El Comercio

«El principal recurso económico en Asturias no es Arcelor, es la hostelería»

Claudio Vereterra, en los jardines de la Quinta del Ynfanzón.
Claudio Vereterra, en los jardines de la Quinta del Ynfanzón. / JORGE PETEIRO
  • «Ha cambiado el tamaño de los enlaces y ahora van menos invitados. Bodas de doscientos las hacen cuatro privilegiados en esta comunidad»

  • Claudio Vereterra Copropietario de la Quinta del Ynfanzón

Claudio Vereterra abre su casa familiar, cuya propiedad comparte con sus cuatro hermanos, para que otras personas disfruten de esos momentos que suelen atesorarse en la memoria. La Quinta del Ynfanzón se ha convertido en un marco habitual para la celebración de eventos de lo más diverso. En especial, bodas en las que los novios buscan un escenario singular para celebrar su enlace. Para ello, fue precisa una profunda remodelación del edificio, aunque la esencia de esta gran casona asturiana permanece intacta.

Hace catorce años que la Quinta del Ynfanzón se reconvirtió a un uso hostelero. ¿Cuál es el balance?

Es el balance de la economía. Empieza el negocio, suavecito, la gente tiene curiosidad, viene a vernos, le gusta, vuelve. Cogimos la etapa buena precrisis y luego llegó la crisis, que supone: aguantar como podemos, reducir personal, que los empresarios aumentemos horas de trabajo y apretar el cinturón a lo bestia. Ahora parece que empezamos, poco a poco, otra vez a respirar. Ésta es la radiografía de la crisis en Gijón. Los hosteleros lo vemos, en primer plano, día a día. Si la gente sale a tomar café, viene. Si no sale, no viene.

¿La actividad en la hostelería es extensible al resto de los sectores de la economía?

Creo que sí. Es un poco el termómetro de la economía y del nivel de optimismo de la ciudad. Se nota muchísimo en el ánimo. Estamos pasando de una época de depresión económica a otra que tampoco es de alegría, pero está bien. De vivir amargados, a respirar un poco.

Éste es un lugar que destaca por la celebración de bodas...

Por bodas y por todo. Realmente, es un fifty-fifty: bodas y día a día para venir a comer, a tomar algo, pasear con los niños... Es verdad que, en Gijón, hay pocos sitios exclusivos, pero que tengan 100.000 metros cuadrados para una boda es más complicado. Este negocio está hecho, sobre todo, con mucho cariño. Es la casa de la familia, que hemos ido, poco a poco, año a año, restaurando, quitando matos de 'escayos', tapando una gotera... Al final nos lanzamos a hacer la obra completa. Es nuestra casa, cuando entras aquí, no vas a un hotel de una cadena. Aquí te recibe una familia.

¿Qué ha hecho para que continúe siendo uno de los lugares más demandados?

Gastar lo menos posible y trabajar, trabajar y trabajar. Y tratar a la gente con mucho cariño, que es la principal herramienta de trabajo.

¿Cómo han cambiado estas celebraciones en los últimos años?

Ha habido muchos cambios, sobre todo, a nivel de estética. Ahora se priman detalles, adornos, 'photo calls' a niveles estratosféricos, mesas de dulces... Está cambiando la tendencia también del tipo de cenas. Antes era todo sentado, ahora prima más el 'buffet' de pie. Antes los novios venían a lo que les dijeras y ahora ellos dicen al restaurante lo que quieren hacer. Y nosotros encantados. Es menos aburrido.

¿Vienen muchas parejas de fuera de Asturias a celebrar el banquete nupcial aquí?

Sí. Sobre todo vienen muchos asturianos que viven lejos. Es muy simpático ver cómo viene gente de fuera y alucina con las comidas asturianas. Recuerdo que tuvimos la boda a la que vino un cantante andaluz muy famoso, de la primera edición de Operación Triunfo -no te voy a decir más-, que muy poco después celebraba la suya. A mitad de la barra libre, tuvo una bronca bestial con su novia porque él era incapaz de hacer una boda, en el Sur, como a la que estaba asistiendo en Asturias. La novia estaba mosqueada porque se preguntaba cómo iba a invitar a esa misma gente a un pincheo andaluz. A un inglés o un alemán, el concepto de barra libre les cuesta muchísimo entenderlo.

La gente se casa menos que hace años. ¿Se ha notado en la Quinta del Ynfanzón?

Lo que se nota claramente es el tamaño de las bodas. Van menos invitados. Bodas de doscientos las hacen cuatro privilegiados en Asturias.

¿Qué debe tener un buen menú para que satisfaga, no solo a los visitantes, sino a los asturianos, que somos muy exigentes en la mesa?

Productos de calidad básicos. A la gente no se la puede engañar. Además, tiene que ser abundante porque estamos en Asturias. Y un precio justo. Ni barato ni caro. Una persona se marcha contenta si lo que ha comido le ha gustado, independientemente de si es un poco más barato o un poco más caro.

¿Cómo es el trato al cliente por parte de la hostelería local?

Quizá sea menos profesional, en general, aunque hay grandes hosteleros. Hay que tener mucho cuidado con la gente. Si es tu negocio, tienes que intentar que todos tus empleados y tú mismo recibas a los clientes como si fuera tu casa. En el sector también hay piratería. El principal recurso económico en Asturias no es Arcelor, que también, es la hostelería. Somos el país de los chigres porque no hay otra cosa, es la faena. Ojalá hubiera mucha más industria, que nos vendría bien a todos.

La patronal turística hizo un balance bueno del verano. ¿Está de acuerdo?

Sí. Parece que la gente perdió un poco el miedo a salir. Hay más optimismo. En Asturias tenemos el hándicap y la ventaja del tiempo. Aquí con sol no nos quedamos en casa. Y este verano se ha juntado un poco de optimismo económico y un tiempo relativamente bueno. Siempre digo que si pudiera contratar al sol como socio capitalista, lo haría.

La Quinta del Ynfanzón tiene restaurante, cafetería y hotel. No le falta de nada. Ni fantasma.

Se llama doña Ana de Solís. Y no cuento nada más.

Comparte la propiedad de la quinta con sus cuatro hermanos. ¿Es difícil ponerse de acuerdo entre tantos?

Nosotros tenemos una unidad familia indestructible. Somos una piña y todos iguales.

¿Cómo se aprende este negocio?

A base de tiempo, palos, leer mucho, hablar con gente y escuchar.