El Comercio

Tres de cada cuatro edificios públicos son «inaccesibles» para discapacitados físicos

La entrada de la escuela infantil Alejandro Casona carece de una rampa que facilite la movilidad.
La entrada de la escuela infantil Alejandro Casona carece de una rampa que facilite la movilidad. / DANIEL MORA
  • Un estudio de Cocemfe para el Ayuntamiento analiza la adecuación de 203 equipamientos para su uso autónomo por cualquier persona

No basta una rampa frente a la entrada principal para decir que un edificio público es accesible. Porque es habitual que ese elemento tenga una excesiva pendiente en relación a su longitud o, más aún, que carezca de un doble pasamanos a ambos lados o zócalos laterales de protección. Una vez dentro, son comunes los desniveles entre estancias que solo se solucionan mediante peldaños. También las puertas estrechas o la presencia de mobiliario o instalaciones (extintores, radiadores) mal ubicados que reducen el espacio en los pasillos o impiden la realización de giros para las silla de ruedas.

Para la comunicación entre plantas aún hay inmuebles que carecen de ascensor, principalmente colegios. Y respecto a los aseos, además de seguir existiendo edificios públicos que no cuentan con un baño adaptado -pese a que es obligatorio desde hace más de dos décadas-, en ocasiones estos «se utilizan como almacén». También es frecuente que para acceder a ellos sea necesaria una llave, algo que suele garantizar unas mejores condiciones higiénicas pero impide un uso inmediato del aseo, ya que para obtenerla hay que realizar desplazamientos añadidos. Inodoros demasiado bajos o barras auxiliares mal colocadas son otros errores habituales.

Pero esta insuficiente adaptación no afecta solo a personas con problemas de movilidad. Muchos ascensores no ofrecen información en braille y alto relieve ni en la botonera ni en la pared exterior de cada planta, y tampoco emiten señales sonoras. Carecen además de un bucle magnético que permita a los usuarios de audífono escuchar las indicaciones del interfono para emergencias. Es frecuente la ausencia de un pavimento táctil que facilite a las personas ciegas localizar las zonas de atención al público y en la entrada principal, principalmente en centros docentes e instalaciones deportivas, la carencia de pulsadores identificados en braille y fácilmente localizables por su ubicación y por el contraste de colores. También es habitual la presencia de puertas de vidrio difícilmente detectables por gente con problemas visuales, que cuando son de apertura automática no lo hacen con una antelación suficiente para evitar impactos.

Plan de accesibilidad

Todas estas deficiencias forman parte de un exhaustivo estudio realizado por Cocemfe e Ilunion para el Ayuntamiento de Gijón como parte del Plan de Accesibilidad Integral para edificios. Una primera parte, correspondiente al distrito centro, fue realizada ya en 2014. Ahora se suman a ella los distritos este, oeste, sur y El Llano. En total se han revisado 203 inmuebles -algunos forman parte de un mismo equipamiento, como por ejemplo los distintos aularios de un colegio-. En cada uno de ellos se ha analizado su adaptación a personas con discapacidad física, visual y auditiva desde siete variables: acceso exterior, atención al público, comunicación horizontal -dentro de una misma planta-, comunicación vertical -entre plantas-, aseos, vestuarios y salón de actos. Posteriormente se ha indicado si para cada uno de estos parámetros el edificio es 'accesible', 'practicable' o 'inaccesible'. Esta última calificación se da, en cada variable, cuando se entiende que no se facilita un uso autónomo por parte de las personas con discapacidad.

El estudio identifica como 'inaccesible' para discapacitados físicos la entrada al 76,8% de los edificios revisados, entre ellos el 90,4% de los centros docentes. Un 89,1% de los inmuebles públicos carecen además de aseos que garanticen la autonomía de estos usuarios, cifra que se eleva al 93,6% en el ámbito educativo y al 100% en el sanitario. Más de la mitad de los equipamientos, 53,6%, presentan deficiencias en la comunicación entre plantes y el 67% en los puestos de atención al público. Los discapacitados visuales tienen problemas para desenvolverse con autonomía en el 79,3% de los accesos y en un 87,1% de los casos también para localizar y utilizar los aseos. La comunicación vertical falla en el 69,9% de los edificios. En el caso de las personas con discapacidad auditiva las mayores dificultades se dan para moverse entre plantes. Un 58,1% de los inmuebles no están preparados para ello.