El Comercio

Los olayistas se bañan en oro

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Los galardonados posan minutos antes de la celebración de la comida homenaje en el hotel Silken. / DAMIÁN ARIENZA

  • La entidad deportiva de El Natahoyo distinguió a diecinueve socios por su medio siglo de fidelidad

  • «Fueron cincuenta años fabulosos», recuerdan antiguos deportistas del club

Cincuenta años dan para mucho. Y si no que se lo pregunten a las diecinueve personas que fueron galardonadas ayer por estar ligadas al club Santa Olaya durante cincuenta años de manera ininterrumpida. Un tiempo para reír, para soñar, para trabajar, para disfrutar de los amigos, para enamorarse y, cómo no, para pegarse unos cuantos chapuzones. Y todo eso quedó consagrado con la celebración de un banquete por todo lo alto -cincuenta y cinco personas- en el hotel Silken y con la entrega de la insignia de oro, llevándolos así a lo más alto del podio de la entidad olayista.

Los recuerdos estuvieron más vivos que nunca. «En este día tan especial me acuerdo de mi infancia y juventud las cuales pasé en Santa Olaya, fue fantástico. Que buenos tiempos y que buenos bocadillos de tortilla...», rememoraba Luis Félix Fernández Menéndez, que estuvo como presidente de la entidad desde el año 2001 hasta el 2013, y ayer recogió su oro especial. Y es que como él dice, «fueron cincuenta años fabulosos, allí conocí a mi mujer que era nadadora. Allí nos casamos y cómo no, mis hijos están asentados en el club». Entre anécdotas y risas uno a uno iba contando sus experiencias. Algunos se emocionaban al recordar aquellos tiempos, otros simplemente sonreían con lo que escuchaban.

«Veo a mucha gente de aquella época. Hay muchísimos», explicaba Jorge Espinosa Castro también ex presidente del club durante 1989 y 1997. «Llevo toda la vida metido allí. Como nadador y como presidente. Es todo un orgullo». Y por ello, recibió el oro tan merecido. «Como presidente viví los mejores años. Ahora veo muy bien al club pues, tienen socios, las cuentas están bien y van creciendo... No se puede pedir más», decía. Para Espinosa todo está perfecto aunque asegura que «me gustarían más cosas, pero hay que dejar a los que están y a los que vengan que tiren para adelante. El Santa Olaya es mi vida».

Mención para los que no están

Una vida que también recordaron fue la del socio Juan Daniel García Rodríguez, fallecido el pasado miércoles 12 de octubre y a quien le habría «encantado» ir por su insignia de oro. «El año que viene me dan a mí la medalla hermanín», llegó a decir hace doce meses el mismísimo Juan Daniel. Pero no pudo ser y el galardón fue recogido por su inseparable amigo y compañero José Armando Martínez. «Es triste porque hoy no está... Pero bueno, en la comida recordaremos los viejos tiempos», decía entristecido José Armando.

Y así, los recuerdos cobraron importancia, restando el brillo de los diecinueve oros de los que hacían gala los homenajeados, dejando claro que la verdadera luz, no está en una medalla, sino en la «gran familia» que siguen formando. El año que viene habrá más pues, en el Santa Olaya es un no parar.