El Comercio

Una firma multimillonaria en cuestión

La acusada, Mercedes R. C., ayer, durante el juicio en la Sección Octava de la Audiencia Provincial.
La acusada, Mercedes R. C., ayer, durante el juicio en la Sección Octava de la Audiencia Provincial. / PALOMA UCHA
  • La expareja del dueño de Celuisma afronta una pena de cárcel por falsedad documental

  • La fiscalía cree que falsificó la rúbrica de Manuel Celestino Fernández, fallecido en 2010, para nombrarla heredera de una fortuna

No la tuvieron en cuenta a la hora de repartir la milmillonaria herencia del que decía era su compañero sentimental. Cuatro años después de la muerte del difunto, presentó en el juzgado un papel en el que la declaraba a ella heredera universal. Figuraba la firma del fallecido. Una rúbrica que al parecer es falsa. La herencia alcanzaba cifras desorbitadas. Tanto es así que, solo en derechos sucesorios, los herederos tuvieron que abonar al Principado 16 millones de euros. Se trata del legado del empresario Manuel Celestino Fernández Espina, copropietario del holding empresarial Celuisma. Murió en 2010. No estaba casado y tampoco tenía hijos. El testamento figuraba a favor de su hermano Celso Luis, socio en los muchos negocios que tenían en España y Latinoamérica. A esa fortuna le intentó salir una novia, una pretendienta que ayer se sentó en el banquillo de la Sección Octava de la Audiencia Provincial por un supuesto delito de falsedad documental.

La fiscal solicita para Mercedes R. C. una condena de un año y medio de prisión por falsificar la firma del que asegura era su compañero «desde 1979 hasta su muerte». La acusación particular eleva esa solicitud de condena a los tres años y medio de cárcel, además del pago de las costas procesales. La acusada negó tajantemente que hubiese falseado la rúbrica de Manuel Celestino. «Sería incapaz de hacer algo semejante», dijo visiblemente ofendida. Atacó directamente al hermano de su pareja, de quien manifestó que le había hecho «desprecios toda la vida». «No estábamos casados, pero yo lo consideraba mi marido porque para mí lo era», declaró. Sin embargo, su nombre no salió ni siquiera en la esquela por la muerte del empresario, natural de Mieres pero afincado en Gijón desde la década de los 70.

La mujer explicó que residía en Quintueles junto a Manuel Celestino «desde hacía muchísimos años» y que el texto en el que la nombraba heredera universal lo había escrito en el ordenador «el hombre que lo cuidaba, porque le habían tenido que cortar una pierna y no se valía por sí mismo». Sin embargo, ese asistente personal del finado negó más tarde ante el magistrado Bernardo Donapetry haber redactado ese documento y aseguró que tampoco estaba presente en el momento en el que supuestamente Manuel Celestino plasmó la firma en cuestión.

Esa rúbrica, según los peritos judiciales que ayer testificaron durante la vista oral, «no pertenece al empresario» y, supuestamente, teniendo en cuenta los rasgos de escritura de Mercedes R. C., fue confeccionada por ella misma.

Manuel Celestino Fernández Espina tenía una inmensurable fortuna. Emigró en su juventud junto a sus hermanos a Colombia y treinta años después eran propietarios de 23 establecimientos hosteleros repartidos entre España y las zonas más turísticas de América Latina. A los hoteles de Asturias (Pathos en Gijón y Marsol en Candás) se suman los que poseen en Madrid, León, Cantabria o Galicia. El holding familiar cuenta además con complejos turísticos en Cartagena de Indias (Colombia), Cancún (México), Ciudad de Panamá, Isla Margarita (Venezuela) y República Dominicana, entre otros.

Flota de aviones

En 2005 llegaron a tener su propia flota de aviones y dieron el salto al sector aeronáutico con Air Asturias. La compañía pretendía conectar Asturias con México, Venezuela, Panamá y Colombia. En noviembre de 2006 realizó su primer vuelo y en enero de 2007 cesó su actividad. Años antes habían sido accionistas en otra compañía (20% de la participación), Air Madrid, que también conectaba España con América Latina. Vendieron su parte en 2004 al grupo Optursa Management, dos años antes de que la aerolínea decretase la suspensión de pagos.

Pese a no tenerlo reconocido específicamente en el testamento, Mercedes R. C. litigó por la vía civil para percibir los bienes y el dinero del difunto. No fue hasta cuatro años después del fallecimiento, una vez iniciado ya el procedimiento judicial por la vía civil, cuando hizo entrega de ese ya famoso papel en el que escuetamente ponía: «Yo Manuel Celestino Junquera le otorgo todos mis bienes a Mercedes». Será el juez quien hable, ante la imposibilidad de que lo haga Manuel Celestino.

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