El Comercio

'Karol' Otero del Castillo

  • Continuadora de una saga de ilustres gijoneses

Cuando se hace referencia a alguien de la familia Del Castillo es imposible vencer la tentación de citar nombres como Justo, Juan, Carolina o Carlos, personas todas ellas imprescindibles en la historia industrial, cultural, política y deportiva de la villa y puerto de Gijón. Pero en el caso de Carolina Otero del Castillo, 'Karol' de siempre para los amigos, la cosa va más allá, puesto que su padre, Vicente 'Chicho' Otero Goyanes, quien fue cónsul de Brasil, era oriundo de Galicia, perteneciente a una familia de prestigio con almirantes de la Armada española incluidos. Del matrimonio del añorado 'Chicho' Otero y Antela del Castillo Bertrán, que con sus bien llevados 97 años está ahí para recordarnos que fueron los novios más guapos y elegantes del Gijón de nuestros amores, un 28 de setiembre de 1948 vino a este mundo la que sería la quinta de siete hermanos, nuestro personaje de hoy.

'Karol' Otero aprendió las primeras letras en el colegio Blanca Nieves bajo la tutela de doña Natalia y doña Emilia Morís, y de ahí pasó a cursar el Bachillerato en el Instituto de Jovellanos. Pero mucho antes de ese periodo en que 'Karol' se inició en la Educación Física con la profesora Aurora Calvo, ya había prendido en ella el veneno del sportinguismo, puesto que su padre, quien había sido directivo del Real Gijón de entonces con el presidente Paulino Antón Trespalacios, la llevaba de la mano al rústico palco de El Molinón de la vieja 'Tribunona'. De ahí que, asómbrense ustedes, 'Karol' no se pierda partido del Sporting en los cien kilómetros a la redonda de su domicilio actual en Madrid y que cada dos por tres nos la encontremos en la moderna 'Tribunona', como dice ella, para cualquier día morir de un infarto aquí, en El Molinón.

Y con esta emotiva historia nos desviamos del Gijón de hace más de medio siglo, cuando las chicas del Instituto comenzaban a practicar un nuevo deporte, por entonces llamado 'balonvolea', de la mano de la citada Aurora Calvo. Con ella comenzaron pronto a vencer en Campeonatos Escolares y, luego, con el equipo de los Clubes Medina de la Sección Femenina del Frente de Juventudes, fueron campeonas de Liga Nacional, vencedoras absolutas en Juegos Universitarios, subcampeonas de Europa y Medalla de Oro en los Juegos del Cantábrico en tres ocasiones, ya con entrenadores como Justo González y Luis Carrero. Una época con dificultades de todo tipo que obligaba a jugar en una cancha de tierra dentro del Ferrocarril de Langreo, donde las jugadoras regaban, pintaban y cuidaban el campo de juego hasta que llegó el deseado Pabellón de Deportes de La Arena. Entretanto, 'Karol' Otero ya había alcanzado la internacionalidad en quince ocasiones junto con Charo Acebal, Marisa Morán, Cristina Mejías y Dolores Vega, entre otras de grato recuerdo, con quienes viajó por toda Europa.

Mas, con ser importante este periodo de la vida deportiva de 'Karol' Otero del Castillo, no lo fue menos su condición de pionera en el tenis asturiano y gijonés, principalmente en las instalaciones del 'viejo' Grupo de Cultura Covadonga de la calle del Molino (ahora Emilio Tuya). La acompañaron en aquella época María Antonia Felgueroso, Ana Prendes, Nely Álvarez, Marisa Santurio, Maricarmen Fernández, Caridad Monerry y Carmen Fernández-Villaverde. Nuestra singular deportista de hoy, que también disfrutaba con su afición al piano, llegó a competir con las primeras 'raquetas' de la nación, fue campeona de Asturias y formó pareja en dobles con tenistas de la talla de Fernando Figaredo, Manuel Vega-Arango, Juan Piñera y Monchu Palacio, con quienes logró importantes campeonatos.

Ya casada con el militar Mariano Gutiérrez Rojas y madre de una hija, 'Karol' Otero formó parte de la Federación Española de Gimnasia Rítmica, teniendo a su cargo la promoción a través de la fotografía y vídeo, de la que es una consagrada profesional, además de introducir importantes novedades en el calzado de competición de esta difícil modalidad deportiva. Y con tan emotiva y singular semblanza de esta gijonesa, fiel embajadora de su ciudad por toda la geografía española, se nos olvidaba mencionar que fue distinguida como la mejor deportista asturiana en el año 1960. Premio lógico y merecido en opinión de cuantos la conocimos en aquella época, en la que durante un desplazamiento para jugar en Zaragoza, 'Chicho' Otero, su padre, le dijo: «'Karol', a ver si conoces por Aragón algún cadete de la Academia Militar, que me gustaría tener un yerno general». Bueno, pues el caso es que en aquel viaje, Carolina Otero del Castillo salió a pasear después de jugar su partido de voleibol y conoció a un joven cadete. La boda se celebró en San Julián de Somió, en 1972, y con el tiempo aquel militar alcanzó el grado de general. Y es que los que conocimos a 'Chicho' Otero, sabemos que él «veía la hierba crecer»...