El Comercio

Una fiesta sobre Ruedes

En el centro, Antonio Blanco y Argentina Valdés, acompañado él por su esposa, María del Carmen Ordiales, entre los concejales Arrieta y Aparicio, con otros dirigentes vecinales de Ruedes.
En el centro, Antonio Blanco y Argentina Valdés, acompañado él por su esposa, María del Carmen Ordiales, entre los concejales Arrieta y Aparicio, con otros dirigentes vecinales de Ruedes. / J. R. URÍA
  • «Mejoramos mucho en todo», resalta Antonio Blanco, exdirigente vecinal distinguido junto a Argentina Valdés

Organizó cerca de una docena de homenajes a los vecinos más veteranos de Ruedes durante casi veinte años como dirigente vecinal de la parroquia y ayer le tocó a él, Antonio Blanco, asumir el protagonismo de homenajeado, junto a Argentina Valdés, en una celebración regada también con la savia nueva de dos jóvenes hermanos que aportaron su música de gaita y tambor a la misa. Fue una jornada de hermanamiento y amplia participación en la que las reivindicaciones quedaron aplazadas para disfrutar con la compañía de quienes viven en Ruedes, de quienes allí nacieron o pasaron sus primeros años, pero residen ahora en otra zona, y de los que encuentran entre sus árboles y campos el sosiego deseado para su segunda residencia.

«Mejoramos mucho en todos los sentidos: obras, comunicaciones, porque el Ayuntamiento nos trata bien, pero algunas cosas nos costó mucho conseguirlas, como el apeadero de Feve, que es nuestra única conexión de transporte público, porque el autobús se organizó mal y no funcionó», señaló Antonio Blanco poco antes de recibir el aplauso y obsequio de sus vecinos de Ruedes.

Hace año y medio que carece de cargo en la agrupación vecinal al sufrir un ictus que le alejó de esa labor de enlace entre los parroquianos y el Ayuntamiento que desempeñó con esmero como vocal y secretario. En realidad, Antonio Blanco es sierense y desarrolló gran parte de su vida laboral en una fábrica de charcutería de Noreña que ya ha cerrado. Fue en el año 2000 cuando construyó casa en Ruedes y emprendió una activa lucha por la parroquia de la que, no cabe duda, se siente orgulloso. «Colaboré cuanto pude, pero Ruedes también me dio a mí mucho, así que no creo que me deba nada. Antes bien, estoy muy agradecido por este homenaje», destacó Blanco. Su esposa, María del Carmen Ordiales, sus tres hijas y los concejales Manuel Arrieta y Esteban Aparicio fueron testigos de un acto en el que compartió honores con Argentina Valdés. También para ella fue ayer un día grande e intenso en emociones, especialmente al recordar que su esposo, Adolfo Rodríguez, fallecido hace once años, «fue un pionero del movimiento vecinal, cuando en Ruedes solo había caleyes y de les males».

Argentina nació en Cenero, pero al casarse pasó a vivir en la casería de su esposo, en Ruedes, y se convirtió en una de esas mujeres rurales que hace un poco de todo, agricultura y ganadería, además de llevar la casa y sacar adelante a su hija, que ayer la acompañó en el homenaje, con el yerno y los nietos.

Previamente al almuerzo de confraternización y homenaje en el restaurante Las Peñas, de Santurio, los vecinos de Ruedes asistieron a una misa en su propia parroquia.

Gaitero y tamborilera

El acto religioso contó con la aportación musical de los hermanos Rubén y Claudia Moro, de 11 y 9 años, respectivamente; gaitero él y tamborilera ella, que representan el relevo generacional en Ruedes y las dificultades que encuentran para, por ejemplo, integrarse en un grupo folclórico, por los problemas de desplazamiento. Gracias a un tío de ambos, con el que comparten afición por la música asturiana, asisten una vez a la semana a las clases que José Ignacio Cardín imparte en Pañeda (Siero), y ayer demostraron en público lo aprendido, para deleite de sus vecinos.