El Comercio

Al rescate de los cimientos de Gijón

En primer plano, Bárbara, Blanca, Pablo e Ignacio. Detrás, Claudia, Gemma, Daniel, Carolina, María José y las profesoras Cristina García-Sampedro y Marisa Morán, en la entrada del Codema.
En primer plano, Bárbara, Blanca, Pablo e Ignacio. Detrás, Claudia, Gemma, Daniel, Carolina, María José y las profesoras Cristina García-Sampedro y Marisa Morán, en la entrada del Codema. / A. FLÓREZ
  • Proponen visitas guiadas y jornadas de acceso gratuito a los museos para dar a conocer el pasado que explica la ciudad actual

  • Alumnos del Codema piden mayor protección del patrimonio arqueológico

Más promoción y leyes más completas para su adecuada conservación de las huellas que el pasado dejó en el concejo. Estas son dos de las principales conclusiones a las que llegaron los alumnos del colegio Corazón de María en su estudio 'Cuando las piedras hablan', un proyecto centrado en el patrimonio arqueológico gijonés que ha sido distinguido con un accésit en el concurso Eustory, al que se presentaron obras desde España, Portugal y América.

Durante el pasado curso, diez estudiantes del Codema se volcaron en esta iniciativa, visitando lugares como Veranes, las termas, la Campa Torres... «Esta experiencia nos ha servido para entender el pasado, para ver cómo se hacían las cosas antiguamente y qué se hizo para que la ciudad sea como es hoy en día», explicaba María José Cerqueiro, integrante del equipo -tutelado por las profesoras Marisa Morán y Cristina García-Sampedro Clérigo- junto a Gemma Palomo, Daniel Santos, Ignacio Álvarez, Bárbara Civantos, Pablo Crespo, Carolina Carretero, Laura García (que no pudo posar ayer con sus compañeros para la fotografía), Claudia Medio y Blanca Pérez.

Además de ahondar en el conocimiento de la ciudad en la que viven, estos jóvenes sacaron sus propias conclusiones sobre la importancia de cuidar del patrimonio histórico-cultural y qué pasos se pueden dar en ese sentido.

Tras las visitas realizadas, constataron que, en general, el nivel de conservación de la riqueza arqueológica en Gijón es óptimo. Eso sí, consideran que siempre hay algo más que hacer, que no hay que quedarse parados. «A veces no somos conscientes de lo que tenemos», puntualiza Ignacio Álvarez, quien centró sus esfuerzos en este trabajo, precisamente, en los aspectos relacionados a la legislación en cuanto a protección. Explicaba que, por ejemplo, quien acude a un lugar como las termas o Veranes tiene que «respetar» el yacimiento; pero que no siempre es así. «No puedes ir ahí y tocar cualquier cosa y eso es algo que sí está indicado en el propio sitio, pero en las leyes no lo está tanto...», argumentó. «Hay aspectos que se pueden mejorar en la legislación nacional», remarcaba su compañera de estudios María José Cerqueiro.

Otra de las cuestiones en la que consideran que se puede avanzar es en la promoción de esta riqueza patrimonial. «Hay mucha gente que desconoce que todo esto existe, que no sabe lo que hay», comentaba ayer este grupo de trabajo. Así, proponen «dar a conocer» eso que las piedras ocultan a través de la organización de más visitas guiadas, más jornadas de puertas abiertas y de fomentar más días de acceso gratuito a los museos.

Saben de lo que hablan porque durante todo un curso, el del año pasado, en el que estudiaban primero de Bachillerato, se dedicaron a documentar a conciencia los yacimientos «importantes» de Gijón. «Empezábamos leyendo sobre el tema, recabando información de los lugares que íbamos a visitar. Después, nos desplazábamos hasta allí y hacíamos fotos y vídeos», destaca este equipo que aparte de profundizar en el pasado del concejo ha adquirido otras habilidades con esta iniciativa. «Ha sido muy enriquecedor, hemos aprendido a trabajar en equipo y a hacer las cosas de manera coordinada», destaca Cerqueiro.

«Ganas e ilusión»

Y aunque ninguno, salvo sorpresa, se decantará por estudiar arqueología, su pasión por la Historia se deja notar en sus palabras, las mismas «ganas e ilusión» por aprender más que marcaron su trabajo y que fue merecedor de un accésit en la novena edición del concurso Eustory, una distinción que el Codema ha conseguido por segunda vez de forma consecutiva.