El Comercio

Juan Lozano, en la misa.
Juan Lozano, en la misa. / E. C.

Del Ártico al Codema

  • Lozano ha pisado mucho terreno. Antes de su paso por el gran país del este colaboró en misiones en Honduras, Paraguay y Brasil

En la ciudad rusa de Murmansk la temperatura media anual ronda los cero grados y en invierno ha llegado a registrar mínimas de 40 bajo cero. Sin embargo, lo que más le costaba sobrellevar a Juan Lozano era la oscuridad de los «tres meses de noche» que se suceden en el invierno, «pero se sobrevive». Este sacerdote claretiano ha dedicado el último año de su vida a atender a la minoritaria comunidad católica -solo un 4% de la población, frente un 30% de ortodoxos- de ese enclave portuario, ubicado en pleno Círculo Polar Ártico. No era su primer destino en el país. Los doce meses anteriores los había pasado en San Petersburgo. Finalizada esa experiencia, cuenta que Rusia «está viviendo un momento interesante» desde el punto de vista religioso, pues «después de 70 años de prohibiciones hay mucha gente que se está abriendo a la trascendencia, a lo espiritual y a la búsqueda de Dios». En el caso de los católicos, asegura que «están muy animados» y llegan a la Iglesia «tanto por parentesco familiar como por opción propia».

Lozano ha pisado mucho terreno. Antes de su paso por el gran país del este colaboró en misiones en Honduras, Paraguay y Brasil. Ya en España, inició su sacerdocio al frente de la parroquia del Inmaculado Corazón de María en la madrileña calle de Ferraz -«a dos portales de la sede del PSOE», bromea-, para después pasar seis años como profesor en el colegio Claret, también en Madrid, del que había sido alumno. Estuvo otros seis años en «un equipo pastoral itinerante dedicado a las convivencias con jóvenes, a la formación de catequistas y profesores y a ejercicios espirituales».

Hace una semana llegó a Gijón para ponerse al frente de la parroquia del Corazón de María, donde ayer ofició su primera misa. Asegura que los últimos días han sido «muy intensos», pues se ha dedicado a «conocer y escuchar» a los diferentes grupos parroquiales, «que son bastantes». Su primera impresión es la de unos fieles «muy amables y con mucha expectación, contenta de ver un párroco un poco más joven de lo habitual, aunque ya tengo 46», bromea. Considera que «la gente está siendo muy acogedora».

En su presentación pública frente a la parroquia estuvo arropado por el superior provincial de los claretianos, Pedro Belderrain; el directordel Codema, Simón Cortina; el vicario parroquial Antonio Martínez y el claretiano Juan José Espada. Durante la homilía, en el marco de una celebración que tuvo como eje central la necesidad de «aumentar la fe, que no es algo estático, sino que pasa por periodos de crisis pero también crece», el nuevo párroco aseguró que aceptaba su nueva misión «con responsabilidad, ilusión y entrega» y pidió a los fieles ayuda «para que no se rompa el eslabón de la fe, que debemos transmitir generación a generación».