El Comercio

Rehabilitación a cuatro manos

  • Amigos leoneses de juventud, llegaron juntos a Cabueñes en los 70. La jubilación como fisioterapeutas les llega también en tándem

Llevan casi toda una vida caminando juntos. Primero la amistad en los pueblos leoneses de Cistierna y Cremenes, y luego la profesión ya en Asturias, hizo de los fisioterapeutas de Cabueñes Jesús Barrio (León, 1951) y Ramón Egido Romo (Córdoba, 1952), un tándem inseparable. Un tándem que arrancó en la adolescencia y que les llevó a apuntarse juntos en Enfermería en León y más tarde en la especialidad de Fisioterapia (entonces era una rama superior de formación para quienes concluían los estudios de ATS). El mismo dueto les traería luego a Oviedo, a trabajar en servicios de rehabilitación de la Seguridad Social. Jesús Barrio, ya casado con Ángela, lo haría en la antigua Residencia Covadonga (en el viejo HUCA) y Ramón Egido en el otro centro hospitalario, el de la Diputación, el antiguo Hospital General. En noviembre de 1977, Jesús Barrio abandonó la capital del Principado y se vino al Hospital de Cabueñes, que ese año inauguraba su servicio de fisioterapia. Ramón hizo lo propio unos meses más tarde, en mayo del 78.

Pero el dúo se romperá ahora en noviembre. Al menos, en lo profesional, porque la amistad «seguirá siempre», relatan al unísono. Y es que Jesús y Ramón, que llegaron a Cabueñes casi a la vez en unos años en los que ser 'fisio' «era algo raro, ¿eres fisio qué...?, nos preguntaban», marcharán también a la vez. Jesús Barrio, coordinador de Fisioterapia del Hospital de Cabueñes, cumplirá 65 el próximo 18 de diciembre. El 4 de noviembre, el próximo viernes, será su último día en el hospital gijonés tras cuatro décadas de trabajo. Ramón Egido, que no entra en edad de jubilarse hasta el 27 de marzo de 2017, ha decidido irse anticipadamente. A mediados de noviembre también causará baja del equipo de fisios de Cabueñes, que perderá a «uno de los mejores duetos», señalan sus compañeros. «Se jubila antes porque me tiene envidia», dice entre risas 'el amigo más senior'.

Encantados con la profesión

Las coincidencias de estos dos especialistas, que no paran de lanzarse mutuamente chascarrillos cariñosos durante la charla con EL COMERCIO, son muchas y diversas. Ambos provienen de una familia numerosa (en la de Ramón son ocho hermanos y en la de Jesús, siete) y sus padres fueron médicos rurales. De ahí puede que les venga el gusanillo sanitario, aunque Ramón hizo sus primeros 'pinitos' académicos en Agricultura, estudios que dejó para pasarse a los de Enfermería por consejo del padre de su amigo, que intuía que aquello no era lo suyo. Jesús Barrio confiesa que a él también le hubiese gustado seguir los pasos paternos y convertirse en facultativo, pero el fallecimiento de su madre cuando él era adolescente le llevó a elegir unos estudios «no tan largos. No quería convertirme en una carga para mi padre y mis hermanos; éramos muchos».

Pero no se arrepiente. «Me encanta esta profesión», de la que confiesa «me dio y me da muchas alegrías». Profesor en la Escuela de Enfermería de Gijón (ahora facultad) en los últimos dieciocho años, Jesús recuerda sus inicios en Cabueñes. «Cuando llegué solo había dos consultas privadas de fisioterapia en la ciudad». En el hospital «nos dedicábamos a ver a pacientes ingresados porque no teníamos casi enfermos citados», relata. Ahora por la unidad de rehabilitación del hospital gijonés pasan a diario «unas cuatrocientas personas. La carga asistencial es tremenda».

«Somos como psicólogos»

De los inicios, su colega, Ramón Egido, rememora las muchas limitaciones con las que se encontraban. «Eran años en los que apenas se ponían prótesis de cadera. Incluso las de rodilla y de hombro, por ejemplo, ni existían. Ahora hay de casi todo». La profesión, afirman ambos, «cambió muchísimo, al igual que las patologías» que ahora se pueden tratar mediante tratamientos fisioterapéuticos. Dejar casi cuarenta años de profesión «da vértigo», coinciden los dos, pero «me he divertido mucho y he venido siempre con muchas ganas a trabajar, a pesar de los madrugones», señala Egido, que confía en invertir el tiempo libre que le deja la jubilación «en mis dos nietinas, Carlota y Lola», y su mujer, Elena, enfermera en Venta las Ranas.

La otra parte del tándem, Jesús, no dejará del todo la profesión, ya que seguirá con la consulta privada que tiene por la tarde. «Un fisioterapeuta es casi como un psicólogo al que le confiesas qué le pasa a tu cuerpo. Tenemos un contacto muy directo con los pacientes, muchos de los cuales, con el paso del tiempo, se han convertido en mis grandes amigos. ¿Cómo voy a dejar esto?».