El Comercio

La nueva partida de los viejos juegos 'arcade'

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El informático Luis Álvarez prueba una de las máquinas tras repararla. / Á. S. C.

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«Mi sueño y el de muchos niños de mi época era tener una máquina recreativa en casa. Conseguí tener no solo una, sino unas cuantas más». Lo cuenta Luis Álvarez, gijonés del 79, junto a su Super Vídeo. Una máquina 'arcade' original como las que antaño poblaban salones recreativos y bares.

Luis Álvarez y David González, de la Asociación del Videojuego Clásico, comenzaron a indagar en los restos arqueológicos del videojuego 'arcade' en 2014. Un año después se habían hecho con las máquinas suficientes para emprender su particular restauración. «Es un proceso complejo, depende de cómo nos llegue el 'arcade'. La restauración supone un mínimo de 200 euros y puede llegar a los 1.000», señala Luis. «Esta Super Video, en concreto, llegó con el cristal rajado y los bordes en muy mal estado». El resultado es una máquina que hace viajar a finales de la década de los 80, cuando los 'arcade' vivieron su época dorada en Asturias.

«Tenemos una que está la pobre para dedicarle muchas horas y esfuerzo. Quizás ni siquiera vuelva a la vida», lamenta Luis sobre otra de las dos máquinas en las que trabajan actualmente. Ese proceso de resurrección comienza en casa de la abuela de David, en el pueblo de Guimarán.

La máquina de los recuerdos

David trabajó durante años en el sector del mueble y la carpintería, una experiencia que trasladó a su afición por los videojuegos retro. Él es el encargado de reparar los armazones. Iván, experto en electrónica, remata la restauración en la sede de la asociación, en el barrio de Moreda. Él elige los juegos que instalan en el emulador. «Un cartucho puede llevar hasta los 500 juegos, hay que acotar y meter los mejores títulos: 'Tetris', 'Superpong', 'Pacman', 'Street Fighter II'...», explica Luis.

Su objetivo es reintroducir estas máquinas en los bares y recreativos, de donde fueron desterradas tras el 'boom' de los 90. «Para que las disfrute la gente que jugaba en su día y para que las conozcan las nuevas generaciones», explica Luis. Por el momento, son tres los locales de Gjón y otro más en Oviedo los que han instalado sus máquinas de videojuegos.

Insertando las monedas en la máquina.

Insertando las monedas en la máquina.

El pub 'Flashback Tattoo', en El Coto, cuenta con una Super Video desde hace una semana. «El estilo retro encajaba bien con el local», cuenta su propietario, Iván Marín, sobre el motivo que le impulsó a alojar la máquina 'arcade'. En Oviedo dispone de otra más, en su estudio de tatuajes. «La gente juega mientras esperan para tatuarse, así alivian los nervios», revela. Tras la buena acogida, ya se plantea colocar dos más.

El retorno

No es el único. David y Luis tienen otro encargo de un bar gijonés. La recaudación se divide al 50% debido al alto coste de mantenimiento. Las máquinas de videojuegos se venden por 900 euros, un precio que no ahuyenta a compradores particulares. «Para casas hemos vendido seis, la última en julio», cuenta Luis. El perfil del jugador nostálgico es variado. «Le vendimos una con armazón entero a un cirujano de Oviedo», explica.

David y Luis fabrican otra opción más económica para los que quieran revivir la sensación 'arcade' sin dejarse el sueldo. Una placa que se conecta al televisor, equipada con 9.000 juegos, y que se vende por 280 euros. La excusa de la compra pueden ser los niños, pero los padres son los que más la disfrutan. «Les gusta jugar a ellos, lo primero, pero también les gusta mostrársela a sus hijos. Les dicen, a esto jugaba tu padre», apunta Luis.

La Super Video emite su característica melodía. En sobreimpresión, sobre la pantalla de tubo catódico, parpadea un 'Insert coin' ('inserte moneda') que invita a iniciar la partida. Luis no se resiste e introduce la moneda. «En esta ranura se nos iba mucho dinero, monedas de cinco duros o cien pesetas. Al verla de nuevo sientes que vuelves a la infancia, cuando la única preocupación era pasarte el día delante la pantalla». Parece que las cosas entonces no han cambiado tanto.