El Comercio

Pinilla y Corripio, en diciembre de 2015, durante la presentación de la candidatura del ahora presidente.
Pinilla y Corripio, en diciembre de 2015, durante la presentación de la candidatura del ahora presidente. / DANIEL MORA

Los tres anteriores presidentes del Grupo afrontaron cerca de diez dimisiones de directivos

  • Dos cesaron más de una vez en distintas directivas mientras dos máximos responsables no llegaron a completar el periodo para el que habían sido elegidos

El dicho de que en España no dimite nadie debe de referirse exclusivamente al abandono de cargos remunerados porque, si no, el Real Grupo de Cultura Covadonga es una destacable excepción, ya que los tres últimos presidentes recibieron cerca de diez dimisiones de directivos cada uno, en algunos casos por motivos muy ajenos a los «personales» a los que en muchos casos se recurre cuando se quiere ocultar la realidad. Los primeros meses de mandato, por otra parte, suelen ser los más críticos, a juzgar por la experiencia de Janel Cuesta y de Enrique Tamargo. Se da el caso de que hay quien dimitió dos veces con distintos presidentes, caso de José Imargues, que presentó la dimisión ante Janel Cuesta y Ángel Cuesta, y de Tasio del Reguero, que abandonó la nave con Ángel Cuesta e inició la lista de bajas de Antonio Corripio.

La mayoría de dimisiones corresponden a vocales, pero tanto Ángel Cuesta como Enrique Tamargo vieron caer a tres de sus vicepresidentes e, incluso, dos presidentes (en este caso no hablamos ya de los tres últimos máximos responsables de la entidad) no llegaron a completar el periodo para el que habían sido elegidos, caso de Enrique Tamargo (todo apunta a que por los reveses judiciales de la última fase de su mandato, y de Manuel Pinilla, padre, por cierto, del protagonista de la tercera y hasta ahora última baja en el equipo de Corripio).

Puestos a elegir, las crisis más graves las sufrieron Janel Cuesta y Enrique Tamargo. El primero de ellos se quedó prácticamente con la mitad de su junta directiva, formada por 21 miembros, nada más iniciar su mandato. La razón: discrepancias. La directiva aprobó la destitución del entonces responsable de la sección de tenis, el ya fallecido Juan Vigón, y Janel Cuesta decidió enmendar dicho acuerdo.

Nueve directivos cogieron la puerta entre acusaciones de falta de democracia, entre ellos Ángel Cuesta, que a la postre relevaría a Janel, y José Imargues, que luego repetiría suerte.

El equipo de Tamargo

Al final de su mandato, Janel Cuesta propició otra dimisión en su equipo, la de Felipe Aller Celemín, porque el presidente supo que su colaborador tenía previsto presentarse a las siguientes elecciones y entendió que no debería hacerlo como directivo. Otra dimisión prácticamente en bloque fue la que afectó a la directiva de Tamargo, supuestamente continuista de la formada por Ángel Cuesta, pero que acabó a la greña con el nuevo presidente, incluso en los tribunales, cuando la absorción del Centro Asturiano dejó de ser su objetivo. José Rivas, José Antonio Mateo, José Enrique Moro, Crisanto Cadenas y Diego del Valle fueron vicepresidentes o cargos importantes, como secretario y tesorero, que presentaron la dimisión.

Corripio va por tres, en siete meses de gestión, pero las explicaciones de los dimisionarios no desvelan discrepancias.