El Comercio

Niñas en búsqueda de refugio

En el medio, Araceli Ruiz y a la derecha Nelly Fernández.
En el medio, Araceli Ruiz y a la derecha Nelly Fernández. / UCHA
  • Dos víctimas de la guerra civil dan testimonio del «brutal» conflicto por el que fueron obligadas a abandonar España

Hay historias que jamás se olvidan, que permanecen frescas en la memoria de quien las ha vivido para el resto de su vida. Hace 80 años, la avilesina Nelly Fernández Arias y la gijonesa Araceli Ruiz Toribios vivían felices, caminaban y jugaban por las calles de sus barrios, pero pronto unos sonidos con los que no estaban familiarizadas pasarían a formar parte de su día a día, ensombreciendo el cielo y enmudeciendo a miles de personas que bajo esa nube de humo y polvo buscaban «desesperadamente» un refugio para ponerse a salvo junto a su familia. En esos días, «los pájaros empezaron a verse como cientos de enemigos» que sobrevolaban el cielo y dejaban caer bombas sobre los poblados. La risa y la alegría quedaban relegadas por las miradas perdidas, las lágrimas, los llantos y la soledad. La historia de estas dos mujeres es la historia de miles de asturianos, de miles de españoles que, siendo unos niños, tuvieron que vivir una «brutal y desgarradora guerra» en la que fueron obligados a abandonar España y solicitar refugio en otros países. Y ayer estas dos protagonistas ofrecieron en el Antiguo Instituto de Gijón esa perspectiva vivida en primera persona. Lo hicieron dentro de la jornada 'La mirada de los civiles: víctimas de la guerra de España', en la que participó además Amaya Caunedo, historiadora que presentó su proyecto de una base de datos con las víctimas de la guerra civil.

«Mi vida fue la misma que la de tres mil niños», contaba emocionada Araceli, quien el 23 de septiembre de 1937 tuvo que tomar un barco en El Musel, junto a tres de sus hermanas, rumbo a Rusia y dejar atrás al resto de su familia. «A mis 92 años aún recuerdo el miedo por el 'Almirante Cervera', que seguía a los demás barcos provocándoles la perdición. Era el infierno de Gijón». Pese al temor de ser atacados por esa embarcación, ella y los 1.100 niños gijoneses que iban en aquella nave tuvieron la suerte de «llegar sanos y a salvo a Rusia» y vivir la vida esperada. Eso sí: sin sus padres. La misma historia que vivió Nelly, quien, a sus seis años, se despidió de la mirada triste y a la vez esperanzada de su padre antes de subirse al barco que la llevaría a Francia. «Tuvimos la suerte de que allí nos metieran en un tren distinto al de otros asturianos que enviaron directos a Alemania a un campo de concentración», recordaba. Y es que la guerra española no solo era el único peligro que se podía correr en Europa en el camino hacia los tan ansiados sueños de «paz y gloria».

Quizá los años hayan pasado, pero hoy se repite la misma historia en otro país: Siria. A todos ellos tienen presente y comprenden. Por eso quieren contar sus memorias, «para no repetir los mismos errores».