El Comercio

«La sordera deriva en tristeza, desconfianza y aislamiento»

Diego Oliveira, Eva Illán, Luis Amando García y Rafael Ripoll.
Diego Oliveira, Eva Illán, Luis Amando García y Rafael Ripoll. / AURELIO FLÓREZ
  • La presbiacusia, que aumenta en la sociedad por la mayor esperanza de vida, no tiene cura «pero es necesario minimizar los riesgos»

«No estoy tan mal», «si eso cuando me quede más sordo» o el ya clásico «total, para lo que hay que oír». Estos son algunos de los comentarios que, día tras día, los otorrinos de toda Asturias escuchan a sus pacientes afectados por trastornos auditivos, una conformidad que en ningún caso ayuda a mejorar su calidad de vida. «Es necesario afrontar el problema de cara ya que, a la larga, la sordera produce tristeza, depresión, desconfianza y aislamiento», explica Luis Amando García, otorrino encargado de hablar de salud auditiva en las 'Jornadas con los Mayores' convocadas por EL COMERCIO y Gaes.

La presbiacusia supone la degeneración paulatina del oído interno con motivo de la edad. Aunque esta degradación sea inevitable, hay muchas formas de hacer que el deterioro sea lo más pausado posible. «En 1900 la esperanza de vida era de 50 años; ahora, de 83 para los hombres y 86 para las mujeres. Es lógico que a más edad el sufrimiento del oído interno se incremente», añade. Además del paso de los años, la exposición continuada al ruido, las infecciones, traumatismos o la herencia son algunos de los factores de riesgo que contribuyen a empeorar la situación.

Los primeros síntomas a los que hay que atender a la hora de acudir al otorrino se encuentran en el entorno social. «Primero se empieza a perder la capacidad de discriminar varias conversaciones simultáneas, los sonidos agudos comienzan a hacer daño y los pitidos en la cabeza empiezan a ser frecuentes», apunta García.

Los asistentes a la jornada en el CMI El Llano.

Los asistentes a la jornada en el CMI El Llano. / A. F.

«No existen pastillas mágicas»

Algunos trastornos del oído pueden tratarse pasando por el quirófano. Sin embargo, el envejecimiento del oído interno no tiene cura. «No existen pastillas mágicas que te curen la presbiacusia. Lo que está en nuestra mano es minimizar los riesgos», añade. Las prótesis, a su vez, ayudan a mejorar sustancialmente la calidad de vida, llegando a umbrales sonoros a los que sería imposible acceder sin la ayuda de la tecnología. Por tanto, como recomienda el doctor: «Hay que afrontar positivamente el problema».