El Comercio

El pendón vuelve a ondear en la costa

Decenas de pendones se levantan en la plaza Mayor, desde donde salieron a recorrer el Muro.
Decenas de pendones se levantan en la plaza Mayor, desde donde salieron a recorrer el Muro. / DAMIÁN ARIENZA
  • Las 54 enseñas acuden desde 34 pueblos para recorrer todo el paseo del Muro y finalizar en una comida de hermandad

  • Tras la ausencia del pasado año, el Día de León en Asturias juntó a 300 personas

Pese a que las raíces de sus estandartes se remontan a la época medieval, fruto de la necesidad de identificar las casas que marchaban hacia una campaña bélica, las intenciones de estos invasores foráneos estaban muy lejos de suponer un peligro para la integridad de Gijón. Sin embargo, no sería exagerado afirmar que cientos de leoneses conquistaron ayer -al menos durante el mediodía- el paseo litoral del Muro.

Con música, folclore y muy buen humor, los 300 invitados celebraron por todo lo alto el Día de León en Asturias, tan concurrido como siempre en homenaje a la Virgen del Camino y San Froilán. La tela de los pendones, que se elevaron más de tres metros por encima de las cabezas de los paseantes, volvió a servir de unión entre dos pueblos históricamente afines. Este año, más si cabe debido a que la edición de 2015 se tuvo que cancelar debido a la falta de presupuesto de las organizaciones implicadas. «Es, ante todo, un hermanamiento entre León y Gijón. Venimos de muchos pueblos de toda la provincia y para nosotros es un orgullo poder lucir nuestras señas de identidad por esta ciudad», expuso uno de los encargados de sostener el asta de un pendón. El recorrido, que partió desde la plaza Mayor pasado el mediodía, transcurrió con un espléndido tiempo más propio del verano, con 20 grados bajo el sol y la presencia de rachas de viento que ayudaron a lucir más si cabe las enseñas leonesas.

Viñales, Torre, Villafañe, Seca de Alba o Pedrún de Torío fueron algunas de las localidades que se dejaron ver por la costa gijonesa. En total fueron 34, convencidas todas ellas de la importancia de mantener vivas las tradiciones y las señas de identidad de los distintas culturas. «Hacemos como cuando antiguamente varios pueblos salían con sus estandartes para comprobar si eran amigos. Después, disfrutamos del baile, la romería y, como no podría ser de otra forma, de la comida», sostiene Pepi Gómez, encargada de llevar el estandarte de Gradefes.

En la tela, bordada por ambos lados, se podía apreciar una representación de su monasterio, santo y seña del municipio al ser fundado en 1177, con el escudo asomando por la cara opuesta. El trato que reciben sus abanderados, después de cuatro años asistiendo al desfile de pendones, es inmejorable. «Gijón siempre nos da muy buena acogida. Después de este tiempo viniendo podría decirte que cada año nos da más gusto venir», sostiene la leonesa.

Fabada, codillo y arroz

«Señas, señales, mucho más que lo que su gran vistosidad sugiere a quienes no han tenido la fortuna de conocer su historia y significado; identidad, la de todos los pueblos de una tierra que mantiene, con esas señas, la vigencia de una forma de vida en la que el trabajo, la lucha y la celebración de lo suyo se mantiene viva». Así se define la Asociación de Pendones del Reino de León, uno de los responsables de que cada año acudan con la mayor ilusión cientos de personas de la comunidad vecina.

«Al final tuvimos que elegir a 34 pueblos por sorteo, ya que no había forma de traer a todos los que nos lo habían solicitado», explica Luis Bandera, presidente de la asociación. Asimismo, tuvo palabras de agradecimiento para los responsables del Begoña Park, «también leoneses», y que surtieron a toda la comitiva con una gran comida plagada de productos típicamente asturianos.

La fabada, el codillo y el arroz con leche sirvió para que toda la ruta bajo el sol de San Lorenzo acabase de la mejor manera posible para los 300 leoneses. Nada mejor que la gastronomía para sellar estos lazos de hermandad.