El Comercio

«Lo que quiere la Iglesia es negociar con las cenizas»

Mariali Menéndez, José Rivero y la perrita Noah, en Deva.
Mariali Menéndez, José Rivero y la perrita Noah, en Deva. / P. UCHA
  • «Ya es duro enfrentarse a la muerte de un familiar, más si es una hija, como para que te digan lo que tienes que hacer con sus restos mortales»

  • La última prohibición del Vaticano, recibida con críticas

«Ya es durísimo enfrentarse a la muerte de un familiar, más aún si se trata de una hija, como para que te digan lo que tienes que hacer con sus restos mortales; es una intromisión total en la privacidad de las personas». El sentir de Mariali Menéndez y José Rivero resume el parecer de los muchos usuarios del bosque de las cenizas del cementerio de Deva tras conocer que la Iglesia prohíbe a partir de esta semana esparcir las cenizas de los difuntos o tenerlas en casa.

Se refieren a la aprobación por parte del Vaticano de un artículo de la instrucción Ad resurgendum cum Christo, que señala expresamente que «no se permite la dispersión de las cenizas en el aire, la tierra o en el agua o en cualquier otra forma, o la conversión de las cenizas en recuerdos conmemorativos, en piezas de joyería o en otros artículos». Y no solo eso: «En el caso de que el difunto hubiera dispuesto la cremación y la dispersión de sus cenizas en la naturaleza por razones contrarias a la fe cristiana, se le ha de negar el funeral», abunda.

«La decisión parece que responde más a una forma de la Iglesia de hacer negocio que a otros aspectos», considera José Rivero, que hace seis años se enfrentó a la tragedia de ver morir a una hija, Andrea, con tan solo 21 años. «Celebramos un funeral por la Iglesia y fue incinerada. En un primer momento yo quería dejar la urna con sus cenizas en casa, pero mi familia me lo desaconsejó, así que decidimos traerla aquí y plantar un roble en su memoria. El árbol representa algo vivo», recuerda Mariali, quien, como su marido, cree que «cada uno debería ser libre de decidir algo tan personal y delicado, la Iglesia no se debería de meter ahí, ya es durísimo de por sí como para limitar la decisión que te pueda hacer llevar mejor el dolor dentro de lo posible».

Ayer el matrimonio depositó flores en el bosque de las cenizas del cementerio de Deva junto a Noah, la perrita de su hija. «Lo hacemos siempre, no ahora porque sean los difuntos», explican. Igual que ellos se pronuncia Luis Miguel González, quien ayer acudió a ponerle flores a su suegro junto a otros familiares. «Cada uno es libre de hacer lo que quiera, lo diga o no la Iglesia. Si realmente vas a morir e ir al sitio que dice el catolicismo, no va a ser únicamente por un solo camino», señala. La opinión era generalizada en un espacio del camposanto dedicado exclusivamente a las cenizas.