El Comercio

«No hace falta ir a la Luna para innovar»

La directora del Club Asturiano de la Innovación, Patricia García Zapico, Fran Flórez, el responsable de la Escuela Politécnica de Ingeniería, Juan Carlos Campo y Enrique Riesgo, de Asturias Emprende, ayer, al inicio de la conferencia impartida por el pedagogo.
La directora del Club Asturiano de la Innovación, Patricia García Zapico, Fran Flórez, el responsable de la Escuela Politécnica de Ingeniería, Juan Carlos Campo y Enrique Riesgo, de Asturias Emprende, ayer, al inicio de la conferencia impartida por el pedagogo. / AURELIO FLÓREZ
  • El pedagogo Fran Flórez afirma que con «pequeños cambios se puede ser diferencial»

  • «Para detectar un producto innovador, recurro al 'método Finu': ver si es factible, tiene impacto, es novedoso y útil», dice en la Politécnica

Jugando al póquer. Así fue cómo nació el sandwich. El conde que dio nombre al popular bocadillo había sido enviado a Aquisgrán para tomar parte de las negociaciones que permitieran alcanzar un acuerdo de paz y acabar con la Guerra de Sucesión Austríaca. Un día, el noble, que no quería interrumpir la partida de naipes para comer, pidió que le trajeran la carne entre dos rodajas de pan para, así, no mancharse las manos y poder seguir jugando. «Eso es innovación», señaló ayer Fran Flórez, pedagogo y fundador del Red Door Lab, el laboratorio de innovación social con sede en la Universidad Laboral, y que ayer impartió una conferencia a jóvenes emprendedores en la Escuela Politécnica de Ingeniería. «El pan ya existía y el rosbif, también. Lo que hizo fue un cambio en el proceso». Fue uno de los ejemplos que puso para demostrar cómo para innovar no es necesario investigar.

«Y ¿cómo comparar el nivel de vida de los países cuando hay disparidad entre las monedas, unas están devaluadas y otras no? A 'The Economist' se le ocurrió coger como referencia el 'Big Mac' del McDonald's, una hamburguesa con un coste de producción muy similar para conocer así cuántos se pueden comprar. Desde entonces, existe el 'índice Big Mac'», señaló el ponente para poner como relieve que «elementos que nada tienen que ver sirven para hacer una comparativa».

«Un proceso natural»

«No hace falta ir a la Luna para innovar. Se puede hacer con muy poco», dijo recordando cómo un grupo de jóvenes emprendedores han creado una tabla de cortar alimentos en la que han pintado con láser y reglas pequeños cuadrados para que los más perfeccionistas de los fogones puedan cortar los alimentos siempre al mismo tamaño y, en vez de gastarse cinco euros, decidan invertir los treinta euros que cuesta. «Pequeñas modificaciones pueden hacer algo diferencial», dijo a los estudiantes que están participando en el programa 'Evoluciona Campus Gijón', puesto en marcha por el Ayuntamiento, la Asociación Asturias Emprenda, la Universidad, la EPI y la Facultad Jovellanos.

A estos alumnos con ideas de negocio o, simplemente con inquietudes y ganas de cambiar el entorno que les rodea, les aconsejó que «vean la innovación como algo natural y lo interioricen». La primera idea que quiso transmitir es que «lo importante de la innovaciones el resultado final. Solo hay innovación cuando se logra aportar un nuevo valor. Si no, no vale para nada». Dicho esto, subrayó que «la innovación no se produce de forma espontánea, sino que hay que entrenar» y, en ese proceso, «hay que hacerse muchas preguntas».

La primera es «pensar si sois capaces de hacerlo y tenéis recursos para ello, porque si esa idea que tenéis no se convierte en un producto final, no sirve». «En innovación se habla siempre del mínimo producto viable. Si queréis un medio de transporte y tenéis capacidad para un patinete, empezad por un patinete que sea competitivo, diferencial. Luego ya llegaréis al automóvil». La segunda cuestión sobre las que les invitó a reflexionar fue sobre los clientes en un mundo en «el que los consumidores tienen cada vez más poder («son capaces de echar campañas publicitarias abajo») y con mayor inclinación por el producto personalizado», y la tercera, sobre el modelo de venta.

Desde su punto de vista, los alumnos de la EPI tienen 'STEM' para ser emprendedores; esto es, conocimientos en matemáticas, tecnología, ingeniería y ciencia, además de entusiasmo. Flórez es responsable del Centro Maker, un centro de fabricación digital para empresas ubicado en Cristasa, con un modelo público-privado y que permite a pymes y micropymes diseñar desde llaves y palos de golf hasta satélites. Con 280 firmas socias, cree que juega un papel importante en la creación de prototipos. «Hoy en día es fundamental contar con uno en una ronda de financiación. Demuestra que ya está testado».

Defensor del modelo de innovación social, aquel en el que a partir de ideas de genera dinero, señaló que el perfil de los usuarios del centro es el de «personas entre 30 y 50 años, en su inmensa mayoría mujeres, con un punto más emprendedor y, en ingeniería, más discriminadas en el mundo laboral». A modo de conclusión, señaló que su equipo se guía por el 'método Finu' para detectar un producto innovador: si es factible, tiene impacto, es novedoso y útil».