El Comercio

25 años de un «motor de creación»

Pablo Tuya, Daniel García y José Antonio Corrales, junto a un ordenador 'destripado'.
Pablo Tuya, Daniel García y José Antonio Corrales, junto a un ordenador 'destripado'. / A. FLÓREZ
  • La titulación, que se extinguirá en 2017, abrió el camino a otras áreas, favoreció la cantera e impulsó la investigación

  • Ingeniería Informática Superior apura sus últimos días en sus bodas de plata

Fue el «germen» de lo que vino después. Todo un «motor de creación» e impulso de diferentes áreas del conocimiento. La titulación de Ingeniería Informática Superior cumple veinticinco años en Gijón. Cinco lustros en los que ha experimentado una constante transformación y que llegarán a su punto final el año que viene, cuando la titulación se extinga y, en virtud del Plan Bolonia, solo quede ya en la Escuela Politécnica de Ingeniería (EPI) de Gijón el máster de esta especialidad, que también da acceso a la profesión de ingeniero en Informática y a un posterior doctorado.

José Antonio Corrales, Pablo Tuya y Daniel García fueron tres de los profesores que dieron clase en aquella primera promoción, la que estrenaba una titulación que se conformaba como tal el 12 de octubre de 1991. A día de hoy siguen vinculados a la Universidad y destacan la importancia que tuvo esa ingeniería, sobre todo por lo que vino después. «Al convertirse en una escuela de ingenieros industriales e informáticos, se le añadió la TI, las tecnologías de la información», explica Daniel García, catedrático de Arquitectura de Tecnologías y Computadores. Y, apuntan los tres, eso pudo ser el «germen» que permitió introducir más tarde Telecomunicaciones. «Fue algo muy importante, a las tecnologías de la Información se sumarían después las de Comunicaciones», destaca García.

Había, recuerdan, demanda de esta titulación superior (cuarto y quinto). Tanto de los alumnos, que «ya no tuvieron que emigrar», como de las empresas. «Se favoreció la investigación y la creación de cantera», incide Pablo Tuya, catedrático de Lenguaje y Sistemas Informáticos.

Y todo a pesar de que, como cualquier comienzo, los inicios fueron duros. «La precariedad era absoluta, hacíamos las prácticas con cuatro PCs», recuerda José Antonio Corrales, profesor titular de Lenguaje y Sistemas Informáticos. Pero con mucha voluntad -«tenía que recorrer 700 kilómetros en coche para acceder y fotocopiar después revistas con artículos de informática», relata Tuya- se fueron poniendo las bases.

De aquella primera promoción salieron cuarenta titulados. En total, en estos 25 años han obtenido el título superior de Ingeniero en Informática 1.011 estudiantes. Entre ellos, José María Álvarez, quien ahora es el jefe del servicio de Sistemas de Información en el Ayuntamiento de Gijón, y María América González, que trabaja en una compañía multinacional, en Madrid, dedicada a los servicios de tecnología de la información y de las comunicaciones para grandes corporaciones. Los cinco coinciden en la velocidad con la que se han ido sucediendo los cambios en este sector. «He tenido el privilegio de asistir a una verdadera revolución», destaca José María Álvarez.

De la electricidad a los bits

«La demanda era de tuercas, luego de electricidad y ahora de tecnologías de la información», resalta Corrales. Y estas palabras definen en cierto modo la trayectoria vital del que fuera su alumno. «Convencí a mi madre para que me dejara estudiar FP y allí descubrí la electricidad, que me apasionó. Y ya en tercero, con las clases a punto de terminar, llevé un televisor viejo, pequeño, a clase para que un profesor le conectara un aparato muy raro: era un ordenador», recuerda Álvarez. Aquello cambió su vida. Y tras adentrarse en los caminos de la programación decidió «cambiar la electricidad por los bits».

Atrás, y a los más jóvenes incluso les parecerá ciencia-ficción, quedan aquellas «cajas de plástico donde se guardaban los disquetes. Los ordenadores no tenían disco duro y se iba de un lado para otro con cajas llenas de disquetes con los programas que se usaban y que se copiaban de unos a otros», explica Álvarez. También, como cuenta María América, había que tener en cuenta que las operadoras facturaban internet con discriminación horaria. «En casa llevábamos el control de cuándo nos conectábamos y del tiempo empleado. El importe era de 100 pesetas por hora en hora punta y de 75 pesetas en la hora valle. En un día de consumo pequeño podíamos gastar más que actualmente en un mes de tarifa plana», detalla.

Aprender a aprender

«Aprender a aprender es lo que tenéis que hacer. A los alumnos les decía esto ya que en este tipo de carreras no se les prepara para tanto cambio. Les comentaba que cuando acabaran la carrera lo que aprendieran no les iba a servir porque esas herramientas se habrían quedado viejas. Les digo que tienen que tener la mente abierta», añade José Antonio Corrales sobre cómo abordar esta constante transformación a la hora de formar a los estudiantes.

Y María América González ejemplifica esa formación continua, ese mirar a lo que nos rodea con los ojos muy abiertos. «Siempre quise estudiar una carrera técnica y esta de Ingeniera Informática suponía una disciplina nueva sin explorar y hasta un poco desafiante», indica. Cursó la carrera de grado medio y como proyecto de fin de carrera hizo un estudio sobre la fibra óptica, un material del que entonces, en 1985, no se sabía casi nada. Después empezó a trabajar y seis años después, involucrada en un gran proyecto laboral, un antiguo profesor le dijo que iba a comenzar la carrera superior en Gijón.

«No lo dudé ni un minuto», destaca al tiempo que recuerda que «sentía la necesidad de aprender más». Desde entonces no ha parado de mantener actualizados sus conocimientos con cursos, congresos y hasta un máster. De sus palabras solo sale una queja: «Sin duda los techos de cristal para las mujeres son auténticos». Desde su punto de vista, el avance profesional de las mujeres tras los estudios «no se produce de manera paralela al de los hombres». Un camino aún por transitar en un sector que, en lo que se refiere a sus contenidos, no tiene ni un segundo de descanso.

«Solo nosotros -dicen los tres profesores- hemos pasado de los ordenadores para las grandes corporaciones a los PCs y después a los dispositivos móviles». Y todavía queda mucho por recorrer. «Habrá catorce mil chismes más con ordenadores diminutos, hasta en las gafas», asegura Corrales. «Y todo en todos los sitios y conectado entre sí», añade García, que cree que el término «ubicuidad» es el que mejor define lo que nos aguarda. «Habrá cámaras de visión hasta en la ducha que nos dirán si estamos engordando o no y por qué sitio», sostiene Corrales al tiempo que ambos puntualizan que todos estos aparatos «estarán interactuando con la 'nube'». En definitiva, lo que está a la vuelta de la esquina es «un mundo de sensores conectados por internet y dejando los datos en las 'clouds'.

Ahora ya no quedan alumnos correspondientes a esta titulación que marcó un antes y un después en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería en Gijón. Solo los que están pendientes de presentar el proyecto de fin de carrera: «Les queda hasta antes del verano de 2017».