El Comercio

Europa pone freno a 24 regasificadoras

Imagen de la planta regasificadora construida en la ampliación del puerto de El Musel.
Imagen de la planta regasificadora construida en la ampliación del puerto de El Musel. / E. C.
  • En España, las seis plantas existentes solo explotan el 20% de su capacidad ante el parón del consumo tanto industrial como eléctrico y residencial

  • La baja demanda obliga a una reducción de instalaciones mientras la de El Musel continúa paralizada

La regasificadora de Enagás, construida en los terrenos de la ampliación de El Musel, sigue contando sus días entre el parón por orden judicial y la incredulidad de quienes ven cómo un proyecto que en su día fue tildado de estratégico para el tejido industrial asturiano no es ahora más que una obra faraónica a la espera de destino. El pasado mes de mayo se cumplieron diez años desde que se iniciaron los trámites para construir esta instalación en el puerto exterior gijonés y, en la actualidad, con una sentencia firme del Tribunal Supremo reafirmando su ilegalidad, sobre ella se ciernen negros nubarrones. Ahora, la Autoridad Portuaria de Gijón decide penalizar a la empresa con 400.000 euros anuales por incumplir los compromisos de tráfico previstos, cuestión imposible dada su total paralización.

Con las cosas en este punto, dos décadas después de aquel primer contacto en la Dirección General de Política Energética, con 382 millones invertidos, y con no poca polémica a sus espaldas, la pregunta que flota en el aire es más bien simple: ¿por qué no acaba de arrancar la planta regasificadora de El Musel?

Podía aducirse, argumentos sobrados hay para ello, que, como se citaba con anterioridad, los tribunales la han declarado ilegal y, en consecuencia, en esas condiciones no cabe ni poner esa hipótesis sobre la mesa. Pero, a decir de los expertos, estas cuestiones jurídicas siempre son susceptibles de orillar si los objetivos finales lo justifican. Dicho de otra manera, si España necesitara de la regasificadora de El Musel para cubrir sus necesidades gasísticas, a buen seguro se hubieran movido otros cables para dar salida a un asunto que está enquistado y sin solución que se vislumbre a corto, medio y, siquiera, a largo plazo. Pero, ¿cuál es el problema? A decir de los expertos consultados por este periódico, lo fundamental es que España tiene superávit de regasificadoras, seis en total (Barcelona, Sagunto, Cartagena, Huelva, Bilbao y Mugardos). Portugal tiene una. Alemania, ninguna. La Administración central, a buen seguro, juega con estos datos. Entre las seis plantas citadas, tienen una capacidad combinada de producción anual (datos de 2015), de 3.316.500 metros cúbicos GLN, y el consumo en España fue (también en 2015), de 660.000 metros cúbicos GLN, es decir, el 20% de esa capacidad de producción. Sólo la planta de Huelva (619.500 metros cúbicos) sería casi capaz de surtir toda la necesidad nacional en la actualidad.

Los datos oficiales denotan que hay un 80% de la capacidad instalada en España que no se explota. Dicho de otra manera, que las plantas españolas funcionan, por mor del mercado y la demanda, al 20% de su capacidad. La regasificadora de Enagás en El Musel contribuiría a aumentar la capacidad de producción anual a 3.616.500 metros cúbicos en un momento donde el consumo está claramente estancado, lo que contribuiría a aumentar la capacidad instalada sin explotar a un 82%.

Una oferta sobredimensionada

En estas condiciones, y en términos estrictamente económicos y con datos oficiales, los expertos consideran que poner en marcha la regasificadora de El Musel tendría una difícil justificación. Se valora, por ello, que el sistema está sobredimensionado, con una oferta mucho mayor que la demanda actual en sus tres mercados principales: la generación eléctrica, el uso industrial y el uso residencial. Otra cuestión, también se matiza, son las decisiones políticas, que no siempre van ligadas a la realidad empresarial y económica y que se mueven por diferentes raseros.

La cifra de regasificadoras en España no tiene parangón en Europa. Además de las seis que ya están en funcionamiento, y la de Gijón en hibernación, se están construyendo dos más, una en Tenerife, que se ubicará en el puerto de Granadilla, y otra en Gran Canaria, en el puerto de Arinaga. Cada una contará con un tanque de almacenamiento de 150.000 metros cúbicos. En este mercado, con España como el país europeo con mayor capacidad de regasificación, debería de competir la planta de El Musel.

En el territorio nacional se acumula el 36,5% de la capacidad de regasificación en Europa. España recibe el 53% de su gas natural por gasoductos y el 47% como Gas Natural Licuado por buques metaneros y a través de las seis plantas regasificadoras activas, muy por encima del 14% de media europea. Además, recibe gas natural a través de seis puntos de conexión internacional: dos con África por Tarifa y Almería; dos con Portugal, a través de Badajoz y Tuy, y otros dos con Francia, por Irún y Larrau. En la actualidad, en Europa hay 23 plantas regasificadoras (incluidas las seis españolas), otras cinco se encuentran en construcción o hibernadas (caso de la de Gijón) y las planificadas, nada menos que 24, están totalmente paradas, es de suponer, a la espera de tiempos mejores, ya que la demanda, que es quien fija los criterios del mercado, no deja de disminuir desde el año 2008.

En México, desmantelada

La mayor parte de las plantas se encuentran en el suroeste europeo, aunque han aparecido en los últimos tiempos nuevas inversiones en el noreste del continente, en países como Lituania y Polonia. En la actualidad, Rusia y Noruega son los grandes suministradores de Europa, seguidos bastante lejos en su nivel de aportación por Argelia. Sea como sea, el objetivo de la Comisión Europea es mejorar la seguridad energética y garantizar la consolidación de un mercado único de la energía, con el objetivo de reducir el consumo de petróleo, diésel y carbón, y aumentar el uso de combustibles menos contaminantes como el Gas Natural Licuado (GLN), Gas Natural Comprimido (GNC), biodiésel, metano y otros.

En todo caso, el parón de la construcción y apertura de plantas de regasificación es global y afecta a escala mundial, con la mitad de los proyectos suspendidos o cancelados, tres plantas construidas canceladas o hibernadas (la de Gijón) y una desmontada en los Estados Unidos. También una regasificadora flotante en el Golfo de México fue desmantelada por su baja rentabilidad económica. Este último caso es único en el mundo. Se construyó a cien millas de la costa, pero no pudo con los daños del huracán Ike y con la competencia del fracking. Se desmontó en apenas 68 días. A ese caso, hay que sumar la cancelación de las plantas de Bear Heard, en Canadá, y de Brindisi, en Italia, y los 22 proyectos de plantas regasificadoras suspendidas y canceladas: doce en los Estados Unidos, cuatro en Canadá y el resto en Europa, dibujan el ajuste obligado por la prolongada crisis económica a escala mundial.

El mayor barco del mundo

A eso, se une la tendencia mundial de huir de las plantas fijas y trabajar con la licuefacción en unidades flotantes. ¿Un ejemplo? El denominado 'Prelude'. Se trata de una enorme plataforma flotante de 488 metros de eslora y 78 metros de manga, probablemente el mayor buque actual, ubicada por la empresa Shell a 200 kilómetros de la costa de Australia. ¿Sus ventajas? Evita los cada vez mayores costos de las plantas en tierra y, además, tienen capacidad de moverse a dónde se les requiera y dónde las demande el mercado. Por ahí, a decir de los expertos, camina el futuro del sector. La planta de Gijón, además de cuestiones legales, no es ajena a esa pinza general y a la aparición de nuevos y modernos nicho de mercado. Luego, para añadir más incertidumbre, están los frentes judiciales. El pasado mes de junio, Enagás ya optó por ni siquiera recurrir la sentencia del Tribunal Supremo que declaraba su planta de El Musel como ilegal, por el conocido argumento de haber sido construida a menos de 2.000 metros de un núcleo habitado.

Entonces, ¿qué hacer con esas instalaciones recién construidas? Enagás, una vez que renuncia a la regasificación, busca opciones. Una de ellas sería utilizarla como planta de almacenamiento, que no sería la mayor en España. Barcelona dispone de seis tanques; Cartagena y Huelva, de cinco; Sagunto, de cuatro tanques y Bilbao, de tres. Solo Mugardos y Gijón tienen dos tanques. En todo caso, siempre podría ser una posibilidad de futuro, aunque la demanda fundamental de consumo debería de venir del combustible de los buques, una vez que se transforme la flota para el uso de LNG y electricidad en los sistemas híbridos de propulsión de los barcos. El plazo para esa reconversión es largo, se fija para el año 2025 y las navieras, con toda probabilidad, apurarán al máximo esa fecha para rentabilizar sus actuales inversiones. La demanda, en suma, no parece que vaya a aumentar, por esa vía, de forma exponencial. Diez años es, quizás, demasiado tiempo.