El Comercio

Patrimonio menguante

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Lauredal. El 'Monumento a la paz mundial' de Manuel Arenas está invadido de grafitis, además de presentar un notable descuido en su mantenimiento. / FOTOS: DANIEL MORA

  • El parque escultórico de Gijón es víctima del vandalismo y la falta de mantenimiento. Hasta once piezas tienen pintadas en la actualidad

  • Catorce obras, una de ellas el 'Elogio', carecen de placa identificativa y varias presentan roturas en sus pedestales, donde crecen malas hierbas

La semana pasada, Francisco Fresno estalló. El artista maliayo remitía un correo a EL COMERCIO donde denunciaba la «desidia» de la Fundación Municipal de Cultura con el arte público y el «aliento» que supone para los autores de los actos vandálicos ver cómo sus acciones se perpetúan en el tiempo incluso si éstas tienen como objetivo una escultura. Ponía Fresno el ejemplo de su obra 'Torre de la memoria', situada en el parque de Moreda, objeto de unas pintadas de grueso trazo un mes después de haber dado aviso a Emulsa. Pero advertía de la existencia de más piezas dañadas en la ciudad.

Su denuncia veía la luz el sábado y esta semana los grafitis habían sido borrados, dejando eso sí unos aparatosos manchones que el óxido tardará en maquillar. Entretanto, a golpe de vista, la mirada del espectador no se centra en los dieciséis metros de la pieza de hierro y acero corten que rinde homenaje al pasado industrial del barrio, sino en las irregularidades de su base, que provocan una confusión inevitable.

El caso de la 'Torre de la memoria', como decía Fresno, no es aislado. En una supervisión de las 36 esculturas públicas de Gijón, este periódico ha podido detectar hasta once con algún tipo de pintada: ocho en la pieza en sí misma ('Cantu los díes fuxíos', 'Castillo de Salas', 'Nordeste', 'Confluencias', 'El cubo', 'Monumento a la paz mundial', 'Dinámica' y 'Homenaje a la República') y otras tres en su pedestal ('Madre del emigrante', 'Nordeste' y 'Andarín'). La mayor agresión, sin duda, es la de la obra de Manuel Arenas situada en pleno corazón del parque del Lauredal. Su 'Monumento a la paz mundial' ha servido de lienzo para el dibujo, con especial visibilidad de los referidos a los genitales masculinos, y también para las clásicas declaraciones de amor, «Carlos por Andrea», y frases hechas como «a veces me pregunto por qué la vida es tan bella, es porque tú estás dentro de ella» o «eres la casualidad más bonita que llegó a mi vida»; sin olvidar el clásico «gilipollas el que lo lea».

Si en el caso de la obra de Arenas el daño causado es grande y el estado de abandono, absoluto; otros no le van muy a la zaga. El 'Nordeste' de Joaquín Vaquero Turcios, situado en la calle Subida al Cerro, de Cimavilla, hace tiempo que dejó de ser una manifestación artística para convertirse en un acumulador de suciedad. En este caso, también han limpiado la cara vista desde la Cuesta del Cholo, dejando al igual que en Moreda unos inevitables manchones sobre el acero corten. Pero han olvidado la otra cara, que sigue presidida por una firma en blanco donde se lee algo así como «Koma», la misma que había en 'Torre de la memoria' y que, curiosamente, está impresa en una calle vecina al parque del Lauredal.

El pedestal de 'Nordeste' completa el clásico cuadro de abandono. Lo preside otra pintada y afinando la vista no dejan de apreciarse destrozos. El mayor, la falta de varias losetas. Y los complementarios, grietas, muescas y malas hierbas asomando por diversas juntas.

Cada pieza presenta su particular parte de 'guerra'. En la senda del Cervigón, el 'Cantu los díes fuxíos' de Adolfo Manzano suma a las pintadas, abundantes, la falta de un plato de mármol desde hace años así como patentes restos de botellón: vidrios rotos en el suelo, plásticos y papeles que cambian por completo la percepción de lo que debiera tomarse como un rincón reservado para el arte. Unos metros adelante, el 'Castillo de Salas' de Rubio Camín está rotulado tanto por dentro como por un lateral, amén de alimentar malas hierbas por todo su perímetro y carecer de placa identificativa. En el parque de Begoña, el mismo autor da cobijo en su obra 'Génesis', sin pretenderlo, a los perros de numerosas personas que no dudan en soltarlos a diario ante una escultura pública para que hagan sus necesidades en el espacio generado por sus tres voluminosas piezas de hormigón. En apenas diez minutos, EL COMERCIO fue testigo de la visita de dos chuchos y del 'olvido' de las heces de uno de ellos.

La viuda de Camín demandó en más de una ocasión un vallado discreto de madera para proteger una de las obras favoritas de su marido. Pero todas las demandas cayeron en saco roto.

En El Humedal, 'El cubo' de Alejandro Mieres, además de grafitis, está adulterado por una pegatina donde se puede ver a un tipo con cara abobada bebiendo una cerveza. Y en El Arbeyal, el 'Andarín' de Miquel Navarro tiene el pedestal metálico lleno de leyendas urbanas con otro añadido adhesivo, esta vez del sindicato CNT, sumado también a la barbarie.

¿Dónde está Chillida?

En las obras más emblemáticas el abandono es menos palpable. El 'Elogio del Horizonte' hace tiempo que fue objeto de la limpieza del vandalismo sufrido en forma de pintadas. Sin embargo, la afamada pieza presenta algunos desconchones que dejan a la vista sus herrajes y, lo más curioso de todo, carece de placa. El nombre de Eduardo Chillida no figura en ninguna parte, ni tampoco la data ni las características de la pieza. Un mal, el de la falta de información, que afecta hasta a 14 de las 36 esculturas públicas de Gijón. En la 'Madre del emigrante', la más maleada de todas a lo largo de sus 46 años de vida, la pieza presenta un aspecto sano, lustroso. Sin embargo, su pedestal tiene una pequeña pintada y unas siete u ocho losetas carcomidas. Y las en su día controvertidas 'Sombras de luz' de Fernando Alba siguen dieciocho años después de su 'no' inauguración sin una placa que las identifique, además de faltarles el césped en su parte más visible. También fueron objeto de vandalismo sus 'Chaponas', pero tras la limpieza el salitre del mar se encargó de maquillar el desaguisado.

Solo se libran de la agresión humana las piezas protegidas por su ubicación: aquellas que está rodeadas de agua ('En la memoria, na memoria' en la plaza de Europa o 'Copulaciones' en Carlos Marx), emplazadas en la autopista ('El cauce' de Vaquero y 'Comunicación' de Canónico), en una rotonda ('Obelisco' de Camín o 'Hacia la luz' de Alba) o al abrigo de un espacio cerrado como el Botánico ('Viomvo' de Fernando Sinaga, ajada, y 'Érase una vez un árbol' de Carmen Cantón, ésta con tres tablones exteriores rotos, a priori, por su deterioro natural), adonde se trasladaron tras los daños padecidos en Los Pericones. El resto han sufrido todas, en mayor o menor medida, la acción del hombre. Y tanto unas como otras, el paso del tiempo, sin ser objeto de un plan de mantenimiento o un lavado de cara colectivo. La primera en instalarse fue 'la Lloca' de Muriedas en 1970 y la última, 'Hacia la luz' de Francisco Fresno en 2009. Entremedias, el grueso fueron colocadas entre 1990 y 2002 al calor de la regeneración urbana de la ciudad.

Al vandalismo sobre las esculturas públicas se suma, igualmente, el de estatuas y otros monumentos, como el dedicado a Fleming en el parque de Isabel la Católica. Todos objeto de un denominador común: la agresión y el abandono.

'Monumento a la paz mundial' (Lauredal):

'Cantu los díes fuxíos' (Cervigón):

'Nordeste' (Cimavilla):

'El cubo' (Humedal):

'Castillo de Salas' (Cervigón):

'Dinámica' (Carretera Carbonera):

'Confluencia' (Pericones):

'Monumento a la República' (Carlos Marx):

'Madre del emigrante' (Muro):

Andarín' (Arbeyal):

'Génesis' (Begoña):

'Elogio' (Cerro):

'Érase una vez un árbol' (Botánico):

Sin placas identificativas:

Entorno:

Iluminación: