El Comercio

Rubén Díez pide colaborar a todos los fieles «para que el templo no se tambalee»

Rubén Díez bendice a los fieles de El Buen Pastor, en Ceares.
Rubén Díez bendice a los fieles de El Buen Pastor, en Ceares. / DANIEL MORA
  • El nuevo párroco de El Buen Pastor tomó posesión en ambiente de fiesta por el sexto aniversario del templo

Fue un acto no exento de parafernalia y formalidad, pero también rodeado de cordialidad y ambiente festivo, por la coincidencia de la toma de posesión de Rubén Díez como párroco de El Buen Pastor, con la conmemoración del sexto aniversario del moderno y funcional templo que la alberga en la calle del Periodista Francisco Carantoña, en Ceares. Rubén Díez, un cura de 33 años y diez ya de sacerdocio, empezó su ministerio como diácono en la parroquia de San Lorenzo y ahora vuelve a Gijón tras un variado currículo dentro y fuera de Asturias; dentro y fuera de España.

Nacido en Pravia, tras el ya citado paso por San Lorenzo se desplazó a Roma, donde durante dos años desarrolló una de sus especialidades, la música (es organista y maestro de capilla) en el Instituto Pontificio de Música Sacra y en la Iglesia Nacional Española. Su experiencia como párroco no es todavía dilatada, dos años, pero sí intensa, ya que fue titular de nueve parroquias a la vez en Cangas del Narcea, como responsable de la feligresía de 45 pueblos.

Para que poco faltase en su currículo, posteriormente fue destinado a Madrid, donde trabajó en un colegio-parroquia que le permitió acercarse a la docencia en su doble vertiente de trato con padres y alumnos.

Su siguiente encomienda comenzó ayer, satisfecho por haber regresado a su patria chica, pero sin olvidar que «la Iglesia tiene muchas sedes» y nunca acaba uno de asentarse, aunque él piensa que concretamente el trabajo parroquial «necesita cierta estabilidad».

De su primera homilía en El Buen Pastor cabe deducir por qué, ya que Rubén Díez explicó a quienes a partir de ahora serán sus fieles que «una parroquia es una familia en la que todos tenemos algo que aportar» y «acompañar va a ser parte de mi misión y tarea», tanto en los momentos de alegría como «cuando nos sentimos tristes y desgraciados».

Como metáfora relacionada con el templo estrenado hace seis años, el nuevo párroco de El Buen Pastor afirmó que «cada uno de nosotros somos una piedra y si la quitamos, el templo se tambalea».

Aunque ayer ofició la primera misa en su nueva parroquia, Díez sabe ya, por informe de su antecesor, Juan Manuel Hevia (cariñosamente mentado ayer), que llega a una comunidad «muy activa y vital, que es lo que importa, más allá de lo que diga el DNI, aunque las edades de sus integrantes son muy variadas.

El grupo de catequesis, de atención a mayores, de Cáritas, o el trabajo unido a las religiosas del Patronato de San José son «aparte de lo que seguramente todavía está por descubrir», la simiente que el nuevo párroco está llamado a cultivar y cosechar.El vicearcipreste, Aurelio Llorens, pidió ayer para él «buena acogida, respeto y diocesaneidad», porque El Buen Pastor «no es una isla».