El Comercio

Sesenta años reposan en madera

Los maestros toneleros colocan el aro metálico que actúa de unión entre los listones de madera.
Los maestros toneleros colocan el aro metálico que actúa de unión entre los listones de madera. / PURIFICACIÓN CITOULA
  • La producción de manzana, según indican desde la firma, «supone solo un 25% respecto a la anterior campaña»

  • El llagar de Trabanco, en Lavandera, repara sus veteranos toneles artesanalmente

Hay ciertos oficios que resisten el peso de la tecnología y del tiempo con un esfuerzo encomiable. Tareas que, pese a la creación de máquinas cada vez más sofisticadas, solo pueden ser ejecutadas por la precisión y destreza de unas manos bien entrenadas. Aquí, en Asturias, el mimo que se dedica al trato de la manzana es uno de los pocos que luchan por sobrevivir a esta modernización de la industria. No en vano, el término 'natural' que la sidra de la región lleva consigo genera un compromiso entre los productores que entienden que para confeccionar un buen caldo hay que ser consecuente con las raíces.

En estas fechas, la recolección de la manzana está en su apogeo, haciendo que los llagares de toda la región se llenen con la producción del año. Sin embargo, el momento crítico será cuando el néctar de la manzana se eche a dormir en los toneles, unos grandes recipientes de más de 20.000 litros de capacidad que transforman la materia prima en el producto final. Este letargo se alarga de cuatro a seis meses, dependiendo de la prisa del llagarero y de la demanda que tenga que satisfacer.

El llagar de Trabanco, en Lavandera, es uno de esos ejemplos de amor por las costumbres. Como otros productores de la región, a la hora de seleccionar los toneles no hay duda. En madera sabe mejor. «La última vez que los renovamos fue hace casi 20 años y, como es lógico, las herramientas se deterioran», explica Samuel Trabanco, responsable de la firma familiar. Estos toneles de castaño conforman una plantilla de ocho veteranos 'trabajadores' que acumulan 60 años de servicio a la casa. «Cualquiera los habría tirado después de este tiempo, pero hemos decidido mantenerlos y arreglarlos», explica.

Para esta tarea es preciso contar con maestros toneleros, representantes de uno de esos oficios que no conocen el paso del tiempo. Manualmente se encargan de aflojar los hierros para sustituir cada tabla del armazón sin que se resienta la estructura. Todo ello de forma artesana, tratando de fijar bien los aros de hierro para que les dueles -los listones que unen las dos caras del tonel- soporten tantos kilos de sidra almacenados en el interior. «Hoy en día se tiende a utilizar otros materiales como acero inoxidable o fibra de vidrio, pero la fermentación en madera deja una sidra más lenta, más tranquila», sostiene Trabanco. Este trabajo, que se alarga durante más de un mes, hace que los toneles de hasta 38.000 litros puedan aguantar más de 10 años de actividad.

Excedente del año pasado

Estos ocho toneles que están siendo reparados desde hace más de un mes acogerán la cosecha propia del llagar, que conformará la línea más selecta de sus sidras naturales. Sin embargo, la cosecha de este año se antoja sustancialmente más escasa que la del pasado, «la mayor que conocí en toda mi vida», apunta Trabanco. En esta ocasión, la producción en toda Asturias «se va a quedar muy corta, suponiendo solo un 25% respecto a lo que se hizo en 2015». Sin embargo, esta escasez no parece preocupar al productor: «No hay que alarmarse, la cuestión es que hay excelente sidra del año pasado».