El Comercio

El deporte como herencia familiar

Malela y Ángeles Zorrilla, en el parque de Teodoro Cuesta.
Malela y Ángeles Zorrilla, en el parque de Teodoro Cuesta. / JORGE PETEIRO
  • Estuvieron entre las pioneras de la natación en piscina de Gijón en un equipo formado por Janel Cuesta en el Grupo

Hijas del que fuera presidente del Grupo de Cultura Covadonga Manuel Zorrilla de la Gándara, Ángeles y Malela Zorrilla Revuelta aprendieron a nadar cuando Mireia Belmonte no se encontraba todavía ni siquiera en fase de anteproyecto y Juan Antonio Samaranch era concejal de Deportes del Ayuntamiento de Barcelona. Lo hicieron, recuerda Malela, a recostín de su padre, en la playa, con el que iban «hasta la boya». Las boyas marcan ahora los canales de acceso de embarcaciones deportivas, pero a comienzos de la década de los sesenta del pasado siglo eran una especie de aviso a los bañistas sobre dónde se encontraban los límites de la prudencia.

Manolo Zorrilla, hombre corpulento y con 1,95 metros de estatura en una España de talla corta, a quien no era difícil encontrar de caminata por los Picos de Europa, pero más vinculado al frontón que a cualquier otro deporte, inculcó en sus hijas el placer de nadar entre las olas antes que en la piscina.

Ángeles ya sabía nadar bien cuando se inauguró la piscina del Grupo, pero ni que decir tiene que no hablamos de la piscina olímpica de Las Mestas, sino de la primera, descubierta y entre edificios en la calle del Molino, actual Emilio Tuya. Eso hizo que Janel Cuesta, ocupado de aquella en formar un equipo de nadadores en el Grupo, se fijase en sus condiciones y no dudase en hablar con la madre de Ángeles para que permitiera que la joven compatibilizase los estudios con el entrenamiento. Con Malela se repetirían los pasos y el procedimiento, pero unos pocos años más tarde.

Ambas hermanas compitieron con los colores del Grupo y Malela, en la difícil especialidad de mariposa, llegó a conseguir más de un récord de Asturias y el título de subcampeona en unos Juegos del Cantábrico. «Yo siempre tenía a alguien un poquito por delante -cuenta Ángeles sin aparente ambición de podio-. Nadé en todos los estilos, pero si no era Lali Carrascosa era Paquita, siempre tenía a alguien por delante». El recuerdo se relata sin envidia ni frustración, porque «yo soy un poco bañista», señala para destacar que, aunque formó parte de un equipo pionero de la competición en piscina de Gijón, la natación le produjo más satisfacción que retos. Una forma de ver las cosas que congenia con la de un club «nada elitista» que nació para proporcionar ocio saludable a los gijoneses y que hasta no hace tanto rehuyó la alta competición por los intereses que habitualmente la rodean.

En el mismo sentido se enmarca la actividad de Ángeles Zorrilla como instructora de natación. Estuvo un año en la Escuela Nacional de Educación Física Femenina (ENEFF), en Madrid, pero pronto cambió su orientación profesional y estudió, ya en Gijón, en la antigua Escuela de Comercio. No obstante, atraída por la docencia y la natación, Ángeles realizó los cursillos necesarios para enseñar a los jóvenes de Gijón la teoría y la práctica del que siempre fue su deporte favorito. Empezó como monitora en el Grupo, hasta 1974, y pasó luego al Chas, donde impartió clases solo un par de años más, porque «tres hijos y un trabajo te alejan rápido de todos los deportes del mundo».

«Yo creo que di cursillos a medio Gijón», responde ufana a la pregunta de cuántos chavales habrán pasado por sus clases. Pero la filosofía defendida como practicante la mantuvo también como docente y el objetivo de que sus alumnos dejaran de ver en el agua un medio hostil, la aspiración de que disfrutaran del baño tanto como ella, fueron siempre superiores al deseo de que sus alumnos lograran marcas y medallas.

Ángeles y Malela Zorrilla están ya apartadas de la natación que se desarrolló con ellas en los primeros años de piscina del Grupo Covadonga, en todo lo que no sea aprovechar al máximo un buen día de playa, pero todavía debaten sobre qué estilo emula mejor a los peces. «La braza», dice resuelta la una; «¡Qué va! Sin duda la mariposa», replica con convicción la otra.

La mayor tiene el número 155 de socia del Grupo y la participación en los encuentros de la asociación de veteranos que lidera Lisardo Argüelles le permite cada año compartir recuerdos de un pasado en el que el deporte dejaba de ser un lujo. Trabaja en el departamento de Estadística Agroalimentaria del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, y sus hijos y nietos ocupan su tiempo libre con preferencia sobre cualquier deporte.

Malela se alejó pronto de Gijón por motivo profesional. Buscó su vida en la Gran Bretaña y luego en Barcelona, de traductora de inglés.

Pero ambas recuerdan la natación con cariño y como una parte grata de sus vidas.