiento, pero también es verdad que como las condiciones meteorológicas son favorables, la gente puede dormir en la calle con menos dificultad. En invierno llegan el frío y la lluvia, así que a ver qué pasa. Nosotros confiamos en que no habrá ningún problema.

-El centro nocturno de baja exigencia cumple un año en pocas semanas, ¿qué tal está funcionando?

-Muy bien, la ocupación no suele bajar de catorce personas al día y en varias ocasiones ya se llenaron las 18 plazas disponibles. Nos permite atender a más gente, pues esta población no es la misma que acude al albergue.

-¿Y el piso de acogida para familias?

-Al poco tiempo de abrir tuvimos a una madre y su hijo durante cuatro días y ahora mismo tenemos a otra familia que entró el domingo. De momento solo tuvimos esos dos casos, pues se trata de un recurso muy específico y de emergencia hasta que esas familias son derivadas al dispositivo más adecuado para ellas. No sabemos si la tendencia se mantendrá o si en unos meses vendrán más, así que tenemos que estar preparados, por eso tenemos una habitación en el albergue que está un poco apartada para, si se da el caso, poder atender a una segunda familia.

-En los últimos días los vecinos de Laviada se rebelaron contra los continuos problemas de convivencia que, denuncian, ocasionan los transeúntes que se mueven por la zona.

-Yo entiendo la alarma que hay después de sucesos como el del coche incendiado, pero nosotros trabajamos de puertas para adentro. No quiero que suene mal, pero la gente que está en el albergue y en el centro de noche está controlada, lo que sucede fuera no es nuestra culpa. Ahí ya tiene que haber una intervención municipal.

-Los vecinos aseveran que quienes causan los problemas no son usuarios del albergue, sino que residen en naves 'okupadas' y exigen su demolición, ¿qué opina usted?

-No estoy segura de que sea la solución, pues esa gente está ahí y, si derriban las naves, se trasladarán a otro sitio. En ese sentido coincido con el presidente vecinal, Florencio Martínez, quien indicó que éste no es un problema de Laviada, sino de todo Gijón. Hay que buscar una solución estructural, mirar otros recursos para esa población que no quiere estar en el albergue para evitar que el problema se vaya trasladando de un barrio a otro. Quizás haya que diseñar dispositivos de seguridad y de servicios sociales especiales.

-¿Perjudica toda esta situación al albergue y sus usuarios?

-Sí, claro. No son noticias agradables y aunque gran parte de los vecinos son razonables, hay otro sector que nos culpa a nosotros del problema y quiere que nos vayamos a otro sitio. Para los usuarios tampoco es agradable, pues aunque pueda haber unos pocos conflictivos, la mayoría son personas que están pasando por una mala situación y ahora temen que se cierre el centro, pues no tienen adónde ir. Para nosotros es positivo que haya más vigilancia policial, pero los usuarios tienen miedo porque creen que van a por ellos.

-Otra posible solución propuesta por los vecinos es la dispersión de servicios, ¿está de acuerdo?

-Se podría valorar, pero tampoco me convence, pues entonces tendríamos varios puntos rojos por todo Gijón. Al final, aquí hay una determinada población a la que vigilar y si se dispersan los servicios habrá que controlar a la misma población, pero en varias ubicaciones diferentes.