El Comercio

«Vivo de la caridad por culpa del odio que me tenía el hermano de mi marido»

Mercedes Rodríguez muestra el que dice que es el anillo de compromiso de Manuel Celestino.
Mercedes Rodríguez muestra el que dice que es el anillo de compromiso de Manuel Celestino. / JOSÉ SIMAL
  • «Solo quiero lo que me corresponde después de 32 años de convivencia. Esta gente no se anda con tonterías, pero yo no les tengo miedo»

  • Mercedes Rodríguez Chacón. Encausada por la herencia de Celuisma

Mercedes Rodríguez Chacón acaba de ser condenada a cuatro meses de cárcel por presentar un documento supuestamente falso en el juzgado para conseguir parte de la herencia del que asegura fue su «marido» durante 32 años: el copropietario de Celuisma, Manuel Celestino Fernández Espina. El hermano del multimillonario empresario, socio en los negocios, fue declarado heredero por auto del Juzgado de Primera Instancia nº1 de Gijón en 2011. Solo en derechos de sucesión han abonado al Principado 16 millones de euros.

-¿Manuel Celestino, uno de los empresarios asturianos más acaudalados, murió sin testamento?

-Sí, y mira que se lo asesoraron abogados, pero no quiso, tenía miedo, estaba muy amenazado de que si no firmaba lo que el hermano quería iban a venir los colombianos y le cortaban las manos. Entre ellos se llevaban a la gresca, incluso se denunciaron.

-Ha recurrido la condena. Sigue negando que falsificase la firma.

-¿Quién va a falsificar una firma con erratas? Es de tontos. En esa firma en lugar de Fernández está escrito 'Fernannández'. Lo escribió él pero ya estaba muy mal de salud. Le había dado un ictus en 1992, se recuperó pero bebía mucho y se fue deteriorando.

-¿Seguía al frente de los negocios cuando falleció?

-De caballo blanco... Murió casi en la indigencia. El hermano no le daba el dinero que le correspondía, le pagaba al cuidador, le daba el dinero para comer y poco más...

-¿Cómo se conocieron ustedes?

-Me lo presentó José Fresno cuando tenía yo 17 años, era una niña, una muñeca y él me sacaba 27 años... Manuel, Lolo, se enamoró perdidamente de mí y yo, como mi madre estaba enferma y necesitaba dinero para los tratamientos, me dejé querer. Los dos primeros años que estuvimos juntos no estaba enamorada de él, luego ya sí. Nos fuimos a Colombia por temporadas y ya luego nos instalamos en Villa Aurora, en La Providencia.

-No se llegaron a casar.

-Yo después de que muriese mi madre en 1992 no tuve ningún interés en casarme con él y como siempre me dijo -y lo sabe toda la gente de la sociedad con la que nosotros nos relacionábamos- que todo lo que tenía era para mí... No quise arreglar las cosas antes de que muriese porque siempre fui una inocente. Lo sabe todo Gijón que yo era su mujer, pero entre la gente obrera hay mucha envidia y yo nunca fui ambiciosa y nunca presumí de nada, incluso me iba a comer con mis empleadas. Teníamos cinco personas de servicio.

-¿Y ahora cómo se encuentra?

-Pues muy mal, viviendo de la caridad por culpa del odio que me tiene el hermano de mi marido, que nunca me aceptó. He tenido que aprender, a mis 55 años, a cocinar y limpiar. Ni mi mamá ni mi marido me dejaron nunca hacer nada... Pero no me avergüenzo de estar en esta situación. Sé que se va a arreglar.

-¿Por la vía civil?

-Estamos solo pendientes del Supremo para que me dé la razón y me concedan la convivencia para luego poder cobrar la pensión de viudedad.

-La familia del fallecido alega que no vivían juntos.

-Convivimos 32 años, pero en la última época él estaba en el piso de Capua y yo en Quintueles cuidando al perrín, porque Lolo no quería que dejase al perrín solo. Nos llevábamos muy bien, pero yo había veces que me indignaba por lo cobarde que era por no enfrentarse a su familia. Luego me di cuenta de que el miedo es libre y que él más que nadie sabía hasta dónde podía llegar. Y esa gente no se anda con tonterías. Lolo a su hermano le tenía pavor. Solo quiero lo que me corresponde, nada más.

-¿Se pondrá a trabajar si no le conceden la viudedad?

-No estoy para trabajar, estoy de los nervios. Incluso me intenté suicidar hace años y cuando llegué a Cabueñes dijeron los médicos: '¿Pero este cuerpo qué es? ¿De modelo? ¿De actriz?'. Tuve tres años un solarium muy famoso en la calle San Bernardo. Lo compré con la parte que me correspondió cuando la familia de Lolo vendió el chalé en el que vivíamos en La Providencia. Al principio no me querían dar nada, pero yo quería mi parte. ¿Entonces yo qué era? ¿Un pedazo de carne con ojos? Cuando empezó a dar deudas lo traspasé. Por aquella época me compré una casina en Deva, pero no para vivir nosotros, para que viviesen los trece perros que teníamos, yo dije que no iba a vivir a la pocilga de la casa de Quintueles a la que se vino a vivir Lolo hasta que la arreglasen.

-¿Y volvieron a convivir después de aquello?

-Sí, adecentó la casa y le encargó un proyecto al arquitecto Diego Cabezudo que le costó nueve millones de pesetas para hacer una mansión con once baños. Porque él de aquélla contaba con su dinero, pero su hermano no se lo dio. Lo tenían en la miseria. Tuvo épocas de gastar mucho dinero, un millón de pesetas en una tarde al pócker en casa Zagal, pero luego le dejaron sin nada. Y yo podía estar viviendo como una reina con todos los pretendientes que me salieron cuando él murió, pero nunca quise. ¿Qué voy a estar con un hombre sin estar enamorada solo para que me mantenga? Prefiero estar sola y pedir una paga.

-¿No quisieron tener hijos?

-Tuve cuatro abortos. El último, con 37 años. Fui al médico porque me salieron unas ronchas en la barriga y me dijeron que tenía varicela y un embarazo. Luego lo perdí.

-¿Cómo recuerda los años que pasaron en Colombia?

-Muy felices y de aquélla la familia de mi marido me requeteadoraba. Su tío Arsenio me defendía mucho y le decía a Lolo por mí: 'Quien coma carne, que roa el hueso'. Pero murieron todos los que me defendían. En Colombia hacíamos vida con Pablo Escobar, con los Ochoa, con Mata Ballesteros, 'El Negro'.... Me caían bien, yo era una niña y tampoco sabía muy bien de qué iba aquello.

-¿Va a seguir en su intento de conseguir parte de la herencia?

-Tengo que echarle valor porque tengo que defender mi vejez. Son gente muy poderosa, que incluso llegaban a reírse del 'Pocero' diciendo que no tenía nada comparado con lo que tenían ellos, pero no les tengo miedo.

-¿Por qué se refiere a él como su marido ni no estaban casados?

-Porque para mí lo era. Antes de morir en el hospital Lolo dijo: 'Llama al cura, a don Abelardo'. Creo que se quería casar. Pero ya no nos dio tiempo.

-¿No querría la extremaunción?

-Él se quería casar conmigo. Y hasta el último momento estuvo totalmente lúcido. Yo he llegado a sospechar que le hicieron algo para que no cumpliese su propósito, que lo afogaron o algo... Pero no se puede demostrar.

-¿Cómo recuerda a su marido?

-Con un sentimiento agridulce por todo lo que me está haciendo pasar ahora.