El Comercio

El calor complica la jura de bandera civil

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Los jurandos, algunos de ellos protegidos del sol con paraguas, formados en una de las explanadas de Las Mestas. / JORGE PETEIRO / DAMIÁN ARIENZA

  • Los sanitarios atendieron a varios jurandos por torceduras y sofocos y los militares repartieron agua para tratar de mitigar las altas temperaturas

  • El comisario de la Policía Nacional sufrió una indisposición por la que permaneció varias horas en Cabueñes

La jura de bandera civil celebrada ayer en Las Mestas no pudo tener un mejor día. Un cielo completamente despejado y un sol que daba de pleno sobre la explanada en la que estaban formados los alrededor de 750 jurandos auguraban que sería un día inolvidable para la mayor jura de bandera civil celebrada hasta el momento en España, según los organizadores. Pero eso trajo consigo algunas complicaciones, ya que fueron varias las personas afectadas por golpes de calor. El percance más grave fue el que sufrió el comisario de la Policía Nacional en Gijón, Dámaso Colunga, que tuvo que ser trasladado en una UVI móvil a la UCI del Hospital de Cabueñes, dados sus antecedentes de problemas coronarios.

Había sido el primero en renovar su juramento a la bandera, ya que tenía que ocupar su puesto en la tribuna destinada a las autoridades militares. Poco después de iniciada la ceremonia, comenzó a sentirse mal. Rápidamente, fue trasladado a la tribuna principal de Las Mestas, donde recibió las primeras atenciones médicas por parte del personal de una de las UVI móviles desplazadas al recinto deportivo. Los facultativos lograron estabilizarle y de inmediato se decidió su traslado al hospital. Dámaso Colunga llegó al centro sanitario plenamente consciente, tanto es así que indicó a los médicos que le atendían que se tenía que recuperar pronto, porque no quería faltar a la marcha solidaria de hoy de EL COMERCIO ni a los actos en honor del patrón de la Policía Nacional, que tendrán lugar mañana. Tras varias pruebas médicas, parece ser que se trató de una bajada de tensión acentuada por el calor. Recibió el alta a última hora de la tarde y se reincorporará mañana al trabajo.

Varias personas más tuvieron que ser atendidas por los servicios médicos debido al fuerte calor y a otros problemas, como torceduras, en principio todas ellas resueltas sin mayores problemas. Los responsables militares ordenaron la distribución de botellines de agua entre los jurandos para hacerles más llevadera la espera a pleno sol. Hay que tener en cuenta, además, que muchas de las personas que esperaban su turno para besar la enseña nacional eran de edad avanzada, lo que motivó que los sanitarios extremaran las precauciones.

Además, muchos de los acompañantes de los jurandos de más edad desplegaron paraguas a modo de sombrillas para evitar que el sol incidiera con fuerza sobre ellos. El reparto de agua era continuo y, de vez en cuando, los miembros del dispositivo sanitario recomendaban a algunos de los afectados resguardarse en la sombra tras las tribunas del complejo deportivo, donde eran atendidos con más tranquilidad.

Las alrededor de 750 personas que participaron en esta jura de bandera civil comenzaron a llegar a Las Mestas poco antes de las once de la mañana, con lo que para muchos la espera se hizo demasiado larga. Eso sí, no restó ni un ápice sus ganas de prestar el juramento. Es más, se pudo escuchar a más de una de las personas afectadas decir al ser atendida por médicos y militares: «¡Esto no me impedirá jurar bandera!».

Y así fue. A pesar de la dura espera para algunos, ninguno falló a su juramento. Es más, al final lo hicieron más personas de las que en un principio se habían apuntado, unos 700, ya que quien así lo deseó se pudo incorporar al acto hasta en el último momento, con lo que se llegó a la destacable cifra de 750 jurandos.

Muchas personas llevaban años esperando por esta oportunidad. Los había que no habían podido acudir a la jura de bandera organizada en Cangas de Onís el año pasado y no quisieron pasar esta ocasión, sabedores de que no es un acto que se organice de forma habitual.

Uno de los momentos más emotivos fue cuando el coronel Raimundo Rodríguez Roca preguntó si juraban o prometían por su conciencia y honor guardar la Constitución con lealtad al Rey y, «si es preciso, entregar la vida al servicio de España». 750 voces respondieron al unísono: «¡Si, juramos!».